Ficha

País

UK, España

Año

2004

Título original

The reckoning

Duración

112min

Dirección

Paul McGuigan

Guión

Mark Mills

Reparto

Paul Bettan, Marian Aguilera, Willem Dafoe, Vincent Cassell, Brian Cox

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Crítica de El misterio de Wells
Autor: bronte
Fecha: 16/06/2004.
Póster El misterio de Wells

El misterio de Wells

Digerido por bronte

Lo bueno de "El misterio de Wells" es que después de ver "Blueberry" las cosas sólo pueden ir a mejor. Lo malo es que como sale Vincent Cassel también en ésta, una no puede evitar acordarse de "Blueberry". Y vuelve la sensación del escozor de ojos y eso es terrible. Aparte de esto, hay que reconocer que "El misterio de Wells" es una película que merece la pena ser vista, y que destaca por su "originalidad" en este momento tan nuestro de la cartelera.

Glosando brevemente diré que esta película trata de un grupo de cómicos de la Inglaterra del siglo XIV, que a través del teatro se aventuran a descubrir el asesinato de un adolescente nativo del pueblo donde han recalado para trabajar. Lo primero que sorprende en esta película es el acierto de los dobladores (del título), cosa muy infrecuente. Porque si bien es cierto que "El misterio de Wells" automáticamente nos remite a una historia de intriga, también es cierta su polivalencia, ya que dentro de estas obras teatrales medievales había un tipo específico llamadas justamente "misterios". Obras que se dieron sobre todo en Francia. De ahí que haya que decir que es evidente que entre los que tradujeron el título, en esta ocasión había uno "estudiado". Por lo menos con un curso CCC.

También llama la atención que "El misterio de Wells", sea una coproducción hispano-británica, mayormente por la parte hispana. Ahí tenemos a Vía digital y Antena 3, produciendo una película en la que hay una historia, unos personajes, una intriga, una filosofía... y no lo que estamos acostumbrados a que nos "echen" por aquí. Y como cuando se dice una cosa, también hay que decir la otra, enhorbuena por la valentía en esta producción, que da ciertas mínimas esperanzas para el terribilísimo cine nacional.

Evidentemente cuando uno se encuentra con una película de cierta complejidad argumental y estructural y a la vez ciertamente entretenida, no puede evitar pensar que es originalmente una novela, y en este caso no se equivoca ("Morality play" de Barry Unsworth), porque para el cine directamente, ya no se escribe nada así. Demasiado tiempo y demasiado dinero. Y ahora intentaré resumir que es lo que se van a encontrar si deciden poner sus ojos en esta pantalla.

En primer lugar se van a encontrar con una recreación del mundo del teatro en plena Edad Media: sus trajes, sus textos, sus formas de interpretación, su forma de cobro, su improvisación, su vida en general... Y descubrirán qué poco ha cambiado la cosa en siete siglos. Porque ver una obra de teatro contemporáneo y ver esto, viene a ser lo mismo, con la diferencia de que las obras medievales resultan infinitamente más entretenidas e interesantes. Pero vamos, que sigue la cosa de los saltimbanquis, del contorsionismo, de pegar saltos, de llevar trajes así muy vistosos tipo carnavalesco y colgarse medio desnudos de estructuras metálicas como si fuera el no va más. Ah, no, esto fue en el Fórum.

También se encontrarán con una pequeña revisión a la historia del teatro, pues es cierto que el teatro renace en la Edad Media representando escenas religiosas, y que poco a poco va evolucionando a formas más profanas. En "El misterio de Wells", esa evolución se ve cuando el grupo de cómicos decide un día escenificar de forma improvisada el asesinato del muchacho (metareferencialidad, qué gustito). Deciden representar "El misterio de Wells" seguros de que así van a ganar más dinero que representando "La creación de Adán y Eva". Y aquí es donde reside lo realmente interesante de la película, pues constituye una notable reflexión sobre el papel del arte en el mundo. Se trata de representar la realidad que nos rodea y tratar de influir en ella, (pues con esta representación se tratará de esclarecer la auténtica autoría del asesinato). Se habla de la importancia de los artístas como factor de revolución social, pero también como testigos de su tiempo, como notarios de lo coetáneo.

Se habla de los valores inmutables de la justicia y de la verdad y del compromiso que todos tenemos con ellos, y al mismo tiempo de cuáles son los resortes del público, pues los cómicos saben que la gente agradecerá más el morbo del asesinato que cualquier otro tema. Asimismo se habla de la opresión "extranjera", pues nada inocentemente se nos avisa al principio de la película de que los ingleses están bajo la bota de los normandos (el nacionalismo está de moda), y sobre todo de una manera también un tanto reaccionaria, se nos habla del paso filosófico de la Edad Media al renacimiento, pues si bien en la Edad Media los hombres actúan empujados por su destino, el renacimiento justamente se identifica porque los hombres actúan bajo el mandato de su voluntad. Hacen las cosas "porque quieren"... También aparece la figura del tiranicidio, gran clásico ontológico del momento en el que está ambientada la película.

En general, aunque filosóficamente desde posturas progresistas haya algunos reproches que hacerle a la película, (que por ejemplo no se le pueden hacer a "El nombre de la rosa", inmediato y muy superior referente de "Los misterios de Wells"), hay que decir que es de lo mejor que hay últimamente en el cine, pese a que de una gran historia haya resultado un guión más que discreto, y una muy discutible dirección. Los actores están cada uno en un registro diferente, con mención especial de Elvira Mínguez, una más que solvente actriz, pero que aquí parece recién sacada de la inauguración del Fórum (aparte de ser el único personaje que no tiene frío en el filme). En todo caso, mil millones de veces mejor que Gina McKee con su cara de conejillo asustado al tiempo que chupa moflete para sacar pómulo. Bettany, realmente histérico. Cox y Dafoe en su papel. Tom Hardy para la agenda.

Por otra parte, el director no acaba de decidir que tono quiere darle a la película. A veces fábula moral, otras vez performance tipo happening, de vez en cuando registro realista, ora naturalista, ora película de terror... La fotografía también cambia que da gusto, y de imágenes memorables, se pasa a la fotografía de telefilme en menos que canta un gallo. La música un tanto chirriante. Por último, Vincent Cassel aquí no está nada mal.

No obstante, insisto en que merece la pena ser vista porque además no aburre. Recomendada para estudiantes de teatro que quieran conocer las últimas tendencias y para todos aquellos que gusten de ponerse medievales en traseros ajenos. Puntuacion