Ficha

País

USA

Año

2004

Título original

Anacondas: The hunt for the blood orchid

Duración

97min

Dirección

Dwight H. Little

Guión

John Claflin, Daniel Zelman, Michael Miner, Edward Neumeier

Reparto

Johnny Mesner, Kadee Strickland, Matthew Marsden, Nicholas Gonzalez

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Crítica de Anacondas
Autor: sensillo
Fecha: 27/11/2004.
Póster Anacondas

Anacondas

Digerido por sensillo

Cada vez cobran más fuerza los rumores que afirman que en Hollywood esconden una máquina que recibe dinero por un lado y devuelve películas como “Anacondas” por el otro. Parece mentira que ya podamos disfrutar de teléfonos móviles más pequeños que un cacahuete, pero que en cuestión de películas de sustos prefabricados nos tengamos que conformar con tecnología obsoleta.

“Anacondas” es una película destinada a acompañar alguna ociosa tarde de domingo, y viéndola en el cine se echarán en falta tanto la mosca de Telecinco como las pausas para hacer publicidad sobre detergentes. La pasión por el cine no tiene por qué estar reñida con la eterna lucha contra las manchas de las malvadas picotas. El pase por el cine sólo está justificado para quienes necesiten ver los bichos en gran formato para sentirse realizados, quienes busquen un rincón oscuro que compartir con su pareja y aquellos que terminamos escribiendo críticas cinematográficas después de haber suspendido las oposiciones a limpiador de pozos negros.

Es difícil hacer un comentario novedoso de una película que hemos visto ya tantas veces con apenas unos pequeños y superficiales retoques estéticos, más sutiles quizás que los que había entre Superman y Clark Kent. Por señalar alguno de los pequeños cambios que se han venido haciendo sobre el molde original, percibimos que definitivamente se ha asentado la costumbre de desterrar el misterio y la fantasía, dándole a todo una explicación racional, por estúpida que ésta sea. Claro ejemplo de esta tendencia serían los midiclorianos de “Star Wars”, o como se escriba, para dar una explicación a la fuerza, pareja a la elevada densidad de nanosantitos que permitió a Jesucristo multiplicar los panes y los peces. “Anacondas” no es ajena a esta corriente, y en la historia de búsqueda del tesoro custodiado por terribles criaturas no falta una explicación científica que justifica que las serpientes que atormentan a los protagonistas sean tan largas, gordas y juguetonas.

Un grupo de jóvenes y prometedores científicos, seleccionados entre la élite de los gimnasios de la zona, parten a la selva de Borneo a lucir húmedas camisetas y buscar una flor que esconde el secreto de la eterna juventud. Más allá de los sustos, si es que aún queda algún bendito con capacidad de asustarse por las mismas cosas de siempre, la película se centra en las relaciones de sus estereotipados protagonistas enfrentados a una situación límite de supervivencia. Es un Gran Hermano de ficción en el cual las expulsiones corren a cuenta de unas anacondas gigantes con unos criterios de selección que no se apartan ni un milímetro de los clichés del género, reincidiendo en la idea de lo perjudicial que resulta exhibir comportamientos lascivos en este tipo de situaciones.

Es una lástima que en el grupo de especialistas científicos nunca tengan a bien incluir a un filólogo como asesor lingüístico. La cantidad de vocabulario soez que sale de las bocas de los personajes corre paralela a la extrema pobreza de los diálogos, sembrados de una enorme cantidad de “punch lines” mejor definidas como “fatal kick in the cataplines lines”. Auguro que, más o menos en el 2010, los diálogos de las películas consistirán en primitivos aullidos y golpes en el pecho.

En definitiva, una película más del montón, destinada a los paladares menos exigentes.

Recomendada a aquellos que aún no conocen todos los peligros de la clonación.

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