Ficha

País

USA, UK

Año

2003

Título original

Masked and anonymous

Duración

112min

Dirección

Larry Charles

Guión

Larry Charles, Bob Dylan

Reparto

Jeff Bridges, Penélope Cruz, Bob Dylan, Jessica Lange, Giovanni Ribisi, y un sinfín de actores conocidos que por motivos de espacio no pondremos

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Crítica de Anónimos
Autor: bronte
Fecha: 21/03/2004.
Póster Anónimos

Anónimos

Digerido por bronte

En mi sesión de “Anónimos” había cinco personas: dos chicas, un chico, una crítica de cine extraordinariamente atractiva, y un señor mayor con boina y palillo en la boca, que yo no sé de donde salió. Palabra de honor. Cuando acabó la película, sólo quedábamos dos. El otro era el señor de la boina. Con este comentario estrictamente basado en hechos reales, lo que quiero decir es que cualquier parecido de "Anónimos" con un yunque de mil quilos, es una gran comparación.

Lo primero que puedo decir sobre este "flim", es que debe de ser una cosa así como amiguetes.com, pero en americano, porque aquí no faltaba ni uno. Estaba Mickey Rourke, que desde que se hizo ese corte evasé en la cara, procura salir con el rostro lo más tapado que puede en las películas, y ya sólo falta que se ponga un pasamontañas para interpretar a Napoleón. Por supuesto, en este papel, se sorbe mucho los mocos, y se confiesa maníaco de la música clásica. Mis "fanes", seguidores de mis críticas ya se pueden hacer una idea del percal con este comentario. También aparece Val kilmer, de quien recientemente decía que su papel en "Dinero sucio" podía ser el más estúpido de su carrera. Bien, me equivoqué. Todo puede ir siempre a peor. Está Ed Harris, que se debió de incorporar tarde al rodaje y viendo como iba la cosa prefirió salir con toda la cara pintada de negro para que no mucha gente pudiera reconocerle. No nos olvidemos de Jeff Bridges, en uno de esos papeles indies que tanto le gustan, que había que hacérselos comer sin sal: una cosa así como el Gran Lebowski, pero reconvertido a intelectual insoportable, sustituyendo el colocón por "delirium tremens". Está Luke Wilson, como podía no estar. Jessica Lange haciendo una vez más de pasada de rosca. Christian Slater de prestado, que es lo suyo. Chris Penn, pasaba por allí. Penélope Cruz, en un país multirracial cargando con el título de "mestiza", que tiene tela la cosa. Y Giovanni Ribisi, que debe de ser el más listo de todos, interpretando un papel que muere a los quince minutos de película, y así le ve todo el mundo, antes de que la sala se quede en cuadros. Eso sí, haciendo gala de todos sus tics, que no son pocos.

La historia gira en torno a una dictadura imaginaria en América Central, donde se va a dar un concierto de éstos a beneficio, para traer la paz y la prosperidad de nuevo al país. Pero todo en plan muy surrealista, con vocación de sugerir una atmósfera de pesadilla, sin conseguirlo, y en general de manera bastante incomprensible y aburrida. El guión es obra de Sergei Petrov, también conocido como Bob Dylan, y hay que decir que aquí se le ha ido un poco mucho la cabeza. Si "Cahiers du cinema" consideraba a Charlton Heston el "actor axioma", en Digeridopor.com tenemos que decir que Bob Dylan es el "actor (?) axioma feo", porque es un axioma que hiere la vista cada vez que salen en pantalla, que en esta película es siempre. Por supuesto esto ni quita ni pone a su extraordinaria calidad como cantautor. Y en cuando a lo de actor, bueno, puede que esta definición aplicada a este personaje tome auténtico sentido en la cultura de Ganímedes, porque en cuanto a las coordenadas físicas terrestres, se podría que decir que Bob Dylan tiene la misma capacidad de comunicación y expresividad que el paragüero de madera que hay en mi casa.

En cuanto al guión, se puede asegurar que a Bob Dylan no le quedó nada, absolutamente nada, por decir. Esta es su gran obra. Se puede encontrar de todo en ella. Desde microeconomía, hasta política internacional, pasando por el conflicto generacional, y por qué producto es el más adecuado para quitar los pegotes de chicle en el lino. Tal saturación de ideas se expresa a través de frases supuestamente poéticas y lapidarias, que en la mayoría de los casos naufragan en el más absoluto de los ridículos. Para que se me entienda: todos aquellos que popularmente conocemos como "progres", saldrán encantados de la película porque se dicen cosas tales como que las multinacionales son las enviadas de Satán en la tierra. Por la contra, los "progres" listos saldrán echando humo porque una de las premisas de la película es que los progres son tan asquerosos como los del otro lado y encima hipócritas. Para ello Sergei Petrov insiste una y otra vez en que todos estos artistas que se hacen eco de causas justas o humanitarias, no son más que cínicos en busca de publicidad, a los que les importa menos que nada lo que le pase al resto del mundo. Y muy especialmente señala a las figuras de la música... De esto algo sabrá, digo yo.

Así que... aquí no se salva ni el apuntador. Yo estaba un poco asustada pensando que en cualquier momento me tocaría a mí recibir, pero afortunadamente logré pasar desapercibida. Todo este galimatías salpicado de existencialismo católico medieval, un "no hay futuro en este mundo", que llega a su culmen con la idea de la auto-inmolación cristiana, que Dylan, modestamente, se reserva para su persona. De todo lo dicho en esta película, lo que más me gustó fue eso de que "asistimos a la decadencia y derrumbe de la civilización occidental". Estoy plenamente de acuerdo. Esta película es la prueba.

Qué quieren que les diga... con todo, a mi me gustó más "Corazones de fuego"... Recomendada en todo caso para fanáticos obsesivo-compulsivos de Bob Dylan y para gente que se quiera curar de espanto.

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