Ficha

País

España

Año

2003

Título original

Los abajo firmantes

Duración

90min

Dirección

Joaquín Oristrell

Guión

Joaquín Oristrell, Juan Diego Botto, Javier Cámara, Elvira Mínguez, María Botto

Reparto

Juan Diego Botto, Javier Cámara, Elvira Mínguez, María Botto

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Crítica de Los abajo firmantes
Autor: malabesta
Fecha: 24/02/2004.
Póster Los abajo firmantes

Los abajo firmantes

Digerido por malabesta

Decía Larry Flint que las opiniones son como el culo, todo el mundo tiene uno y piensa que el de los demás apesta. Evidentemente, cuando estaban haciendo la película de "Los abajo firmantes", nadie tenía esta bonita máxima en la cabeza.

Primero la película. Se trata ante todo de un producto de guerrilla; esto es, rodado ante todo como respuesta a un momento político y social muy concreto, con unos medios muy limitados, sin exteriores, cámara digital y en general al hombro, y protagonizado por lo que se podría definir en argot callejero como "los coleguis". El trasfondo es el siguiente: en plena temporada de Goyas 2003, una compañía de teatro intenta superar la muerte de uno de sus miembros y aceptar al sustituto que envía la productora. Este actor de reemplazo resulta venir de una serie de adolescentes de esas de después de comer, lleno de fama, orgullo e ideas sobre la posición y el deber de los actores dentro de la sociedad. Así que en plena época de no a la guerra, intentan sacar adelante "Comedia sin título" de García Lorca, obra escrita en los albores de la Guerra Civil y que pasa por ser un llamamiento al despertar general del pueblo ante la guerra que se avecinaba.

La verdad es que para ser un apaño tan concreto y rápido, la película no está mal del todo, cinematográficamente hablando. Supongo que el secreto será que cada uno de los actores encaja perfectamente dentro del papel que tiene, en gran parte porque se encarnan a sí mismos; Javier Cámara es el director en funciones de la compañía, pero actor de segunda. Juan Diego Botto es la estrella de las quinceañeras que aspira a convertirse en un gran actor. María Botto es la joven actriz de la compañía, y Elvira Mínguez la diva del teatro, condenada al circuito de provincias. El hecho de que todos ellos participen en el guión hace que se adapten con mucha naturalidad a cada uno de los personajes. Claro que esto también rompe en su contra, pues al estar escrito entre un ciento y la madre de gente, aquello tiene la continuidad de los patos de feria, y alterna momentos malos, muy malos y casi buenos, dependiendo de quién conducía en ese momento. Otro de los defectos de la película consiste en que los personajes se comportan como la compañía de teatro del pabellón de hiperactivos, porque no se callan ni debajo del agua. Toda la película transcurre de conversación en conversación, sin darle un descanso al espectador, que también es humano. En resumidas cuentas, termina por ser un producto más que correcto que, al lado de sus congéneres del cine español, incluso destacaría. Lástima que transmita el mensaje que transmite.

Dejando de lado las ideas políticas que tenga uno, "Los abajo firmantes" es el mayor ejercicio de paranoia social jamás visto. Si bien en los Goya se montó un jaleo bastante considerable, yo no veo que se hayan tomado represalias contra los firmantes en cuestión, al menos parece que el dinero del ministerio (o sea, el tuyo y el mío) sigue fluyendo sin prisa pero sin pausa. Muy al contrario, en esta película se retrata a un público que, aparte de tonto (pues se nos recuerda de nuevo que si el cine americano triunfa en España es porque se gastan mucho dinero en publicidad, y los pobres proletarios caen presa de los cartelitos. Por supuesto, la crisis se produce por falta de voluntad política, nunca por falta de talento) es ante todo, un grupo de exaltados. Yo, he de confesarlo, jamás he sido un actor perseguido. He hecho mis pinitos en el teatro, pero nada muy espectacular. Eso sí, como público tengo muchas horas de vuelo, y jamás, jamás, ni por asomo he visto lo que se retrata en la película. En medio de una actuación, la gente se levanta y les grita a los pobres y perseguidos actores "maricones", "rojos", "traidores" y otras lindezas. Todo porque se han manifestado en contra de la guerra de Irak. Por supuesto, todo regado con los consabidos tópicos; que si es por petróleo, que si Aznar es la chacha de Bush... A mí no es que me moleste, pero me hace gracia que en una película que en teoría es un cantar a la libertad de expresión y a la pluralidad de ideas, esta pluralidad se divida en dos grupos: los que están en contra del gobierno y la guerra y lo dicen y el otro, los que están en contra del gobierno y la guerra y se callan. Tal es el tono panfletario que alcanza, que se llega a decir en un momento "los van a asesinar con tus votos". Menos mal que en este país la libertad de expresión esta secuestrada, o eso dicen.

Personalmente, y a la vista de esos hechos, enclavaría la película bajo el género de la ciencia-ficción, o con el sugerente epígrafe que tiene uno de sus sub-géneros: "ficción especulativa". Recomendada entonces para todos aquellos que crean en la teoría de la conspiración, a los escudos humanos y a todos aquellos artistas malditos que necesiten echarle la culpa a alguien.

Post Data: Supongo que no puedo dejar pasar la ocasión sin dar mi opinión sobre el tema. Y apuntarme al carro de la demagogia, que tanto gusta en las entregas de premios. La guerra de Irak es como un anuncio de Pepsi que se vió en España hace unos años. En él, un chaval nos contaba que por cada lata de refresco, Pepsi Co. iba a regalar un porcentaje a una organización humanitaria. El anuncio terminaba cuando explicaba que ahora podías pensar que aquello era un uso mercantilista de una causa humanitaria, o bien podías pensar en hospitales, medicinas, escuelas... Pues esto es lo mismo; puedes pensar en una maniobra económica para hacerse con el petróleo, en un acto de venganza sin sentido, en una estrategia para gobernar el medio oriente. Yo prefiero pensar en un tirano menos.

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