Ficha

País

USA

Año

1984

Título original

Flashdance

Duración

95min

Dirección

Adrian Lyne

Guión

Thomas Hedley Jr.

Reparto

Jennifer Beals, Michael Nouri, Lilia Skala, Sunny Johnson

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Crítica de Flashdance
Autor: bronte
Fecha: 04/04/2004.
Póster Flashdance

Flashdance

Digerido por bronte

A mí me suele gustar el cine de los años 80. Entiéndaseme: supongo que me recuerda mi infancia y por muy malas que sean las películas me las trago enteras con cierta complacencia que no tengo con el cine de otras épocas. Algo así me pasa con "Flashdance". La película, bien mirado, es mala con avaricia, pero eso no quita que yo le tenga un minúsculo aprecio o que haya dejado estampas para la historia cutre del cine, y si no que se lo digan a J. Lo...

El filme en cuestión es un rosario de personajes tópicos y de situaciones tópicas, y todo ello con la forma de una historia de superación personal. Desde luego algo muy a tono con los años 80 en USA, paradigma histórico del capitalismo y de la figura del emprendedor que se hace a sí mismo. Aquí no tanto, la verdad, pues como bien se sabe, los ochenta en España fueron esa maravillosa década en la que todos descubrimos lo fácil y cómodo que era ser funcionario. Así que, con todo, aunque aquí también tuvo su relativa buena acogida, no se puede comparar. Habría que ver como recibiría el españolito de a pie, allá por el año 83, el que un personaje diga cosas como: "No quiero que me ayudes. Todo tiene que depender de mí misma", tan acostumbrados como ya empezábamos a estar a que nos subvencionaran hasta los "kleenex".

Por supuesto, Alex, esa chica que como tantas otras en el mundo, de día trabaja como soldadora y de noche como bailarina, conseguirá su propósito. No podía ser menos en un país en el que la filosofía personal común reside básicamente en creer que se puede alcanzar la luna si uno se lo propone de verdad. Tengo que pararme aquí para señalar el hecho de que ella sea soldadora. Este dato, refleja también perfectamente esa estética de los ochenta, entre urbana e industrial, ese contraste que en teoría sirve para dibujar el personaje, aunque en realidad sólo funciona para cuadriplicar el número de postales (que es lo único que tiene la película): esa contraposición entre la delicadeza de la bailarina, y la fortaleza de la soldadora con casco que pone "Alex" incluido. Es el sueño americano elevado a la enésima potencia. Hasta una obrera sin ningún tipo de estudios artísticos, puede entrar en el mejor conservatorio de Pittsburgh.

Flashdance corresponde a un género de musical muy influenciado por el nacimiento del videoclip, por eso nos encontraremos a lo largo del metraje numerosos bailes al son de canciones emblemáticas como el tema principal ("What a feeling" de Irene Cara), o "I love rock 'n' roll" de The Blackhearts. Los números no aportan nada al desarrollo de la historia más que situar al personaje. Alex es bailarina y la vemos bailar en el bar donde trabaja, o ensayando, o donde haga falta, pero ninguno de ellos tiene una carga de guión, como por ejemplo pueden tener los números musicales de "West Side Story", para que se me entienda. A todo esto, cada baile está adornado con una estética ochentera estridente, con maxihombreras, pelo crespo y maquillaje aterrador. Eso sin entrar en la idiosincrasia propiamente dicha de las coreografías, que convierten estos números en registros de movimientos convulsos, y ciertamente nada estéticos. Qué mal envejecen estas cosas.

Alex estará acompañada en su periplo vital por todos los personajes que se supone que deben estar ahí: para empezar una vieja gloria del ballet, que confía plenamente en ella y que la animará a hacer las pruebas para entrar en el conservatorio; también está su jefe y novio que es guapo (?) y rico, y será el que le dé ese pequeño empujoncito para que consiga la prueba en la afamada escuela; aparecen asimismo por ahí una serie de amigos que también persiguen su sueño, pero que por contraposición, para hacer más evidente el triunfo de Alex, fracasan en el intento. Hasta hay muertes, como no podía ser menos. No se me agobien, la chica de la película acaba feliz y contenta. Y ver a los estrictos miembros del tribunal del Conservatorio llorando de emoción ante su actuación epiléptica, es algo que ningún cinéfilo de pro debería perderse.

Teniendo en cuenta que la película es de Adrian Lyne, también nos encontraremos en el filme cierta carga de erotismo soft, que no es que sea para echar cohetes, pero que seguro que hacía las delicias de nuestros hermanos mayores. No hay más que recordar ese pie de Jennifer Beals en las gónadas de Michael Nouri o la tremenda ducha en medio del escenario. El trabajo de los actores, más que discreto, y la película, a tener en cuenta sólo como un éxito del pasado.

Recomendada para adictos a los moldeados y para todos aquellos que van bailando por la calle de camino al trabajo.

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