Ficha

País

USA

Año

1997

Título original

Liar, liar

Duración

86min

Dirección

Tom Shadyac

Guión

Paul Guay, Stephen Mazur

Reparto

Jim Carrey, Cary Elwes, Jennifer Tilly, Maura Tierney, Justin Cooper

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Crítica de Mentiroso compulsivo
Autor: bronte
Fecha: 16/02/2004.
Póster Mentiroso compulsivo

Mentiroso compulsivo

Digerido por bronte

A estas alturas nadie en su sano juicio va a negar que Estados Unidos es un país muy competitivo. Allí se prima la productividad, lo que por otra parte, no nos engañemos, les hace ser la primera potencia mundial. No hay tiempo ni para dormirse, ni para rascarse las gónadas. Sus películas, reflejan a menudo esa realidad circundante, igual que las españolas reflejan la vida en el bar. En su caso, la constante es el poco tiempo que los padres tienen para pasar con los hijos, cosa que en el país de la siesta, nos hace mucha gracia... y es que Spain is different. Aunque recuerdo claramente a José Pozo recogiendo su Goya por "El Cid" este año y disculpándose porque le había robado a sus hijos mucho tiempo (A éste lo defenestran por pro-americano).

El caso es que tomando como excusa ese rasgo de la sociedad norteamericana (y de todas las sociedades occidentales, aunque aquí nos dé por hacernos los ex-quesitos) Tom Shadyac (también director de "Ace Ventura 1" o "Como Dios"), construye una agradable comedia familiar en "Mentiroso compulsivo". En esta película, un abogado de éxito, que ha basado su carrera en la pillería y el engaño, prostituyendo el espíritu de la ley, y agarrándose a cualquier errata de la letra, acostumbrado a tanta trola, actúa de la misma manera con su hijo de cinco años y aunque siempre le promete que irá a verle, acaba mintiendo para zafarse de la obligación. Llegados a ese punto, el deseo que el niño pide en el día de su cumpleaños es que su padre no pueda mentir en 24 horas.

Es ingenioso que la profesión del protagonista sea la de abogado, pues pocas ocupaciones hay en este mundo en las que sea tan necesario mentir. Y más en USA donde el sistema judicial es en sí mismo un gran teatro en cuanto a formas se refiere. Por eso, Fleetcher Reed, nombre del personaje principal, se las verá y se las deseará para acabar el día del hechizo sano y salvo, aunque afortunadamente y como corresponde a este tipo de comedia, terminará descubriendo que "la verdad nos hará libres". Final feliz en todos los aspectos, y no diré nada más si no es en presencia de mi abogado (nunca mejor dicho).

Y ha llegado el momento de tocar uno de los puntos más peliagudos del filme: el actor protagonista. Sí, damas y caballeros, Jim Carrey. El payaso más caro de la historia. Seamos honestos. A Jim Carrey o se le venera, o se le odia con un odio enconado, profundo, nacido de las mismas entrañas de Satán. En mi caso, reconozco que pertenezco al club de fans. Me explicaré: al final de "Mentiroso compulsivo" hay una serie de tomas falsas, y en una de ellas una de las actrices en pleno rodaje acusa a Carrey de sobreactuación... Este rompe a reír y dice "¡No! ¡Vaya, me ha descubierto!". Pues claro que sí. Jim Carrey sobreactúa para los canones establecidos, pero es que Carrey no interpreta a Chejov. Carrey es lo que los americanos llaman un "physical actor", un actor que basa su trabajo fundamentalmente en la expresividad. Y dentro de esta categoría Carrey es el mejor.

Carrey enlaza directamente con las formas del cine mudo, con sus caídas y muecas, y más directamente, con Jerry Lewis, a quien los críticos también ponían a caldo en su momento, y que ahora sin embargo merece la consideración de genio. Jim Carrey es de goma; ver una de sus películas es asistir al milagro de contemplar a un dibujo animado hecho carne. Yo entiendo que haya a quien se le pueda hacer pesado, igual que se te puede hacer pesado Robert De Niro haciendo siempre de mafioso... Pero hay que reconocer que nadie hace lo que hace Jim Carrey, tan bien como Jim Carrey... Así que, ánimo, muchacho, que todos los genios son incomprendidos en su momento.

Recomendada para políticos en tiempos de elecciones, y para quietistas plastas (o sea nueve de cada diez. El décimo es el enfermo del baile de San Vito). Puntuacion