Ficha

País

Japón

Año

2000

Título original

Oodishon

Duración

115min

Dirección

Takashi Miike

Guión

Daisuke Tengan

Reparto

Ryo Ishibashi, Eihi Shiina, Tetsu Sawaki, Jun Kunimura

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Crítica de Audition
Autor: sensillo
Fecha: 14/12/2003.
Póster Audition

Audition

Digerido por sensillo

Parece que últimamente los japoneses están empeñados en asustarnos o, en su defecto, provocarnos alguna sensación que se parezca remotamente al miedo. La película que ahora nos ocupa se publicitaba en España nada menos que como “un terror diferente”. Tan diferente es este terror, que no encontramos nada que se le parezca en toda la película. Claro está que de los publicistas se espera que engañen, pero en esta ocasión no son quienes sostienen la mayor mentira de la película.

El protagonista es un hombre viudo al que le empieza a reconcomer el miedo a envejecer en soledad. Un amigo, productor cinematográfico, le propone buscar pareja entre las participantes de una audición para su próxima película. La película empieza así de una manera muy ligera, si obviamos claro está, la escena que abre el filme, cuando se muere la mujer del protagonista. Claro que esto se olvida fácilmente tras el título de “siete años después...” y en general tenemos una película amable y unos espectadores cómodos.
Qué seguro se debe sentir el director –piensa uno- cuando en una película de miedo demora tanto la construcción de un clima desasosegante.

Poco a poco, se va dando a entender que la mujer de la que se enamora el protagonista es la sublimación de las fantasías de todo buen misógino. El amigo enseguida se da cuenta, cumpliendo con su rol de amigo del protagonista, mientras que éste no quiere hacer atender a razones. Todo parece presagiar que la película se ira desviando, despacito, hacia un suspense parecido a “La mano que mece la cuna”, aunque con alguna componente sobrenatural.

Hay que esperar al último tramo del film para que se produzca un giro en el guión, brusco, absurdo y muy irritante. Llegamos a un punto partir del cual el guión no sólo deja de tener coherencia, sino que destruye la consistencia de todo lo anterior. El montaje se convierte en una concatenación de escenas desagradables sin ningún orden y, lo que es más preocupante, sin guardar ningún tipo de lógica interna. Las pistas que se iban sembrando cuando la película aún tenía sentido dejan de tener validez y se entra en un juego de equívocos entre lo que es real y lo que no, sin maldita gracia, porque se acaban de cargar todo el universo ficticio construido y lo que queda, por lo tanto, es todo mentira.

Sin pretender pecar de inmodestia, yo fui el mejor público que se podían esperar. Al margen de detalles del más elemental civismo, como no hacer ruidos con los sobacos y acudir aseado y vestido a la sala de proyección, me involucré dócilmente en la historia y la seguía con interés a pesar de tener un desarrollo en ocasiones muy lento y aburrido. Precisamente por ello me sentí ofendido personalmente con el final de la película. Sólo si se tiene la capacidad emotiva de una maceta sin geranio o se ha visto la historia desde una cómoda lejanía se puede permanecer impasible ante la imagen de una tortura atroz sobre alguien indefenso. Esta reacción de asco tan visceral tiene poco que ver con la casquería exhibida, que tan inocente y divertida puede ser en divertimentos como “Braindead” o “Evil dead 2”. Takashi Miike ha abusado de la complicidad del público con buena fe para involucrarlos en un espectáculo sádico sin más sentido que la provocación más gratuita, para luego traicionarlo desmontando toda la fantasía y dejarlo con el estómago revuelto mientras él se larga con el dinero de las entradas. Sinceramente, espero que este año los Reyes Magos le dejen carbones.

Recomendada para aquellos que tengan prisa y no se puedan quedar a ver el final de la película, y también para macetas sin geranio.

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