Ficha

País

Japón

Año

2001

Título original

Onmyoji

Duración

116min

Dirección

Yojiro Takita

Guión

Baku Yumemakura

Reparto

Mansai Nomura, Hideaki Ito, Eriko Imai, Yui Natsukawa

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Crítica de El maestro del Ying y el Yang
Autor: sensillo
Fecha: 05/05/2004.
Póster El maestro del Ying y el Yang

El maestro del Ying y el Yang

Digerido por sensillo

Por Wuxia entendemos el género épico de aventuras protagonizadas por héroes esculpidos de la manera en que se interpreta la figura del perfecto caballero en la tradición oriental. Sabremos que ese género habrá llegado a tener por estos parajes la mitad del éxito que tiene en su lugar de origen cuando los hermanos Zucker y Jim Abrahams hagan una película que aquí titulen “Artes marciales como puedas”. En esa parodia encontraríamos sin lugar a dudas muchas escenas que podrían haber sido inspiradas por “El maestro del Ying y el Yang”, como podrían haberlo sido de tantas otras. Ojalá fuese más entretenida que la decepcionante “Scary Movie 3” o, sin ir más lejos, que la película que estamos tratando.

“El maestro del Ying y el Yang” es una película frustrante que pierde una tras otra infinidad de posibilidades de resultar entretenida. Como, aún así, se ve que hay gente para todo, siempre habrá a quien le guste, en tal número que incluso ya se ha rodado la secuela. Aquí se ha estrenado hace poco directamente en los videoclubs aunque yo, personalmente, no la hubiera echado en falta.

Las peleas de artes marciales son sustituidas aquí por duelos de magia entre los dos antagonistas. En vez de enfrentarse físicamente, en su lugar lo hacen espectros de vivos colores y otros efectos infográficos. Los magos se limitan a repetir cansinas letanías que vienen siendo el análogo esotérico y místico del viejo y conocido “¡Alirón, alirón el atlétic campeón!”. Como los espíritus son muy sensibles a estas cosas, siempre gana quien tiene mejor hinchada.

Cuenta una historia de esas en las que muchos deseamos sumergirnos: hay un héroe y un villano, espíritus vengativos y antiguas profecías, amores trágicos y otros que acaban bien. Estamos seguros de que incluso el hombre mirando un poste #1 tiene tras de sí algo realmente grande que contar. Y sin embargo, por alguna razón, no nos dejan involucrarnos en la película, que se termina viendo con indiferencia primero, y luego con hastío. Se pierde mucho tiempo en cosas accesorias, reiterando pesadamente algunas ideas, mientras que lo verdaderamente importante es tratado casi de puntillas.

El primero en apartar, con malos modales, al espectador de la película, es el personaje protagonista, maestro en el Ying y el Yang y cualquier cosa que le pongan por delante. Es muy difícil sufrir con las cuitas del bueno de la película cuando no lo ves ni ligeramente preocupado. Puede que el mundo corra el peligro de verse invadido por una horda de demonios que roben el espíritu de la Navidad y los sustituyan por ganas de hacer pis, pero eso no es nada que el protagonista no pueda solucionar sólo chasqueando los dedos. El diseño de personajes es prácticamente inexistente, de manera que acaba la película y a la mayoría de ellos los conoces menos que al señor de bigote al que ves de vez en cuando en el autobús. A ello no ayuda, precisamente, el trabajo de interpretación, que está más o menos al mismo nivel que el de los niños de las teleseries españolas, tan simpáticos todos ellos. Uno puede estar acostumbrado a un estilo de interpretación poco naturalista, parecido al del cine mudo, tan típico de muchos productos orientales, pero aquí huele más bien a chapuza de festival de bachillerato.

El apartado de defectos especiales tampoco será un buen reclamo para los aficionados a este tipo de detalles más técnicos, así que si hay que quedarse con algo, que sea por la exótica recreación del Japón del siglo XVIII y por la bonita fotografía. También con las buenas intenciones, pues el género fantástico no se prodiga mucho más allá de las exhibiciones visuales de muchas superproducciones.

Recomendada a aquellos a quienes los espíritus no les dejan dormir y no saben por qué. Puntuacion