Ficha

País

Francia, Italia, UK

Año

2004

Título original

Les rivières pourpres 2: Les anges de l'apocalypse

Duración

100min

Dirección

Olivier Dahan

Guión

Luc Besson

Reparto

Jean Reno, Benoît Magimel, Christopher Lee, Camille Natta

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Crítica de Los ríos de color púrpura 2
Autor: malabesta
Fecha: 28/04/2004.
Póster Los ríos de color púrpura 2

Los ríos de color púrpura 2

Digerido por malabesta

Es ésta una película de alta alcurnia y baja cama. Nacida de la tan traída y llevada excepción cultural francesa, los contribuyentes han invertido parte de su dinero en un producto que no es más que una imitación tirando a mala del peor cine comercial americano, y además seguro que más cara.

Esta crítica será como los librojuegos de hace unos años. Todo aquel que haya tenido la desgracia de ver "Los ríos de color púrpura" puede pasar directamente a las recomendaciones, pues la película, sin parecerse nada más que en el protagonista a la anterior, cojea de los mismos pies. El que no, que siga leyendo. La historia es la de la investigación de unos asesinatos de corte religioso que se producen en la zona de Lorraine, investigados por dos policías: el comisario Niemans, interpretado por e Juan Moreno, ese francés natural de Cádiz que es Jean Reno, y el detective Reda, que tiene la cara del actor Benoît Magimel. Dichos crímenes parecen estar cometidos por el equipo vaticano de triatlón, pues aparecen por ahí un montón de franciscanos saltarines, que corren y saltan como si no hubiese mañana.

La aparición de los franciscanos asesinos da un giro radical a la investigación, claro que no tanto como uno se podría imaginar. Tras ver como corren, saltan, dan volteretas, reciben disparos, apuñalan, crucifican, mutilan y otras actividades igualmente lúdicas sin que se les eche hacia atrás la capucha en ningún momento, uno podría resolver el caso simplemente buscando quién ha comprado toneladas de horquillas y laca, porque tal rigidez sólo es posible con complicados andamiajes. Es que la película se pierde en su propia espectacularidad fallida. Si bien la historia no es que sea una maravilla, si estuviese enfocada de un modo más de andar por casa, sin tanto monje fantasma, persecución inútil y demás, es posible que incluso interesase a la mayoría de la gente. Pero la realidad es que es ampulosa, con escenarios excesivamente decadentes, oscura hasta la miopía, con trucos de cámara que acaban cansando y con unas peleas y tiroteos que, pretendiendo ser espectaculares, al espectador más curtido lo dejarán más bien frío.

Los actores la verdad es que no dan para mucho. Jean Reno basa su actuación en su supuesto carisma, hecho al que contribuyen sus compañeros de reparto, olvidables como los anuncios del metro. El único que merece mención es el incombustible Christopher Lee, no sólo porque tiene edad suficiente para ser el único testigo vivo de la crucifixión de Cristo, sino porque en cuanto aparece en pantalla (los pocos minutos que lo hace) simplemente hace desaparecer al resto de los actores. Lástima de versión original, pues su voz es una de las más impresionantes que se pueden escuchar en un cine, al margen de la de Constantino Romero.


Recomendada sin mucha insistencia para apocalípticos (integrados o no), visionarios, iluminados, adventistas en general, y para todos aquellos que creen que la capucha nunca pasará de moda.

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