Ficha

País

USA, UK, Hungría

Año

2004

Título original

Being Julia

Duración

105min

Dirección

Isván Szabó

Guión

Ronald Hardwood

Reparto

Annette Bening, Jeremy Irons, Bruce Greenwood, Miriam Margolyes

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Crítica de Conociendo a Julia
Autor: bronte
Fecha: 25/11/2004.
Póster Conociendo a Julia

Conociendo a Julia

Digerido por bronte

Si por algo destaca Sommerset Maugham es por el talento para describir dependencias psicológicas-emocionales. Sus novelas están plagadas de personajes que no pueden dejar a otros porque los necesitan. Además de eso, sus relatos también contienen ironía y talento, mucho talento. Así que es una lástima que un guionista que se mostró competente en trabajos como "El Pianista", Ronald Harwood, haya construido sobre una novela que se lo daba todo, semejante relato tan deslabazado.

No es que la película sólo sirva para el desguace. De hecho es de lo mejor que se ha visto últimamente, pero se echa en falta un poco de genio a la hora de organizar la trama y sobre todo a la hora de dotar de un significado ulterior a las subtramas. Afortunadamente, la época, 1938, y la dirección artística, loable, nos ofrecen un espectáculo lleno de glamour y encanto. Si a eso le añadimos que la trama está ambientada en el mundo del teatro, ya está todo dicho. Pero claro, los personajes nunca llegan a cuajar, aparecen y desaparecen aleatoriamente, y en ningún momento el espectador siente que son parte real del argumento. El ejemplo más claro lo tenemos en el interpretado por Michael Gambon, que lejos de ser un puntal de la película, se limita a aparecer cuando el director necesita que alguien diga esas frases. Lo mismo pasa con el hijo de Julia. Casi no aparece ni se sabe que existe, cuando por fin lo hace, parece un niñato sin más. Y al final de la película descubrimos que es una especie de Papa del Palmar que ejerce de oráculo con su madre.

Entre los actores brilla con luz propia Annette Bening, que construye el personaje de una diva del West End en los 30, con acierto sublime. Lástima que el director, István Szabó, no sepa por dónde va prácticamente en ninguna ocasión. Uno se pasa la película sin saber qué está pasando o hacia dónde se dirige todo. Lo que en la mayoría de las ocasiones es un mérito, en ésta denota una gran torpeza en la dirección. Nunca se sabe si el personaje de Annette Bening está alegre o triste, de acuerdo o desacuerdo. Y así no hay manera de disfrutarlo. Porque la película en teoría trata sobre la historia de una venganza. Y lo mejor de una venganza siempre es el proceso de preparación. Por eso dicen que se sirve fría. Pero si uno no sabe si va a haber venganza o no la va a haber, lo único que puede hacer es ver cómo pasa el tiempo mientras los personajes aparecen y desaparecen aleatoriamente, como ya antes se especificó. También me ha llamado la atención Jeremy Irons, que en está ocasión echa la casa por la ventana y hay un momento en el que incluso levanta la dos cejas a la vez.

El argumento de "Conociendo a Julia" se asemeja muy en el fondo al de "Eva al desnudo" (aunque como obra total esté como a mil años luz de la misma). Un par de arribistas intentarán aprovecharse del afecto y de la fama de la gran Julia Lambert, para hacerse con el mundo del teatro y la alta sociedad londinense. Sin embargo, nuestra dama del teatro algo ha aprendido en las tablas. Y puedo decir que aquellos momentos en los que se abunda en la manera de ser de aquellos que se dedican a tan noble arte, son sin lugar a dudas los más espléndidos. Porque los actores de teatro son una raza diferente. O lo eran. Julia Lambert es lo que se dice una actriz de verdad. Si la película estuviera ambientada hoy en día, probablemente la venganza de la doña consistiría en desnudarse y colgarse de una polea en medio de un escenario al tiempo que pegaría gritos guturales semejantes a los de una grulla. Afortunadamente la película está ambientada en el periodo de entreguerras. Así que se puede ir a ver con tranquilidad.

Gustará a la gente con cierto complejo de esteta. Gente que entienda que es totalmente estulto destrozar la metáfora de la tormenta del III acto de "El Rey Lear" sometiendo un actor a una ducha real de 28 minutos, e insultando la capacidad fabuladora del público. Esto no tiene nada que ver con la película, pero lo a gusto que me he quedado.

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