Ficha

País

Hong Kong

Año

1998

Título original

Feng yun xiong ba tian xia

Duración

128min

Dirección

Wai Keung Lau

Guión

Ma Wing Shing

Reparto

Aaron Kwok, Ekin Cheng, Sonny Chiba, Shu Qi, Kristy Yang

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Crítica de Storm Riders
Autor: sensillo
Fecha: 09/11/2004.
Póster Storm Riders

Storm Riders

Digerido por sensillo

Enésima adaptación de un cómic oriental de patadas y zambombazos de luz, que en su lugar de origen no dudo que tendrá muchos seguidores pero, por aquí, unos cuantos menos. Al igual que ocurría con “Akira” de Otomo, “Storm Riders” está dedicada a los lectores de la obra original, que quieran verla reflejada en la pantalla grande. Todos los demás nos encontramos siendo despachados con malas maneras, y encontramos desidia en la presentación de los personajes, muchos aspectos mal explicados y un montón de detalles totalmente accesorios que, suponemos, están ahí para que los incondicionales no rujan por su ausencia.

El género “Wuxia”, de guerreros de artes marciales que vuelan por los aires propulsados por invisibles, o no tan invisibles, cables, empieza a darse a conocer en Occidente merced a la deuda que “Matrix” contrajo de estas películas y también por un par de trabajos importados como puedan ser “Tigre y Dragón” y “Hero”. “Storm Riders”, aunque de generoso presupuesto, tiene unas aspiraciones más modestas y está destinada a ser prontamente olvidada, con poco que ofrecer salvo el tirón comercial del popular cómic en el que se basa. Quienes tengan como único contacto con el género al sin par Songoku, quizá esta película les evoque aquellas tardes de leche, cacao, avellanas y azúcar. Quienes carezcan del referente cultural de los cómics manga, tal vez evoquen jornadas más lisérgicas con sus hombrecillos azules y todo.

La historia, con muchas posibilidades, está lamentablemente mal explotada, desaprovechándose en todo momento la traducción del cómic al lenguaje cinematográfico de manera que no se consigue una obra con entidad propia, sino un torpe y mecánico reflejo con poco interés. Las motivaciones, e incluso la naturaleza misma de los personajes, cambian en ocasiones sin motivo aparente, a lo que hay q sumar unas interpretaciones que no ayudan precisamente a convencer. Mención aparte merece en este apartado el personaje malvado, interpretado con no mucho mejor acierto pero más magnetismo personal por Sonny Chiba. ¡Hay que ver cuánto les gusta a los chinos poner a japoneses interpretando roles malvados!.

Otro detalle, tan trivial como la película, pero que llama la atención, es la irreverencia con que los orientales tratan el budismo en sus películas de artes marciales. Hay que mantener un extremo cuidado con la religión cristiana para no ofender sensibilidades; impensable es presentar a un guerrero que extrae su fuerza de los sagrados calcetines de Mahoma. Las religiones orientales parecen ser, no obstante, más cercanas y benevolentes con la creación cinematográfica de aventurillas de serie B, y no parece que nadie perciba ofensa donde, por otro lado, no hay más que inocencia y candor.

Las coreografías de las peleas, por su parte, acusan una preocupante falta de imaginación, que es sustituida por colorines generados por ordenador, que añaden más confusión que otra cosa. Tampoco se consigue, aunque se intente, esa sensación de grandiosidad que se espera de una producción épica rodada con cierta holgura económica.

Recomendada a quienes reivindican el cable como medio de transporte ecológico, y a quienes madrugan, que Buda les ayuda. Puntuacion