Ficha

País

España

Año

2003

Título original

El Cid, la leyenda

Duración

90min

Dirección

Jose Pozo

Guión

Jose Pozo

Reparto

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Crítica de El Cid, la leyenda
Autor: bronte
Fecha: 23/12/2003.
Póster El Cid, la leyenda

El Cid, la leyenda

Digerido por bronte

Cuando una acaba de ver esta película, lo primero que se le viene a la cabeza es por qué la titularon "El Cid, La Leyenda", cuando se podría llamar perfectamente, por poner un ejemplo al azar "Luciano, farol metropolitano 2". Con esto quiero decir que todo parecido con el Cantar es pura coincidencia. Estoy segura de que yo no estaba sola en mi perplejidad sobre por qué el audiovisual español ninguneaba de manera tan flagrante una historia de dimensiones épicas tan inconmensurables como la de Rodrigo Díaz de Vivar. Ahora lo entiendo. Si esto es lo mejor que saben hacer con el legado patrio, será preferible que dejemos que Hollywood se encargue de todo. A lo mejor no lo clavan. Pero lo que es seguro es que tampoco lo asesinan con tal alevosía, premeditación y ensañamiento.

Desde luego este es el país de la esquizofrenia. Puede que no haya nación occidental tan antiamericana como la nuestra y sin embargo nos pasamos la vida copiándoles. Y lo peor, es que encima les copiamos mal. En "El Cid, la leyenda" opera ese principio tan de la peor industria norteamericana que dice que para que una película sea apta para el público infantil, la clave está en tratar a los espectadores como si fueran retrasados mentales. Eso, y poner animalitos que funcionen como alivio cómico. Aquí aparece un tejón dos veces; la segunda, ayuda al Cid a liberarse de su prisión, robando las llaves de la celda. Surrealista. Por si fuera poco, el desarrollo de la intriga es inconexo y confuso, y huelga decir que no se parece en nada al original. El episodio en que Rodrigo se ve obligado a matar al padre de Jimena, fundamental en la génesis y personalización del héroe español), aquí es tergiversado y banalizado. Vamos, que se matan por un "quítame allá esas pajas", obviando toda la temática del honor y el compromiso. Rodrigo Díaz de Vivar no es en esta película ese héroe castellano recio, sobrio, digno, poseedor de un pundonor que lleva hasta sus últimas consecuencias.¡Qué va! Aquí es el churrero de la esquina. Uno sabe que es el Cid, porque le llaman Rodrigo, pero perfectamente podría pasar por ser Perico de los Palotes. Lo que no se puede aguantar es lo de Jimena. Es evidente que aquí se creen que caracterizar a una mujer con personalidad decidida equivale a convertirla en una verdulera chillona. Está visto que al guionista la apasionada, profunda y compleja historia de amor entre Rodrigo y Jimena le debía parecer residual, porque la ha convertido en un flirteo entre dos adolescentes tontos. La cosa llega a sacrílega cuando vemos a Jimena vestida de la danza del vientre bailando ante el malvado almorávide. Pero ¿esta gente no se da cuenta de que estos personajes existieron de verdad, que tienen descendientes?

Todo esto sería perdonable, aunque parezca mentira, si la película fuera entretenida. pero se hace más aburrida que un recitado del listín telefónico. La acción avanza a bofetadas, no se sabe quienes son los buenos ni los malos, aparecen personajes a mogollón de repente, que nadie sabe de que coliflor han nacido; el malo sale tres miserables veces y eso de casualidad, pasa casi toda de noche, los dibujos son de una desproporción desagradable y además tienen todos la misma cara, que a veces no hay manera de distinguirlos. La música en ocasiones recuerda a "Conan", otras tiene una notas cantábricas que no pegan ni con cola con una historia de la meseta castellana. Encima, como aburre a los muertos, todos los niños de la sesión optan por hacer una fiesta rave, martirizando a los pobres críticos que sí tenemos que atender.

Capítulo aparte merece el doblaje. Está claro que hay una conjura para exterminar a los actores de doblaje españoles. Avisados están. En nuestra línea de copiar a los americanos, ahora también ponemos personalidades conocidas para las voces de los dibujos animados. Claro que allí ponen a estrellas de la actuación, y aquí ponemos a elementos como Manel Fuentes, cuyo talento interpretativo merece, como mínimo, una maldición para él y para todos sus descendientes. Es que no hay derecho. Por si el guión no era suficiente, Don Manel ha conseguido poner la guinda en la conversión de un héroe como el Cid en un feriante de voz nasal que habla a golpetazos. Otro ínclito ejemplo, el tal M. A. Rodríguez "el Sevilla", que ni canta, ni
baila, ni interpreta, y ahí lo tienes. como un campeón, presente en toda castaña patria que se precie. Mientras, excelentes y preparadísimos actores engrosando las filas del cásting de Port Aventura. Está visto que en España más vale caer en gracia que ser gracioso.

En definitiva, recomendada para nadie. Por la contra, sí que recomiendo encarecidamente la lectura del "Cantar del Mío Cid" (anónimo) y de "Las mocedades del Cid" de Guillén de Castro, dos obras tan emocionantes que han pasado a la historia, cosa que no hará esta película. Garantizado.

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