Ficha

País

USA

Año

2003

Título original

The emperor's club

Duración

109min

Dirección

Michael Hoffman

Guión

Neil Tolkin

Reparto

Kevin Kline, Rob Morrow, Michael Coppola, Katherine O'Sullivan

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Crítica de El club de los emperadores
Autor: bronte
Fecha: 03/11/2003.
Póster El club de los emperadores

El club de los emperadores

Digerido por bronte

En España no tenemos colegios así, y desde luego si existen, aquí la menda no los ha catado. Aquí se lleva más el estilo industrial, con esos preciosos edificios de hormigón, pintados de colores chillones para conseguir mayor atención del alumnado. Como tampoco he estudiado en USA no sé si existirán profesores de ese caletre o no en el país de las Rocky Mountains, pero sólo pensar en la posibilidad de encontrar un maestro así en las escuelas patrias, desata en mí una reacción incontrolable. Lo que está claro es que si allí estudian al Sutru Nehandu famoso, no sé a que viene decir que es uno de los países occidentales con mayor ratio de analfabetismo, porque yo me he sentido como una hormiga al lado de todo lo que sabían todos los niñatos del Colegio San Benedict.

La película trata de un profesor que ama su oficio, y que entiende que más allá de explicarle a alumnos de 15 años la filosofía completa de Platón (¿pero eso se hace en España?), lo realmente importante es enseñarles a ser personas con un código ético honorable. La cosa hasta aquí semeja bastante razonable... ¿Quién no ha querido tener un profesor así? Lo que pasa, es que la parroquia del alumnado es como un poco frikosa, y los pupilos son de lo más rarito, aunque la intención inicial haya sido presentarlos como niños cándidos y estudiosos. En semejante paisaje entra en acción un alumno tocanarices, que maldita la gracia que hace, y partir de ahí, todos se revolucionan, perdiendo todo el interés que podían tener por el superprofesor, tan sabio, tan educado, tan comprensivo, que interpreta Kevin Kline.

Es difícil entender por qué alumnos así ejercen tal fascinación en las aulas de todo el planeta, y más el que ahora nos ocupa, que es repelente como él solo. Pero la historia, curándose en salud, introduce la manidísima trama del niño no atendido por su poderoso padre para justificar comportamiento tan repateante, y aquí paz y después gloria. Se salva la ambientación de la película, y se salva el intento de construir una película que cuenta una historia con fines loables. Sin embargo, resulta un tanto pesada, es difícil conectar con los personajes, y peca de previsibilidad.

Lo único realmente bueno de la historia, es que entremedias de los mensajes de la necesidad de honestidad y ética, cae como una losa en el conjunto de la película, la idea de que por muy bueno que se sea, en el mundo siempre triunfan los sinvergüenzas sin escrúpulos, teoría que gana adeptos en los últimos tiempos. Aún así, Ethan Canin, autor del relato breve en que esta película está basado, como no podía ser menos, sigue apostando por la "decency". Relato muy breve para tanta película, que el guionista sólo ha sabido rellenar a base de tópicos superficiales , más que vistos.

En la dirección Michael Hoffman, recordado por aquella meritoria película llamada "Restauración", y por la salerosa comedia "Escándalo en el plató". El hombre cumple, pero el guión no da para más. Kevin Kline muy bien, como siempre y Embeth Davidtz, en plan estrella fugaz porque sale tres nanosegundos.

Recomendada para adeptos de una enésima reforma de la ley de la educación en España.

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