Ficha

País

USA, Hungría, UK, Holanda, Alemania

Año

2003

Título original

Underworld

Duración

121min

Dirección

Len Wiseman

Guión

Danny McBride

Reparto

Kate Beckinsale, Scott Speedman, Michael Sheen, Shane Brolly

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Crítica de Underworld
Autor: sensillo
Fecha: 19/10/2003.
Póster Underworld

Underworld

Digerido por sensillo

Tradicionalmente, en este país, el ahorrador cauteloso que quiere evitarse sustos invierte el dinero del calcetín en el seguro ladrillo. Después de ver Underworld podemos asegurar que es ésta una filosofía corriente entre los productores de Hollywood.

Antaño, cuando querían hacer hacer un negocio de este tipo, andando sobre seguro, hacían una secuela de una película de éxito. Con el paso del tiempo, han perfeccionado sus habilidades culinarias de cine recalentado hasta tal punto que no necesitan ya una primera parte para ofrecer un refrito con gusto a secuela. El truco consiste en tomar con desvergüenza de aquí y de allá elementos de otras películas que rompieron taquilla. Una buena campaña de publicidad hace el resto. Por lo que se ve, funciona.

Por faltar, no falta ni la ineludible demanda por plagio, en este caso, formulada por la editorial del juego de rol superventas Vampiro, la Mascarada. En realidad, la película toma sólo lo suficiente como para atraer a los incondicionales del juego, que son legión, pero evita sin embargo que le prendan fuego a los cines por haber cambiado un punto o una coma del original. En mi opinión no letrada, la película no plagia el juego de rol, aunque sí se aprovecha de su popularidad. Es un insólito ejercicio de simulación de plagio.

A quienes no son aficionados a los juegos de rol, lo que se le promete es simplemente una película de acción con vampiros -porque son muy cool-, hombres lobo –que en forma de bestias tienen que ser un espectáculo en sí mismos- y sobre todo peleas y tiroteos a raudales rizando el rizo para ofrecer lo nunca visto. Todo mentira cochina.

Los vampiros protagonistas visten los frutos del saqueo del guardarropa de matrix. Son pálidos, no aguantan la luz del sol y después de dar saltos sobrehumanos adoptan pose de cómic. Viven en una mansión muy hortera rodeados de otros vampiros también muy pálidos que visten estilo rococó, pero de baratillo, como si esa ropa la hubieran comprado en una juguetería para carnavales. En esto consiste, a grandes rasgos, el vampirismo en Underworld.

Los licántropos son unos tipos greñudos, la mayoría con pinta de indigentes, que cuando se cabrean son sustituidos por un dibujo animado por ordenador, aunque la gente a su alrededor finge que son reales. Tienen mucha fuerza y curan sus heridas muy rápido. Gritan mucho y también saltan. Y eso es todo.

En definitiva, la película trata sobre una guerra entre vampiros y hombres lobo, pero para el caso, bien pudiera haber sido de gordos contra bigotudos con idénticos resultados.

En cuanto a las escenas de acción, supuesto plato fuerte del film, vemos que apuestan por el estilo del trilero. Muchas imágenes y muy rápidas, rodadas a la luz de un tubo fluorescente viejo que empieza a fallar. El espectador tiene que adivinar quién persigue a quien, si es que tiene algún interés por ello. De lo que dejan entrever, todo muy rutinario, muy aburrido, muy visto. Bueno, piensa uno con benevolencia, estarán reservando todo para la típica gran traca pirotécnica del final. Efectivamente, el petardo mas gordo llega en el enfrentamiento final, donde sale el licántropo peor caracterizado de todos – a mí me recordaba al increíble Hulk de la serie de televisión de los 70- enfrentándose en combate singular con el jefe de los vampiros. Todos hemos podido ver peleas mejor coreografiadas en las viejas películas de Terence Hill y Bud Spencer.

Todos estos fallos serían perdonables en otro tipo de película, pero en este caso son estas cosas precisamente las que intentan vender.

La historia que usan como excusa para presentar este desatino es, como se podía esperar, bastante flojilla. Entre muchos otros vicios del cine de vampiros actual, se apunta a la moda de dar una explicación “científica” a lo sobrenatural. En este caso, se trata de un virus que suena igual de ridículo que el bichito de la colza o los hilillos de plastilina. Tampoco faltan los absurdos gadgets mata-vampiros o mata-licántropos de rigor, aunque sean tan innecesarios para la historia que luego ni se utilicen.

El motor que supuestamente empuja la historia se alimenta del amor imposible entre la pareja protagonista, pero que no convence en ningún momento por la ausencia total de química entre ellos. Esto no es sólo producto de un torpe guión, sino que además los actores no ponen nada de su parte. Probablemente en la vida real se tengan mucho asco o sean hermanos, pensé. Por todo esto y por mucho más, la narración no discurre de una manera natural, y los personajes se ven empujados de una escena a otra más por imperativo del guión que porque quieran. Tiene algún giro argumental justo donde todos esperamos que lo tenga y concluye con el habitual final abierto que debemos interpretar como la terrible amenaza de una segunda parte aún peor.

Recomendada a todos aquellos masoquistas que gusten de ser castigados por una vampiresa ceñida en cuero negro. Pero que sean muy masoquistas, no digan luego que no les advertí. Puntuacion