Ficha

País

USA

Año

2004

Título original

The day after tomorrow

Duración

124min

Dirección

Roland Emmerich

Guión

Roland Emmerich, Jeffrey Nachmanoff

Reparto

Dennis Quaid, Jackie Gyllenhaall, Emmy Rossum, Dash Mihok

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Crítica de El día de mañana
Autor: bronte
Fecha: 28/05/2004.
Póster El día de mañana

El día de mañana

Digerido por bronte

Cuando medio planeta se está congelando, alguien dice en "El día de mañana": "En España se está de maravilla; ojalá estuviéramos allí". Será difícil volver a ver semejante impagable publicidad en el cine americano en los próximos años. Es lo que tienen estas cosas. Aparte de eso, quien se acerque al cine a ver esta película se encontrará con espectáculo. Espectáculo con mayúsculas. Supongo que cuando nuestros bisabuelos veían "Barcelona en tranvía" de Ricardo Baños, con esa cámara situada en la parte frontal del tranvía, sentirían lo mismo que podemos sentir nosotros ahora viendo "El día de mañana ". Es la fascinación de la imagen. La fascinación de confirmar que el único límite reside en la imaginación.

Porque se pongan como se pongan, las imágenes que nos ofrece esta película son impresionantes. Pero no sólo impresionantes. Son además, hermosas. Esos planos de La Tierra desde el espacio, o esos tornados gigantes, o los tsunamis imposibles... Los procesos de congelación no sólo responden a una técnica brillante, es que además gozan de una fuerza dramática de primera magnitud. Todos aquellos que conocemos N.Y.C. o L.A. sufrimos cuando vemos como esas ciudades sucumben ante un cambio climático drástico y salvaje. Todos los que hemos pisado sus calles, no damos crédito ante el hecho de que tal perfección formal se pueda alcanzar.

Adornando todo esto, los tópicos del género de catástrofes: varios personajes diseminados en distintas localizaciones espaciales que no pueden comunicarse entre sí; un héroe científico que no ha sido capaz de atender su compromiso más directo, su familia, y que va a encontrar su redención a través de los chuzos de punta; políticos muy malos que sólo piensan en el dinero, entorpeciendo continuamente el trabajo de los científicos; un grupo de damnificados que caminan hacia la muerte, pese a que el coprotagonista les advierta que es una mala opción, y no, mis queridos lectores, tampoco nos libramos del amorío que nace y se desarrolla en medio del desastre.

Claro que en esta ocasión el amorío, la verdad, es que desacomoda un poco el estómago, porque si bien está protagonizado por la agradable Emmy Rossum, en el otro rincón tenemos a Jake Gyllenhaal, que no sólo es más feo que robarle la paga a un jubilado de Lavapiés, sino que además como actor, tiene la misma capacidad que la momia; vaya, que está muerto. Es totalmente increíble que de un hombre como Dennis Quaid, con una de las sonrisas más bonitas del mundo, con una mirada llena de significado, haya nacido este... este cacho de carne. Muerto. Aparte de él, el resto del reparto cumple de sobra.

La presencia de todos estos tópicos, utilizados sabiamente no sólo no entorpecen la película sino que reafirman su pertenencia a un género, el de catástrofes, que es casi tan antiguo como el propio cine. Si la película desfallece un poco, es justamente cuando el protagonista de "Donnie Darko" empieza a ejercer de héroe, y la acción se retarda un poco, perdiéndose en bailes con lobos que ciertamente sobran. Ahora eso sí, como parece que hacer cine-espectáculo por el simple gusto de hacerlo, está mal visto, la película nos regala con una cierta moralina ecologista, que hará las delicias de los productores de cultivo de cáñamo terapéutico del mundo.

Porque pensémoslo bien: ¿Qué países se ven afectados por el cambio climático? Los países ricos, el hemisferio norte. Y además, los malvados Estados Unidos aprenden de su error de no ratificar el protocolo de Kyoto. Y fíjate tú por donde, que el hemisferio sur se queda tan pancho. Como si en la selva amazónica no estuvieran colaborando a dejarnos sin árboles. Vaya, que la moralina simple corre a raudales, contrarrestada por cierta carga simbólica como el barco ruso, o el papel preponderante de la biblioteca en toda la historia; y sobre todo, la metáfora del momento crítico que vive el país productor. Pero con todo, la película merece verse aunque sólo sea por la magnificencia visual. Y porque además, en la línea didáctica del cine americano, uno siempre puede entender por qué no es bueno utilizar aerosoles.

Por último: por favor, si algún doblador me está leyendo, a ver cuando se enteran de que la palabra "chauvinist" es lo que se llama un "falso amigo". En español, chovinismo significa: "Exaltación desmesurada de lo nacional frente a lo extranjero", pero en inglés coloquial significa "machismo". Así cuando un personaje femenino dice: "Nietzsche was a chauvinist pig", no quiere decir que fuera francés. Quiere decir que era un machista, que parece mucho más acertado, ¿no? Tanta incompetencia clama al cielo.

Recomendada para fanáticos del aire acondicionado y adolescentes necrófilas.

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