Ficha

País

USA, Japón

Año

2003

Título original

Lost in translation

Duración

105min

Dirección

Sofia Coppola

Guión

Sofia Coppola

Reparto

Scarlett Johansson, Bill Murray, Giovanni Ribisi, Akiko Takeshita

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Crítica de Lost in translation
Autor: bronte
Fecha: 13/12/2004.
Póster Lost in translation

Lost in translation

Digerido por bronte

Que una película, la que sea, haya sido premiada en un festival de cine español, ya es para echarse a temblar. Si encima ha sido alabada unánimemente por toda la crítica, el sudor frío hace aparición. Si además, la manera que todo el mundo tiene de describirla es "se trata de una película de sentimientos", ya es para desaparecer sin dejar rastro. "Lo que el viento se llevó" está llena de sentimientos, y a nadie se le ocurre definirla así. Será porque hay mucho más.

Podría decir que "Lost in traslation" retrata de manera delicada el breve encuentro entre dos almas en crisis. Pero si dijera eso, esto no sería la off-off-crítica. Así que más bien diré que "Lost in traslation" es una película que se deja ver, pero que dejara fríos a la mayoría de los espectadores. Sobre todo a aquellos que no aprecien largos y repetidos planos del/a protagonista mirando por la ventana a ver si divisa el mechero que se le cayó la noche antes. Y, pardiez, que esta película está llena de secuencias de este jaez.

El punto de partida es inteligente, pues sitúa a los dos protagonistas en un país extranjero, acentuándose la sensación de incomprensión o de soledad, (o al menos funcionando como metáfora) que les les lleva a una especie de conexión espacio-temporal, más allá de la edad o de las circunstancias. Y sí algo hay que reconocerle al filme es ese retrato de Japón, sacado de la misma esencia de la "ingeniería inversa". Y es que el Japón que aparece en la mayoría de las secuencias, con sus rascacielos, sus avenidas atestadas de gente, sus luces de neón, es como un Occidente elevado a la enésima potencia. La escena en la Sala de Juegos Recreativos nos muestra una realidad cotidiana para todos nosotros, y al mismo tiempo un tanto grotesca de nuestras propias formas de vida. Quizás lo que llegaremos a ser dentro de unos años. Pero aparte de esa visión clarividente del entorno, la película no destaca en muchos aspectos más.

La historia gira en torno a una jovencita casada con un fotográfo de moda, ambos residentes de manera temporal en un hotel de Tokio por exigencias del trabajo chupiguay de él. En el mismo hotel aparecerá por allí Bob Harris, talludito y famosísimo actor que recala en la ciudad nipona para rodar un anuncio de whisky para consumo interno de los japoneses. Y esto sacado de la propia realidad, porque para las estrellas hollywoodienses sigue siendo un filón trabajar en la publicidad del país del Fujiyama. Sofia Coppola, la inefable directora, (que me gustó muchísimo más en "Las vírgenes suicidas"), necesita justificar a todo trapo el que estos dos personajes conecten, y para ello se remanga y les pone sendas parejas sacadas del tópico más absoluto. Tanto el fotógrafo, como la esposa de Harris, son totalmente incapaces de apreciar la soledad y la naúsea vital en que viven sus cónyuges, y mientras él parece un pájaro loco sacado de la MTV, ella sólo se preocupa por el color de las moquetas.

No se queda ahí el gusto por el tópico de Coppola. No contenta con ello, añade un quinto personaje que nadie sabe a que viene, consistente en una estrella de Hollywood extrañamente parecida a Britney Spears, y más vacía que la nada, incapaz de aparecer de una forma digna en una sola secuencia. Además de eso, innumerables escenas sin ningún tipo de diálogo, y de vez en cuando algunas frases, algunas de ellas inteligentes, pero en general, y en mi humilde opinión, ninguna elegida para el parnaso de las líneas brillantes. En este catálogo de muecas (a los actores no les queda otra salida teniendo en cuenta el parco diálogo) destaca Bill Murray, un actor para mí excepcional, capaz de aunar humanidad, cinismo y humor en un sólo momento. Memorables sus escenas rodando el anuncio de whisky con todo el equipo nipón. Memorables y llenas de humor. Lástima que a partir de ahí la película opte por "destilar poesía" y la cosa empeore.

Scarlett Johanson, pues... a mi parecer, le hace falta un hervor. La chica no está mal, pero demasiado joven, muy poca experiencia vital para llevar a buen término un papel basado puramente en la emocionalidad del personaje. Pero desentonar no desentona. Y como comentario final, decir que aparece por ahí un remedo de presentador de televisión japonés, que vaya... ¡que me aspen si no es el sosias nipón de Boris Izaguirre! Los mismos gritos, la misma hiperactividad histérica... Se ve que la la calidad de la televisión es constante en todo el planeta.

Para terminar: Película totalmente prohibida para fans de Quentin Tarantino. Recomendada eso sí, para los amantes de la fotografía estática, para los amantes de los orientales (entre los que me encuentro), para amantes de Bill Murray, para amigos y familiares de Sofia Coppola y para gente muy muy muy impresionable por y que siga ciegamente a la crítica oficial. Puntuacion