Ficha

País

USA

Año

2002

Título original

Unconditional love

Duración

121min

Dirección

P. J. Hogan

Guión

Jocelyn Moorhouse, P. J. Hogan

Reparto

Kathy Bates, Rupert Everett, Jonathan Pryce, Dan Aykroyd

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Crítica de Amor incondicional
Autor: bronte
Fecha: 17/07/2004.
Póster Amor incondicional

Amor incondicional

Digerido por bronte

Desde luego, si hay una crítica magna que hacerle a "Amor incondicional" es la manera en que Jonathan Pryce asesina con sus propias manos, o mejor dicho, con su propia garganta, clásicos como "You were always on my mind" o "Close to you". Un director tan "cute" como P.J. Hogan podía haber puesto un poco de más de atención en la interpretación y arreglos de estas canciones, que en la mente de todos resuenan en las magníficas grabaciones de Elvis o de los Carpenters, y no permitir esas versiones tan lamentables. Y no es que Pryce cante mal, que no. Es sólo que la sombra de sus antecesores es demasiado alargada. La que sí sorprende con un timbre de voz notable es Kathy Bates, que se marca el "I can't smile without you" de Barry Manilow, con una pericia que ya muchos de las listas de las radio-fórmulas quisieran. Bueno, bien pensando, cantar mejor que los que copan los "top-hits" no es tan difícil. Pero en Hollywood todo el mundo canta bien, está visto.

El caso es que si uno se fija en la lista musical, ya puede ir intuyendo que esto se parece mucho a "La boda de mi mejor amigo". Por una parte tenemos una compilación musical de éxitos de los que ya no hay. También hay escenas en las que los personajes cantan a solas, a duo, o en grupos ingentes. De hecho, hasta sale Julia Andrews haciendo de Julia Andrews y animando la cosa con dos canciones. También aparece Barry Manilow haciendo lo propio. No falta Rupert Everett interpretando a un homosexual y no seré yo quien diga que empieza a encasillarse, ni desde luego quien apunte las posibles causas de esta fijación (que todos conocemos). Además estamos frente a una comedia romántica con momentos realmente hilarantes. Aún diré más, bastante más hilarantes que su predecesora. No es difícil reírse con esta película y sus a veces absurdos rasgos de humor, por no citar el desternillante clímax final rodado con generosa habilidad cómica.

Pero como es una comedia romántica, espérense también momentos emotivos, y una reflexión de fondo sobre el amor, el amor incondicional, sobre cómo el amor a veces anula a las personas y sobre cómo es importante no perderse a uno mismo. O sea, poco nuevo aunque tampoco viejo. Todo esto envuelto en una trama en la que una mujer abandonada por su marido, decide ir al funeral de su británico cantante favorito en Inglaterra, donde conoce a su amante (varón), y ambos deciden encontrar al americano asesino del asesino de canciones. La historia así en principio parece atractiva, pero sinceramente está bastante mal desarrollada en cuanto a la estructura. De hecho, hasta pasada una hora de metraje no deciden buscar al asesino (de la ballesta), con lo que al final todo se precipita de manera brusca. Digamos que el metraje va a trompicones, y a veces las secuencias se hacen tediosas y pesaditas, que viene a ser lo mismo. Además la solución a la trama también es un tanto rebuscada, así como las psicopatías de algunos personajes, pero se perdona todo, porque esto no es un capítulo de CSI.

Hay que añadir que no estoy totalmente de acuerdo con el personaje que ejerce de alivio cómico, pues se hace un poco repelente y mucha gracia no causa. Rupert Everett más o menos se limita a ejercer de homosexual altamente atractivo, como siempre, y afortunadamente por ahí está Kathy Bates que ella sola levanta lo que sea. No hace falta recordar lo excepcional actriz que es esta mujer, y cómo en esta película transmite una humanidad que pocos actores consiguen revelar. Y además, en un filme de P.J. Hogan en el que todo es bonito, suave y hasta los dramas viene recubiertos de terciopelo, pues se multiplica la potencia de la cosa. La película merece la pena ser vista aunque sólo sea por la magnífica interpretación de su protagonista femenina. La novedad, que ya no es lo es tanto es la cada vez más normalizada presencia de los homosexuales en las historias, y su cada vez menos presente caracterización como "locas", lo cual agradecen los heterosexuales de bien. También la emancipación femenina es importante en la historia, y la idea de la aceptación de los "diferentes". Aunque vaya por Dios la ropita que le han puesto a Jonathan Pryce (sobre el que no he dicho nada, pero que también está fenomenal, salvo cuando canta).

No es tan buena en conjunto como "La boda de mi mejor amigo", aunque tiene escenas aisladas que aquella no tiene ni por asomo. No es una película inolvidable, pero es probable que sea de las mejores que hay hoy en día en la cartelera. Además, no engaña a nadie. Ya todo el mundo se puede hacer una idea de cómo va. Así que está indicada para los amantes de las comedias románticas aterciopeladas. Ya sólo la secuencia inicial da una idea de la ternura que desprende todo el metraje.

Recomendada para gente que crea que Sara Montiel es no va más del gusto vistiendo, y para todos aquellos a los que no les importa que los heavies les llamen horteras.
Puntuacion