Biografías

Publicidad

Bienvenido a La Off-Off-Crítica.
Biografía de Malabesta

Malabesta

La llamada del cine le aparece a una tierna edad, pues ya los periódicos locales le sitúan a los siete años en los cines Gran Vía, mendigando en la puerta. Tras una turbia infancia arrabalera, a los trece atraca un estanco en Vallecas guiado por las malas compañías. Con el dinero del botín compra su primera cámara Super8, y acto seguido es detenido. Al salir del correccional rueda su primer corto, el ahora legendario "Qué hice en mis vacaciones de verano". La crítica es unánime en aclamarlo como el nuevo cineasta del milenio, y la película es prohibida al día siguiente. "El pueblo nunca ha entendido mi denuncia de la pobreza fruto de la sociedad capitalista a través de la pornografía más explícita", declara el autor. La obra nunca llega a la gran pantalla. Sólo se estrena en Dugali, donde es un éxito entre los cuentacuentos tribales.

Tras ese inicio rompedor, da el salto a los largometrajes. Autofinanciado, y siempre reinventándose, se aleja de las convenciones del género. Inicia un ambicioso proyecto, en el que pretende trasladar a la pantalla "Los hermanos Karamazov", pero ambientados en "Galerías Preciados", con el fin de denunciar la decadencia del sistema capitalista y el embrutecimiento humano que provocan las rebajas. La total negativa de la empresa comercial a prestar su nombre y la de los actores a trabajar gratis supuso un problema para el autor. En unas declaraciones para "Cahiers du Cinema", que posteriormente se convertirían en inspiración para Von Trier, dice: "Los actores y los escenarios coartan la libertad del auteur; el verdadero medio de expresión del cineasta moderno es el guión". El rodaje sufrió otro duro revés cuando los herederos de Dostoiewsky interpusieron numerosas denuncias respecto a la total negativa del autor a pagar el copyright (el director fue un preclaro precursor del copyleft), que él consideraba una "felonía capitalista pequeñoburguesa", como muestran las transcripciones del proceso judicial. Tras el fallo del juez a favor de los herederos, y con severas limitaciones presupuestarias, el proyecto sigue adelante. Optimista, en una entrevista concedida a "Blanco y negro", el autor declara que "El guión constriñe demasiado la actividad natural y creadora que debe ser el rodaje; el verdadero cineasta moderno se expresa a través del proceso de montaje".

Cuatro años después, gran parte del material rodado se pierde en un misterioso incendio en la casa/taller del autor, situada en un garaje de autobuses del extrarradio. Oprimido por las deudas y la extenuación propia de un rodaje con tantas dificultades (en el que posteriormente Coppola se inspiraría para rodar numerosas escenas de "Apocalypse now"), el autor termina su primera película. La crítica calla, asombrada. En su versión definitiva, unos impresionantes créditos sobre un plano aéreo de la ciudad de Madrid en el que la cámara desciende vertiginosamente hasta la puerta de unos grandes almacenes (Peter Jackson afirmaría años después que los minutos iniciales de la segunda película de la trilogía de "El Señor de los Anillos" son un homenaje a ésta), dan paso a hora y media de un primer plano de un gato lamiendo un chicle en el suelo del Paseo de la Castellana, con una tensión creciente que alcanza el clímax en la última media hora, en la que la imagen real es sustituida por dibujos hechos sobre servilletas de papel. El sonoro éxito entre la crítica es acompañado de un ruidoso fracaso comercial. El autor se queja de que a pesar de ser una obra al alcance de todos, el público general no ha sabido entender "Anagnórisis comercial". Probablemente, declara el autor, debido al efecto alienante del cine americano.

Tras una larga crisis creativa, la esperanza renace en los noventa a través de la televisión, en la que se le encarga la realización de un proyecto de trece capítulos sobre la vida de Ortega y Gasset. El cambio de gobierno y ligeras diferencias creativas con la cadena estatal, que no estaba dispuesta a que el protagonista de la serie fuese el Che, defenestran el proyecto.

Este último varapalo supone la retirada para el gran artista; su clara visión creativa, que frecuentemente entra en conflicto con la de sus colaboradores, su clara vocación de polemista, sus claros fracasos comerciales y su negativa filosófica a dar el salto a las multimillonarias producciones hollywoodienses limitan mucho su campo de trabajo, por lo que se pasa a la docencia y la crítica, campos ambos en los que emprende, con renovadas energías, su eterna revolución por despertar las conciencias grandeburguesas, burguesas y pequeñoburguesas, puesto que según sus inmortales palabras: "Allá donde haya un pueblo que sufre la agonía de la opresión y el subdesarrollo, habrá un libertador dispuesto a rodarlo".