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Título: Sin City
Autor: malabesta
Fecha: 13/08/2005

Sin City

Consulta de malabesta

Daniel G. dice "...con respecto a la crítica de la película Sin City, quizás sea porque me gustan mucho los comics y he visto demasiados intentos fallidos de adaptación de los mismos a las pantallas (sobre todo de Batman), no se si habréis leído muchos u os gustarán poco, lo que si se es que todos los comics tienen una voz en off en cada viñeta, cada uno le da forma en su cabeza, y es lo que ocurre en esta película continuamente, con lo cual mi pregunta es si vuestra crítica es objetiva, creo que si realmente os gustaran los comics vuestra opinión no sería la misma..."

Amigo Daniel; sí hemos leído los comics, y sí que nos gustan. Al igual que nos gustan los libros, las obras de teatro y la papiroflexia. Lo que pasa es que cada medio de expresión tiene sus reglas y recursos, y lo que funciona en uno en los otros puede patinar.

Así, mientras en una novela, por ejemplo, el hecho de que haya un narrador omnipresente no hace ni mejor ni peor el libro, en una película esto no suele producirse a menos que le toque a uno el típico espectador "comentarista", y lo único que produce son ganas de arrearle un zapatazo. En principio, al tener el cine muchos más canales de comunicación que un libro o un cómic (vista, oído, y en salas cercanas a gimnasios, olfato) lo que en ellos resulta necesario, en una película resulta a veces tremendamente redundante y cansino.

Esto es lo que le pasa a "Sin City"; en su afán de reproducir fielmente la obra original se olvida de que es una película, y acoge ciertos rasgos del cómic que no ayudan demasiado. Por un lado tenemos la susodicha voz en off; francamente, la película se mueve a veinticuatro viñetas por segundo, por lo que no hace mucha falta oír a Bruce Willis diciendo "Mi compañero, le voy a pegar. Le estoy pegando. Le ha pegado.", "La niña está a mi lado, y la policía está cerca, ya oigo las sirenas; me pregunto si habré apagado el gas". Todas estas cosas son evidentes para el espectador que preste un mínimo de atención.

Otro de los problemas que hereda "Sin City" es el gusto visual de Frank Miller que, mientras que en el cómic resulta inmejorable, en una película no lo es tanto. Es tal el sobrecargo visual de la película que la atención del espectador se va muchas veces de la acción, de la actuación o de los pajaritos, y recae sobre los omnipresentes efectos visuales. Mientras que un cómic, que uno lee cómodamente en su casa, presenta la posibilidad de volver hacia atrás en el caso de que la belleza visual de Hartigan arrancándole la "otra pistola" al Cobarde Bastardo le haga perder a uno el hilo de la historia, al ver la película uno no dispone de estas ventajas, a menos, claro está que sea muy amigo del proyeccionista, o que se la vea en esa cadena de cines cada vez más omnipresente y con más estrenos que es el Yelmo CineDivx.