Ficha

País

USA

Año

2004

Título original

Never die alone

Duración

88min

Dirección

Ernest R. Dickerson

Guión

James Gibson

Reparto

DMX, Michael Ealy, David Arquette, Clifton Powell

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Crítica de Nunca mueras solo
Autor: malabesta
Fecha: 22/10/2004.
Póster Nunca mueras solo

Nunca mueras solo

Digerido por malabesta

“Nunca mueras solo” es cine negro. Esta afirmación, que puede parecer banal, encierra al menos dos aspectos cuestionables. Primero, que la truculenta historia pueda enmarcarse dentro del cine de gangsters, pues el hecho de que sus protagonistas reflejan poco la luz es evidente, y segundo el hecho de que sea cine.

Protagonizada por DMX (un rapero metido a actor) en el papel de King David, delincuente y narcotraficante que vuelve a su costa este natal a arreglar ciertos asuntos con su ex-jefe (Clifton Powell), al que había traicionado y robado diez años antes. Por supuesto, nada es tan fácil como parece y acaba entablando una relación breve pero intensa con un escritor venido a menos, David Arquette, ciertamente obsesionado con el submundo de la delincuencia afroamericana. La verdad es que a poco que se profundice un poco más en el guión, uno se pregunta cómo demonios una película como esta se ha estrenado fuera de las cárceles. No sólo es que, cual episodio de "Cosas de casa" o "El príncipe de Bel-Air", todos los personajes principales son afroamericanos, y los de otras etnias, chinoamericanos, hispanoamericanos y blancoamericanos en general, y se limitan en general a personalidades idiotas o totalmente despreciables (un enterrador que roba a sus "clientes", sin ir más lejos), a excepción de David Arquette.

Es que además es un burda y continua exhibición de DMX, que demuestra que es más chulo, más duro, más peligroso y más hortera que ningún otro, sino que encima es una apología del lumpen bastante flagrante. Basta con decir que dicho personaje se dedica al tráfico de heroína, con el que además se asegura de que sus novias no lo dejarán. En fin, si no fuera porque la verán unas tres o cuatro personas, sería hasta preocupante.

Entrando en detalles más de cine, los actores tienen la expresividad de los peones de negras, David Arquette incluído. El director cree que rodar con una fotografía degradada equivale a dar una imagen de realismo, y repite una y otra vez aquellos trucos visuales (cámaras subjetivas en tiroteos, por ejemplo) que le parecen más chuscos ad nauseam. La música, bueno... se pueden imaginar. Principalmente a cargo del citado DMX, que tiene la voz y el timbre de un niño cantor de Viena que se ha tragado una bombilla y medio litro de vitrolo. Aparece por ahí algún tema que quiere parecerse al jazz, pero enseguida lo estropean, o bien con otra canción o bien con la película en general. Cuanto ganan esas partes si se ven de espaldas.

En fin, una horrible película únicamente recomendada para examinadores del carnet de conducir, inspectores de hacienda y los señores que matan focas en la tele.

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