Ficha

País

UK

Año

1978

Título original

Superman

Duración

143min

Dirección

Richard Donner

Guión

Mario Puzo, David Newman, Leslie Newman, Robert Benton, Tom Mankiewicz

Reparto

Christopher Reeve, Margot Kidder, Marlon Brando, Gene Hackman, Glenn Ford

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Crítica de Superman
Autor: bronte
Fecha: 20/07/2004.
Póster Superman

Superman

Digerido por bronte

Muchos se sorprenderán si nos referimos al origen judío de Superman (el primer superhéroe), y de los comics en general, tal y como los conocemos. Y no, no se trata de una nueva fase en su plan para dominar el mundo, sino otra de las magníficas aportaciones que la cultura occidental nunca agradecerá lo suficiente. En el caso de Superman, no es sólo que sus "padres", Jerry Siegel y Joe Shuster, fueran judíos, como en el caso de otros tantos creadores de comics. Es que además, este superhombre tiene rasgos y representa metáforas inequívocamente israelitas. Para empezar, su nombre orginal, Kal-el, no es más que la traducción fonética del hebreo "En todo está Dios". Para seguir, la idea de un "ser invencible, guardian de la seguridad del pueblo" (base de los superhéroes) está directamente sacada de la leyenda judía del Golem, y por si fuera poco, la propia peripecia vital de Superman, la manera en la que sus padres lo envían a la Tierra, refleja el drama de muchos padres judíos alemanes que en las vísperas de la segunda guerra mundial mandaban a sus hijos a USA con la esperanza de poder salvar así su vida (lo malo es que no todos tuvieron esa suerte; ya lo dice el propio Superman "Con todos mis superpoderes y no he podido salvarle", idea recurrente en el personaje).

Si nos ponemos así, el mismo Jor-El, padre de la criatura, encarna a todos aquellos que en los 30 avisaron por activa y por pasiva del horror humano que se avecinaba mientras los europeos miraban hacia otro lado, y que en la historia original queda sublimado como la destrucción total de Krypton. Superman es además el único superhéroe que oculta su verdadera identidad en la vida cotidiana, y no cuando se pone el pijama, como el resto. Mientras que Bruce Wayne es Bruce Wayne, y por las noches se disfraza de Batman, y Peter Parker es Peter Parker, y se disfraza de Spiderman a la hora del cóctel, Superman es Superman, y para ganarse las pesetas se disfraza de Clark Kent. Y esto tiene mucho que ver con el sentimiento de necesidad de ocultación que tienen los judíos, y la intuición de que mostrarse sin tapujos, en cualquier parte, a cualquier hora, puede despertar a una turba de linchadores dispuestos a culparles de todos los males del mundo.

Todo esto sale reflejado en "Superman", película de 1978, en la que el personaje principal emulando los cómics, llega a decir que "I'm here to fight for truth, and justice, and the American way". Por supuesto, en la banda española esto se sustituyó por verdad, justicia y "el modo de vida de los hombres". Pero si nos ponemos en el contexto original, en el que las máximas aportaciones europeas eran las dictaduras totalitarias soviética y nazi, parece que ya tiene más sentido la cosa. Y es que Superman no se anda con zarandajas. Es un héroe que lucha por el bien y no tiene conflictos internos, ni crisis de responsabilidad por ello, ni necesita invocar traumas infantiles para dedicarse a lo que se dedica. Supermán es un héroe mítico, y como tal, representa una conducta muy estilizada, carente de recovecos y dobles fondos, lo que propicia que no pocos estudiosos acusen de "simple" a lo que es un arquetipo, (y un arquetipo tan éxitoso a juzgar por el número de "copias" que ha tenido). La motivación de este superhombre es el mandato del Talmud de "hacer el bien allí donde vaya, e intentar curar el mundo allí donde sea posible". Y no hay más vueltas que darle.

Ahora bien ¿por qué Superman sigue siendo la mejor película del género de superhéroes?. En primer lugar, hay que darse cuenta de la dificultad de la cosa, pues no había sólo que hacer la presentación del personaje, sino que había que hacer el "bio-pic" íntegro. No es posible entender la génesis si no sabemos de Krypton, del viaje interestelar, de la casa de los Señores Kent... Además de eso, hay que llegar al proceso de auto-reconocimiento del héroe en el polo norte, situarle en Metrópolis para que entendamos su doble vida, y finalmente presentar una plan diabólico que desvaratar con malvado incluido al que vencer. Parece mucha cosa para meter en 143 minutos. Sin embargo, Richard Donner (director), ayudado por Mario Puzo (guionista), consigue plasmar esto y más, a través de una estructura basada en una sucesión de climax que van en "crescendo". El momento en que la nave del pequeño Kal-El abandona su planeta natal, cuando levanta la furgoneta de sus padres adoptivos, el instante en que descubre quién es, el episodio del helicóptero... y todo ello sin caer en la sensación episódica o de deslabazamiento.

También es muy de agradecer el presente tono cómico de la película, y no sólo en los personajes malvados, en los que es evidente, sino en todos ellos. Los mismos Lois Lane y Superman encarnan un tipo de protagonistas muy dados al "chascarrillo", todo ello propiciado por la autoconsciencia del filme de su propia infantilidad. Todo el equipo de esta película sabía que estaba haciendo una película blanca, inocente en su forma, desprovisto el contenido del sentido original inmediato (ya habían pasado 40 años desde el holocausto), y de ahí, hasta la referencia a Superman como simil del cuento de Peter Pan en el propio guión. Asimismo, la película cuenta con una buena dosis de romance, y dudo que haya muchas escenas en cualquier otra película de este tipo, comparables al vuelo que el superhéroe hace con Lois Lane, adornadado tan sólo por la fabulosa música de John Williams, y por la voz en off de la periodista declarando su amor por ese "Dios" que planea a su lado. Una secuencia ya clásica. Y es que la química entre Christopher Reeve, inhumanamente guapo en esta película, y la injustamente cuestionada Margot Kidder, me parece a mí innegable. El momento en que Superman adivina el color de la ropa interior de Lois... qué momento... Superman no es sólo un héroe valiente e indestructible. Es además el yerno con el que toda suegra sueña.

Tenemos entonces una película basada fundamentalmente en el guión. Lo cual no quiere decir que los efectos especiales no sean más que resultones, impactantes en su época, y aún hoy en día bastante más válidos que mucha de la infografía que se ve por ahí. Pero, si "Superman" tiene algo bueno, es que no necesita maratonianas escenas de lucha para acabar con sus enemigos. No se ven en esta película interminables patadas y llaves de artes marciales. Siempre al grano, tocado y hundido, lo cual hace que nos podamos centrar en cosas mucho más interesantes como la relación de Superman con el mundo, las vistas espectaculares (como de la un preciosísimo Manhattan rodado como antes nunca lo habíamos visto), la talentosa dirección artística (con esos decorados de Krypton y el Polo Norte) o los sabrosos diálogos a cargo de personajes como Perry White o Lex Luthor. Y es que me cuesta pensar en un malvado tan canónico como el interpretado por Gene Hackman, tan irónico, prepotente y a la vez simpático.

Gene Hackman, magnífico, no es la única superestrella del filme. También está Marlon Brando (papá), que se llevó un buen pellizco por aparecer 10 minutos en pantalla, pero que daba un plus de prestigio a la película. Está Glenn Ford (padre putativo), un megaclásico del cine (el que abofeteó a Gilda), cuya intervención es sentida y emocionante. Jackie Cooper, como director del "Daily Planet" y responsable de parte de las mejores frases del filme, Trevor Howard, María Schell, Terence Stamp, Susannah York, Larry Hagman... Y el propio Christopher Reeve, inmejorable en este papel (sólo pensar en la posibilidad de que Jake Gyllenhaal interprete a un nuevo Superman y se me abren las carnes). Un reparto de un nivel muy difícil de ver hoy en día. Y todos ellos al servicio de una película en la que fotografía respeta las líneas depuradas y los fondos lisos en justo homenaje al comic y en la que todo sabe colaborar al engrandecimiento del héroe. Ahora bien, esto todo no es más que relleno. Lo realmente importante de Superman es el modo en que nos sigue emocionando cuando se abre la camisa dejando ver el logo de la marca, lo que disfrutamos cuando le vemos volando sobre la estatua de la libertad y de las torres gemelas, la manera en que sufre cuando se acerca a un trozo de kryptonita o el momento en el que por amor decide "inmiscuirse en la historia de los hombres". Todo un clásico que aquellos no cegados por el poder de los f/x y de las patadas de kung-fu sabrán reconocer.

Recomendada para todos aquellos que rechazan imitaciones y para los que tienen muy claro que quieren que gane el bueno. Puntuacion