Ficha

País

USA

Año

2003

Título original

Cold mountain

Duración

155min

Dirección

Anthony Minghella

Guión

Anthony Minghella

Reparto

Jude Law, Nicole Kidman, RenÚe Zellweger, Natalie Portman, Giovanni Ribisi, Philip Seymour Hoffman

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Crítica de Cold mountain
Autor: bronte
Fecha: 21/02/2004.
Póster Cold mountain

Cold mountain

Digerido por bronte

¿Le gustó “El paciente inglés”? ¿Sí? Vaya a ver "Cold mountain". Quizás no le emocione tanto como su clon, pero no saldrá decepcionado. ¿No le gustó "El paciente inglés? Huya como de la peste, porque en esta película se va a encontrar a Anthony Minghella en estado puro, con todo lo bueno y malo que ello supone.

Empecemos por lo malo. Es este británico director muy aficionado a la sintaxis cinematográfica grandilocuente. Tanto en su anterior megahit como en esta película, disfruta más que un tonto con una tiza ilustrándonos con hermosas postales de los parajes nevados, de los riachuelos escondidos, de las praderas evanescentes. Todo ello aderezado con músicas enfáticas subrayando cada frase de diálogo que el enfático director considera que debe ser enfatizada. Por lo general grandilocuentes sentencias sobre el amor, rozando en todo momento cierto ridículo bochornoso para el espectador flemático y púdico con sus sentimientos.

No contento con ello, si algo hay que reconocerle a Minghella es ese don especial para rodar las escenas de sexo con un marchamo de horterez inconfundible. Por su puesto no falta el fuego en el hogar, y los cuerpos se rebozan entre las sábanas arriba y abajo, mientras ella le clava las uñas en la espalda a él poniendo cara de "ay, mi ciática", y él muestra sus músculos poderosos en los brazos, también conocidos como biceps o "bolas", al tiempo que rodea delicadamente las posaderas de ella, iluminadas tenuamente por la lumbre que muere que al amanecer. Ya me entienden.

Hay que decir también que "Cold mountain" sigue la estela iniciada por "Salvar al soldado Ryan", de empezar la película con un tratamiento hiperrealista de la batalla, y continuada por películas como "Enemigo a las puertas" o "Gladiator". Si bien, los minutos iniciales de la película que nos ocupa no son tan impactantes como el día D de Spielberg, sí que por lo menos se puede distinguir bastante bien lo que está pasando, al contrario que en el Neopeplum, por lo que hay que reconocerle cierto mérito al director en esta parte de la cinta. Lo que pasa es que después de ese inicio, uno espera encontrarse con una película más o menos realista, y de pronto descubre que la trama se va deslizando peligrosamente hacia lo que podría ser el remedo de "La biblia ilustrada para niños". Y digo esto, porque cuando más avanza la película, más infantiloides se hacen los personajes, más inverosímiles son sus frases, más tufo de topicazo va cogiendo la cosa.

Me explico: El carácter de Renée Zellweger es de juzgado de guardia. Y no sólo por el doblaje, que merece una multa como poco. Es una auténtica ignominia que Renée, tan bien en otras películas, esté nominada al oscar por "esto". El papel de "Ruby" parece recién sacado de "La casa de la pradera". Uno espera que aparezca por allí Michael Landon para tirarle de las trenzas mientras ella pone los brazos en jarra. Un papel construido con tan poca dedicación que se diría que su descripción en el prólogo del guión debe ser algo así como "Tiene muchos mofletes; es buena, pero más basta que un tanga de esparto". Ya. No le busquen más complejidad. El de su padre ya no digamos. Lo primero que sabemos de él, es que la abandonó a su suerte de niña, que le pegaba unas palizas que la dejaba seca, y cuando el susodicho monstruo aparece en escena, resulta ser el primo hermano de Papá Noel. Un ejemplo de bondad y graciosidad infinito. Pero ¿qué tipo de estafa es esta?.

Además de eso, la película cae no pocas veces en el simplismo más absoluto con un tonito ursulino un tanto molesto. Perdonen que me refiera tanto a lo que "El viento se llevó", pero que es que los clásicos siempre resultan. ¿No es acaso elocuente el plano en que Escarlata aparece en un gigantesco campo de heridos de guerra? ¿Hace falta algo más para que el antibelicismo quede patente? No ¿verdad?. Bueno, pues Minghella, seguro de que los espectadores no pillamos las cosas a la primera, pone a granjeros del siglo XIX soltando unas peroratas de una profundidad filosófica sobre la inutilidad de la guerra que el propio Sócrates se quedaría verde de la envidia. Y ¿qué me dicen de ese "momento chupiprogre", cuándo el personaje de Renée Zellweger hace esa defensa enconada de la sociedad sin clases y la propiedad comunal? Tremendo. Claro que nada comparable a la reivindicación pro nativos-americanos que se marca Jude Law, un carpintero pueblerino del Siglo XIX. Dudo que en USA en 1860 a nadie se le pasara por la cabeza sopesar lo del genocidio indígena. Pero Minghella ahí lo calza, aunque la seriedad de la película se resienta gravemente. Si cuela, cuela, se habrá dicho a sí mismo. Y prefiero no comentar nada sobre el jefe de la milicia, porque costará encontrar en este año rol más tópico en la producción mundial.

A todo esto, decir que cuando Ruby se pone a gritar "Adaaaaaa", todos los espectadores españoles, hábilmente machacados por ese exponente de calidad televisiva que es Telecinco, recordarán el inefable grito de "Aídaaaaaaaaaaaa", que ya lo llevamos grabado a fuego (los mejicanos saben de que hablo), y apuntar también que la empresa de alquiler de animales amaestrados en esta ocasión debió hacer descuento de grupo, porque no hay secuencia en la que no aparezca un animal. Ni una. Los de la protectora, absténganse de ver esta película, porque o aparecen muertos, o les arrancan la cabeza, o se la sierran, o se los cargan para hacer higadillos. Cosa también muy del gusto de este director. Mezclar un romanticismo un tanto naftalítico con escenas de intensidad desagradable, como la protagonizada por Eileen Atkins, o directamente de mal gusto, como poner a un personaje con problemas de estreñimiento, que ya ves tú la falta que hace en un drama romántico de dimensiones épicas. Es el problema de confundir distensión del ritmo narrativo con lo soez. Aquí en España pasa mucho.

La película, por resumir la cosa, trata de un soldado confederado que deserta, (Jude Law, en esta película muy bien y muy guapo, aunque a veces tenga cara de Dalí gritando "surrealisme!"), para volver con su amada (Nicole Kidman, que sí que realmente se ha pasado con el botox en el entrecejo, aunque cumple), a la que en puridad tan sólo ha visto un par de veces, pero cuyo amor es ya indestructible. Una especie de camino iniciático, en el que los caracteres principales evolucionan por lo terrible de la guerra, y con una estructura un tanto episódica donde aparecen y desaparecen los personajes de una manera un tanto tosca y bastante previsible. Aparte de lo dicho que no es poco, la película alcanza ciertos momentos intensamente románticos (como la escena de cama con Natalie Portman, realmente emotiva), que harán las delicias de todos aquellos espectadores de buena fe que vayan al cine a sufrir/disfrutar con un amor trágico. Insisto en los muchísimos puntos de similitud con "El paciente inglés", y hasta aquí puedo leer.

Recomendada en fin para todos aquellos que crean que los albinos son los enviados del infierno, para nostálgicos del género del folletón y para manifestantes profesionales pluriempleados.

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