Ficha

País

USA

Año

2004

Título original

The prince and me

Duración

150min

Dirección

Martha Coolidge

Guión

Jack Amiel, Michael Begler, Katherine Fugate

Reparto

Julia Stiles, Luke Mably, Ben Miller, Miranda Richardson

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Crítica de El príncipe y yo
Autor: malabesta
Fecha: 25/05/2004.
Póster El príncipe y yo

El príncipe y yo

Digerido por malabesta

Qué curioso es el mundo del cine. En las fechas que corren, en la vorágine de revistas, informativos y tertulias que han rodeado la boda de nuestro Príncipe, van y estrenan esta película, llamada "El príncipe y yo". Dicha coincidencia será, sin duda, el mejor recuerdo que guardaré de la misma.

"El príncipe y yo" pretende ser, sin duda, una comedia romántica. Lástima que no lo consiga. Supongo que en parte es culpa de la original historia. Un príncipe de un lejano país viaja de incógnito a USA atraído por sus mujeres, acompañado de su fiel y curioso sirviente personal. Una vez llegado al país de las barras y estrellas se enamora perdidamente de una de sus compañeras de trabajo, con la que comparte la dedicación (eventual) al negocio de la restauración. Donde la película da un giro sorprendente es cuando uno se entera de que el prota no es un negro bigotudo con afición a interpretar sus propios personajes secundarios. Lástima que a mí personalmente dicho giro no me llegó para hacer emocionante el resto de la película.

Por supuesto, una historia poco original nunca ha sido óbice para una buena película, siempre y cuando los personajes tengan algo de chicha. Veamos cómo son. Por un lado tenemos la figura del príncipe heredero de Dinamarca, díscolo joven aficionado a las modelos, a las carreras de coches en plena ciudad y en general a todo aquello que uno espera de un playboy típico. Claro que la cosa chirría un poco cuando, de repente y sin previo aviso resulta que entre carrera y carrera este, repito, díscolo individuo parece que no tenía mejor manera que pasar el tiempo que dedicarse a hacer estudios de literatura comparada sobre Shakespeare, su teatro, sus personajes y sus sonetos. Pero ahí no acaba. Resulta que cuando llega a la universidad, junto con su mayordomo, que viene a ser una mezcla entre el Agente Smith y Hugh Grant, ambos comparten una habitación, el asistente cocina, plancha, lo sigue a todas partes y no tiene otra dedicación que la de servirle. Repito, cocina y plancha, plancha hasta sus reales calzones. Y nadie, nadie, ni siquiera su otro compañero de cuarto, levanta una ceja con extrañeza.

Luego está el personaje de Julia Stiles, que como es la protagonista de la película, se supone que es la chica que a todos nos debería de caer bien. Es buena con sus compañeros de trabajo, con su familia, estudia mucho, saca muy buenas notas, se paga su carrera... O sea, que es tan, pero tan buena, que la verdad, uno no se entusiasma mucho con ella.

El trabajo actoral no es nada del otro jueves; tampoco es malo, hay que decirlo, pero teniendo en cuenta que todo lo demás sí, uno no puede aferrarse mucho a él. Supongo que si uno ve la película con un poco más de complicidad (yo creo que más que complicidad ya se necesitaría pertenencia a banda armada) podría disfrutar de ella. Ni siquiera las continuas apariciones de Julia Stiles, ángel encarnado, animan a uno a seguir viendo la película, que termina siendo una sucesión de escenas cursis, malas, horribles (incluida una carrera de cortacéspedes) y de nuevo cursis.

Recomendada débilmente para adolescentes aburridos, y para Jaime Peñafiel, para que aprenda lo que es sufrir.

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