Ficha

País

España

Año

2004

Título original

Mar adentro

Duración

125min

Dirección

Alejandro Amenábar

Guión

Alejandro Amenábar, Mateo Gil

Reparto

Javier Bardem, Belén Rueda, Lola Dueñas, Mabel Rivera, José María Pou

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Crítica de Mar adentro
Autor: bronte
Fecha: 07/09/2004.
Póster Mar adentro

Mar adentro

Digerido por bronte

“Mar adentro” es un gran ejemplo de la peligrosa tendencia que en España se ha venido asumiendo como válida en los últimos tiempos, y esto es, aplicar a todo conflicto un debate epidérmico, basado en la emocionalidad más superficial y masificada y no en la discusión seria y razonada. Posiblemente, a raíz de ver "Mar adentro", gran parte de españoles aboguen abierta y decididamente por la legalización de la eutanasia, cosa que no es en absoluto reprochable, sino fuera porque aceptar tal premisa moral en una sociedad, debe ser algo apoyado en algo más serio y reflexivo que en el hecho de ver una película. Y más una película como "Mar adentro" que no en pocas ocasiones se desliza por los caminos más abyectos de la sensiblería y/o cursilería, por decirlo abiertamente. Y ese debate serio y razonado, por el momento en este país, ha brillado por su ausencia.

Y conste que es perfecto que un cineasta plasme su propia opinión en su obra. Faltaría más. Para eso está el arte. Pero el público debe estar ojo avizor de que eso no es más que su propia opinión, y no palabra indiscutible. Y es que el debate ético o filosófico de "Mar adentro" se reduce recurrentemente a la voluntad de Ramón Sampedro, al que se presenta como una especie de superhéroe, cuyo valor más visible es su empecinamiento en morir. Lo que en cierta manera resulta paradójico, por razones obvias. Y más cuando uno no desconoce que no fue su dolencia la que postró a Ramón Sampedro en una cama, sino su obstinación en no seguir un tratamiento que hubiera evitado una mayor atrofia y en no querer levantarse de la misma. Ofrece la película por lo tanto, un retrato sesgado en el que no se profundiza en la psique del personaje de manera seria y madura, sino que se le convierte en paladín maniqueo de lo que el autor quiere subrayar a toda costa. No seré yo quien entre en el debate de eutanasia sí o eutanasia no, porque soy consciente de que habrá argumentos tanto en favor o en contra, aunque déjenme que apunte aquí que las sociedades más dadas a políticas eutanásicas o eugenésicas han sido siempre aquellas de más marcado talante totalitario y fascista.

Lo que sí puedo decir es que parece que el caso de Ramón Sampedro no es un buen ejemplo para defender la eutanasia, ya que, y quien tenga la experiencia lo sabe, las abrumadora mayoría de las personas con problemas de paraplejia o tetraplejía desarrollan un amor por la vida y una capacidad para saber encontrar la vitalidad en cada pequeño detalle que son dignas de encomio. El desagradable episodio del sacerdote impedido, debería ser argumento suficiente para alertar al espectador agudo de que la película está llena de trampas y triquiñuelas, no para que uno decida libremente sobre el tema, sino para inocular, sea como sea, la opinión "políticamente correcta", aunque ello sea a costa de la más rendida frivolidad. Y no quiero entrar en el escarnio que se hace de la figura del sacerdote, que nadie entiende muy bien esta cruzada que tienen los artistas autóctonos contra los católicos y ese afán por ofender constantemente a gran parte de españoles que tienen tanto derecho como el que más a vivir en paz su credo, mientras no se metan con nadie. Lo realmente preocupante es esa burla encubierta contra el personaje "que quiere vivir" y que cree que "es posible encontrar alicientes en la vida". El autor debería haber sido más respetuoso con esta otra opción, que no sólo es la mayoritaria, la instintiva, sino que es además la aconsejable, porque si a todos nos diera por suicidarnos cada vez que tuviéramos un problema (cada uno evaluaría la importancia del suyo), esto se quedaría desierto en muy poco tiempo.

Amenábar es un gran director que sabe utilizar los resortes de la narración cinematográfica de manera magistral. Y esto está muy bien cuando se habla de fantasmas, o de tecnología "resurrectiva". Pero es harto feo utilizar los mismos trampantojos para un tema de este calibre, y más cuando uno es consciente de que su trabajo puede influir en la opinión de muchas personas. Un poco más de prudencia y profundización hubieran sido muy deseables.

Recomendada para gente que no quiera acudir a autores serios, objetivos y rigurosos para determinar sus opiniones sobre los grandes problemas de la vida Puntuacion