Publicidad

Título: Annie Hall
Autor: sensillo
Fecha: 20/11/2004

Annie Hall

Consulta de sensillo

Alvy Singer se interesa por "Annie Hall"

Hay quien dice de Woody Allen que es un genio. Desde la perspectiva que da ver el conjunto de su obra ahora que se halla en una etapa más madura, esa afirmación parece bastante exagerada. En sus últimos trabajos se nota algo de fatiga, y en general ha perdido la frescura de sus inicios. Pero aún sin ser un genio, no alcanzaré la gloria de la crítica cinematográfica descubriendo que se trata de un autor muy ingenioso de quien se espera que aún nos regale más momentos brillantes. Esto es bastante obvio incluso para quienes no se consideren muy forofos del autor de “El dormilón”.

También se dice que es un autor más europeo que americano, pero esto nunca lo he llegado a comprender. Si bien es cierto que tiene aquí más reconocimiento que en su país de origen, no me lo consigo imaginar, por ejemplo, dentro de “Los Serrano”, y sí en cambio dentro de uno de esos programas de monólogos de humoristas que tan mal sabemos copiar por estos pagos. Creo que esto no deja de ser una de esas afirmaciones tontas que, por alguna razón, tienen bastante fortuna. Woody Allen ha sabido crear, riéndose de sí mismo, un personaje que ya es un icono fuera del mundo del cine, capaz de vender equipos de aire acondicionado. El cine europeo, y lo reconozco con tristeza, es incapaz de vender siquiera unas chanclas. Algo tendrán que ver, supongo, las colosales operaciones publicitarias a que nos tiene acostumbrados, si es que hacemos caso de nuestros actores.

Está muy extendida la idea de que todas las películas de Woody Allen son iguales. Esto es cierto sólo en parte: unas películas son mucho más graciosas que otras. “Annie Hall” pertenece al grupo de las películas divertidas. Aquí encontramos todo lo que se espera de sus películas que dirige, escribe, protagoniza y lo que haga falta. Lo fundamental en “Annie Hall” es el guión, y más concretamente, sus diálogos. Sorprendentemente, en las películas de Allen se aprecia más su afición por la literatura o incluso por la música que por el cine, y sus historias en casi todos los casos bien podrían haber encontrado acomodo en otros formatos como la radio o el papel sin que por ello perdieran nada. Ello no quiere decir que el trabajo de dirección sea malo, porque no lo es. Son películas muy sencillas en su aspecto visual, hechas con corrección y sin ninguna pretensión de sorprender al espectador en este sentido. De vez en cuando es de agradecer, sobre todo con tantos directores empeñados en marear al espectador con extrañas ocurrencias, y en este caso está claro que además no se pretende distraer la atención de los diálogos.

El guión sí muestra detalles más atrevidos, como locuciones dirigidas directamente al espectador y otras cuchufletas con las que se busca la complicidad y cercanía del espectador. Sale bien parado en los momentos más audaces, y algunos de ellos se cuentan entre lo más gracioso de la película. Al margen de sus buenos momentos, la historia de encuentros y desencuentros, tan cercana a casi todo el mundo, también funciona correctamente en su conjunto, es más sólida que otras de sus obras más gamberras que, no obstante, sus buenos momentos también nos hicieron pasar.

Que el título de la película no engañe a nadie. El protagonista absoluto de la película no es Annie Hall sino, por supuesto, el personaje que encarna Woody Allen y que en esta ocasión recibe el nombre de Alvy Singer aunque ya lo hayamos visto con muchos nombres distintos en tantas otras películas de Allen. Alvy Singer es humorista, judío, izquierdista y de Nueva York, no sé si por este orden, pero en cualquier caso a nadie cogerá por sorpresa. La película arranca con el protagonista, en el papel de narrador, exponiendo sus problemas con las mujeres, y termina de la misma forma, confesando sus conclusiones. Entretanto salta constantemente de la primera a la tercera persona, y permitiendo además que la imaginación del narrador deforme la historia, de manera parecida a lo que hacían muchos años después en la teleserie Ally McBeal con tanto éxito. Todo esto muy en plan colegueo, tuteando a un público que sabe que es fiel y bastante cercano. Se lo puede permitir y, además, sale airoso de ello.

No faltan tampoco divertidas pullas contra la pedantería pseudointelectual, el victimismo judío, el ambiente artístico americano y cualquiera que pase por alli, en general. Algunos temas de los que se ríe, como la ola mística que azotó los años 70, así como toda la estética del filme pueden parecer ahora un poco caducas, pero son pequeños detalles en una película que ha sabido envejecer francamente bien.

El resto de personajes son prácticamente accidentales, incluyendo el de Annie Hall, cuya misión en la película es idealizar el amor de Alvy, pero con quien nunca estará bien debido a sus propios y continuados sabotajes. Hay otro personaje, el amigo de Alvy, que es fuerte y decidido, y representa lo opuesto a él. Esta oposición de caracteres se sublima en la película en Nueva York y California: NY es una ciudad moribunda mientras que California es vital y un punto infantil. Alvy Singer es, por supuesto, de nueva York, su amigo es de California y Annie Hall también termina siendo de California. El resto de personajes no pasan apenas de meros figurantes. Con muy pocos elementos es posible hacer una gran película, si se entiende de ello.