Ficha

País

Argentina, España

Año

2004

Título original

Luna de Avellaneda

Duración

143min

Dirección

Juan José Campanella

Guión

Juan José Campanella, Fernando Castets, Juan Pablo Domenech

Reparto

Ricardo Darín, Eduardo Blanco, Mercedes Morán, Valeria Bertuccelli

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Crítica de Luna de Avellaneda
Autor: bronte
Fecha: 22/01/2004.
Póster Luna de Avellaneda

Luna de Avellaneda

Digerido por bronte

Juan José Campanella me parece uno de los narradores en español más interesantes que se divisan por el panorama. Por un lado por el oficio que se le adivina en todas y en cada una de sus películas. Sus guiones podrían ser materia de estudio en cualquier escuela de cine del mundo, por esa capacidad para interrelacionar las tramas, respetar la relación causa-efecto, construir personajes peculiares y al mismo tiempo reales, y un sinfín de detalles que no estamos acostumbrados a vislumbrar en otros cines hispanos. También me gusta de él, esa vena sentimental y capriana. Esa sutilidad a la hora de hablar de muchas cosas en vez de echarse al monte del discurso zafio y evidente que tanto esta prendiendo en esta parte del mundo.

Luna de Avellaneda no llega a la calidad de "El hijo de la novia", quizás por ese ligero desplazamiento hacia el "cine social", pero sin lugar a dudas en ella, nos encontramos todos los resortes que se han hecho característicos de este director. Para empezar los actores, pues al igual que en la epopeya de la anciana aquejada de alzheimer y "El mismo amor, la misma lluvia", también nos encontramos a Ricardo Darín, y a Eduardo Blanco. El primero en un papel menos emotivo que en "El hijo de la novia", y el segundo en un papel menos gracioso. Pero se agradece la presencia de ambos, ya que los dos son estupendos actores. Lástima que la sonorización no sea todo lo óptima que sería deseable, y los españoles nos vayamos a perder partes del diálogo entre susurros y acento porteño.

La película me ha recordado en cierta manera "Qué bello es vivir". Y en la estructura más profunda se puede adivinar en Campanella la profunda influencia que la industria americana tiene sobre él. Me refiero sin ir más lejos al tema favorito de los USA. Los individuos aplastados por la máquina de hacer dinero. En "Qué bello es vivir" era el Señor Potter; aquí es una empresa que quiere hacer un centro comercial donde está ubicado el club social "Luna de Avellaneda". Como trasfondo, la crisis económica en la que Argentina lleva sumida ya mucho tiempo, y las pequeñas historias que hacen de cada personaje un ser único.

Si algo me gustó de esta película, es definitivamente el final. Cuando todos pensábamos que nos tocaba un discurso anticapital, de pronto Campanella se descuelga con una confrontación honesta e inteligente entre posturas románticas, pero habitualmente inútiles, y posturas prácticas y razonadas, a menudo desprestigiadas, pero siempre recurridas como último y efectivo recurso. Quizás Campanella, aparte de la intrahistoria de sus personajes, también nos ha querido hablar de la historia de su Argentina natal, y anima a sus conciudadanos a trabajar para llevar a su país al nivel donde le corresponde estar. Me parece una simplificación el creer que "Luna de Avellaneda" sólo es entendible en tanto en cuanto Argentina. La oposición entre romanticismo y realidad es algo que existe dentro de cada persona y de cada grupo humano. Y no son excluyentes. Pero la ilusión siempre debe asentarse sobre la realidad y no al contrario. Por eso, la película acaba como acaba. Con una nueva dosis de romanticisimo impulsada por la más palpable realidad.

Los que conozcan la obra de este autor, ya saben más o menos qué es lo que puede ofrecer la película. Los que no, no estará de más que se acerquen a las salas a pasar un buen rato. Recomendada para todos aquellos que prefieren crear riqueza en vez de repartirla, porque no se creen que crearla sea el equivalente a vender el alma al diablo. Puntuacion