Ficha

País

USA

Año

2001

Título original

The majestic

Duración

156min

Dirección

Frank Darabont

Guión

Michael Sloane

Reparto

Jim Carrey, Martin Landau, Bruce Campbell, Laurie Holden, Susan Willis

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Crítica de The Majestic
Autor: sensillo
Fecha: 27/05/2004.
Póster The Majestic

The Majestic

Digerido por sensillo

Antes que nada, me gustaría aclarar que he sido incapaz de encontrarle la gracia a las películas más populares de Jim Carrey. La gente que me quiere bien me advierte de que gracias a ello me ahorré sufrir “Yo, yo mismo e Irene”, que defraudó incluso a muchos de sus incondicionales. Con esto no pretendo sumarme a las filas de quienes han lapidado sin piedad a un actor más que competente, dotado de un dominio facial que podrá no gustar, pero que no se puede negar que es impresionante. Éste es uno de los trabajos con los que intentó escapar del personaje que creó. Le dieron un buen palo en taquilla, si la comparamos con otras películas de Carrey, pero como no tengo acciones en la productora de Stephen King, afirmo que lo importante es participar.

Al contrario que las dos anteriores películas de Frank Darabont, “Cadena perpetua” y “La milla verde”, el guión de “The Majestic” no está basado en ningún relato de Stephen King, con lo cual el guionista lo habrá tenido más fácil. O tal vez no, pues en muchas ocasiones Stephen King ha tenido mejor fortuna en la pantalla grande que en sus libros, como en “El resplandor” o tal vez en “Carrie”. Incluso “Christine” de Carpenter no carece de cierto encanto en determinados círculos de...bueno, de gente muy rara.


“The Majestic” cuenta la historia de un guionista perseguido en la caza de brujas que sufre un accidente de coche en el que pierde la memoria. Llega a un pequeño pueblo donde lo confunden con un desaparecido de la II Guerra Mundial y allí empieza a vivir otra vida. En esencia, la historia de un hombre que se encuentra a sí mismo a través de una ficción, contada a lo largo de más de dos horas, que no se hacen precisamente cortas. Quizás el excesivo metraje sea el principal defecto de un guión que, no obstante, no da muestras de torpeza.

Aborda ciertos aspectos que trataría dos años después de manera mucho más mágica (en todos los sentidos) Tim burton con su “Big fish”. También en esta historia la ficción y los recuerdos distorsionados definen la realidad de una manera más rica y, sobre todo, más provechosa para todos. El hecho de que el protagonista reabra la sala de cine del pueblo cuyo nombre da título a la película no deja de ser un homenaje al cine en su papel de factoría de sueños. Gran parte del film está empapado de una cinefilia en su sentido más amplio, entendiendo la afición al cine como algo más que disfrutar solamente de las películas.

El guión avanza tal vez de manera un tanto lenta, pero con paso firme, de manera que aunque lo que cuente pueda ser inverosímil, cualquiera que se haya introducido en la película se cree todo lo que va pasando como si cualquier otra cosa resultase ilógica. No se apunta a la cansina moda de ametrallar al espectador con cientos de previsibles y absurdos giros inesperados que pretendan ser por sí mismos la justificación de toda la película.

No hay grandes sorpresas, y al final ganan los buenos y triunfa la rectitud, lo que, en opinión del personaje protagonista, es lo que tiene que suceder siempre. Por eso no voy a tener excesivos reparos en hablar del final. Me decepcionó un poco por dos motivos. El primero es bastante personal, y ya que comencé este artículo comentando mi antipatía por las comedias de Jim Carrey, termino confesando que no comparto en absoluto la pasión de tantos americanos por los juicios.

Sé que a más de uno le sentarán como una patada las invocaciones a la Constitución americana con sus enmiendas, y los discursos de exaltación patriótica. A grandes rasgos, el mensaje es el mismo que podría gritar alguien con media cara pintada de pitufo, y en ese caso son muchos menos quienes se escandalizan. Lo que disgusta es que se pierde la sutileza y al final de la película el tema que ha flotado todo el rato sin estorbar el desarrollo de la acción se explicita al final de una forma muy poco elegante.


Recomendada a la fallera mayor, por ejemplo. Puntuacion