Ficha

País

USA

Año

1946

Título original

It's a wonderful life

Duración

129min

Dirección

Frank Capra

Guión

Frances Goodrich, Albert Hackett, Frank Capra

Reparto

James Stewart, Donna Reed, Lionel Barrymore, Thomas Mitchell, Henry Travers

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Crítica de ¡Qué bello es vivir!
Autor: bronte
Fecha: 28/10/2003.
Póster ¡Qué bello es vivir!

¡Qué bello es vivir!

Digerido por bronte

No importa el número de veces que uno o una vea "¡Qué bello es vivir!". Es imposible acabar esos 129 minutos sin soltar alguna que otra lágrima. Nadie puede permanecer impasible ante la historia de George Bailey, uno de los héroes más conmovedores de la historia del cine. La película compila todos los valores que se supone representa la Navidad: la amistad, el amor, la generosidad, la solidaridad... Pero no sólo eso. También contiene los valores básicos que sostienen a USA como nación. Pero no hablamos de los dirigentes ¡ojo!, hablamos de esa "gente corriente" para que la Frank Capra quería hacer y hacía sus películas. Poseedor de una biografía dura, con inicios en la "Little Sicily" de Los Ángeles, este director siempre orientó su filmografía a retratar esa otra América. La de los hombres y mujeres que luchan día a día en un sistema dominado por los poderes económicos, manteniendo con su esfuerzo el auténtico "sueño americano."

Los valores cristianos referidos en la película (no olvidemos que Capra era fervorosamente religioso) van más allá de los evidentes, apareciendo como fundamental el de la concepción de la vida como un don divino al que no se debe renunciar. El título en español refuerza ese matiz católico, ya que si bien en inglés la película se llamó "Es una vida maravillosa", en español se enfatiza en la acción de vivir. El don de vivir es supremo, porque es un regalo divino, por encima de lo maravillosa o no, que sea la vida (según la doctrina cristiana). Asimismo está presente en la película la muy protestante filosofía del individualismo. Y es que la idea fundamental de "Qué bello es vivir" no es otra que la importancia del individuo como ente aislado, para el beneficio de su comunidad. Base ideológica del capitalismo y en mayor o menor medida de todos los países de raíces cristianas.

El ángel de segunda clase Clarence, demostrará a George Bailey, como la vida de una única persona, por muy insignificante que crea ser, puede cambiar el destino del mundo. O si no del mundo entero, de su entorno al menos, ideas presentes en teorías como "el efecto mariposa" y en filosofías orientales. La película, lejos de ser una acaramelada narración sobre la bondad del mundo, nos presenta la historia de un héroe anónimo y la progresión de su sacrificio por todos los seres que le rodean. No es que haga nada importantísimo ni desgarrador en ningún momento, (aunque resulte catastrófico para él y para sus planes de vida). Todos conocemos muchas personas como una vida similar a la de George Bailey. Personas que renuncian a sus sueños por cumplir con su deber. Estos individuos nunca llegan a aparecer en los libros de texto, pero todos estamos en deuda con ellos.

Planea sobre toda la película un hado incontrolable que hace que nuestro protagonista tenga que renunciar una y otra vez a ir a recorrer mundo, abandonando cada una de sus metas para quedarse atrapado en Bedford Falls para siempre. Y cuando el destino se vuelve cruel y por accidente desaparecen 8000 dólares, George Bailey no ve otra salida que el suicidio para evitar la cárcel. Es entonces cuando, recurriendo a la iconografía cristiana, un ángel venido del cielo enseñará al héroe una importante lección: qué hubiera pasado si él nunca hubiera llegado a nacer. La última media hora del filme es una auténtica pesadilla de corte semi-expresionista, de tal impacto humano, que explica perfectamente que "¡Qué bello es vivir!" sea considerada una de las 50 mejores películas de la historia. Y es en esta última media hora, cuando uno se da cuenta que no importa lo que el destino quiera hacer de nosotros. Siempre nos queda el libre albedrío, lo que nosotros hemos decidido hacer, y esa será definitivamente nuestra huella en el mundo.

Para consuelo de los que aún no la han visto (¿a qué esperan?) decir que acaba bien, y que es tan emocionante que casi dan ganas de acompañar al elenco cantando el "Auld Lang Syne". Cuando se ven estas películas una echa de menos esos actores tan característicos, tan llenos de carisma, de humanidad. La interpretación de James Steward es tan soberbia que faltan palabras para describirla. Es imposible no establecer un lazo emocional con su personaje. Todos sufrimos y todos querríamos saltar a la pantalla para evitar que George se lance al río. También resalta el ángel, interpretado por Henry Travers, un actor que nació para este papel. Donna Reed como Mary Hatch Bailey, quien ya de niña juró amar a George para siempre. Y el siempre conmovedor Thomas Mitchell, detonador involuntario de la cuasi-tragedia, al que muchos recordarán por ser el padre de Escarlata O'Hara. Inadmisible acabar el repaso de casting sin citar a Lionel Barrymore (sí, sí, tío abuelo de Drew Barrymore), quien interpreta al malvado banquero Potter, y personaje que mejor define el formato de cuento terrorífico que esta película posee. Como dato anecdótico, añadir que el primer pretendiente de Donna Reed es Carl "Alfalfa" Switzer, bastante más mayorcito que en "La alegre pandilla". Completando el reparto, toda una serie de secundarios de lujo que conocemos de otras muchas películas.

Lo que son las cosas. Esta película se estrenó recién acabada la Segunda Guerra Mundial, ante un público que ya nunca volvería a ser inocente, por lo que fue un fiasco en taquilla. En el año 74, la productora dueña de los derechos, se olvidó de renovarlos, y el filme pasó a ser de propiedad pública, con lo cual todas las cadenas de televisión norteamericanas empezaron a emitirla frecuentemente, reivindicando una obra maestra. Para los cinéfilos es imposible pensar en el día de Navidad sin "¡Qué bello es vivir!". Siempre viene bien un nuevo visionado para recordar que por muy mal que vayan las cosas, nunca hay que perder la esperanza en la vida. Me pongo sentimental, pero es que la fecha lo requiere.

Recomendada para gente que aún crea en la inocencia, gente que confíe en la paz en la tierra y en los hombres de buena voluntad y gente, en general, con excelente gusto cinematográfico.

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