Ficha

País

USA, UK, Alemania, Holanda

Año

2005

Título original

Alexander

Duración

175min

Dirección

Oliver Stone

Guión

Oliver Stone, Christopher Kyle, Laeta Kalogridis

Reparto

Colin Farrell, Angelina Jolie, Val Kilmer, Anthony Hopkins, Jared Leto

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Crítica de Alejandro Magno
Autor: bronte
Fecha: 2005-01-11.
Póster Alejandro Magno

Alejandro Magno

Digerido por bronte

Es absolutamente ignominioso que la gente diga que "Alejandro Magno" es una mala película basándose en la pronunciada caracterización del personaje como homosexual. "Alejandro Magno" tiene otras muchas taras mucho más visibles que la convierten en una película desastrosa. Fijarse en ese pequeño detalle es como el chocolate del loro. Y no porque la condición sexual del tal Alejandro ponga o quite al filme, sino porque parece ciertamente ridículo que ante un personaje de semejante categoría lo único que se haya querido recalcar es con quien compartía lecho, como si eso fuera tan importante. Lo cual me hace pensar que en la mayoría de las ocasiones, aquellos sectores que más presumen de adelantados son los mismos a los que más se les atraganta aceptar como normales ciertas conductas, por lo que tienen que estar subrayándolas cada tres minutos, a manera de exorcismo. Por eso, cada vez que Francisco Bosch, valenciano él, dejaba caer sus párpados para que nos quedara claro por vez número un millón que a Alejandro le iban los mozuelos de la corte, no quedaba más remedio que soltar un tremendo bostezo para equilibrar la linfa.

Desde que no tengo reloj con luz, mis sesiones cinematográficas se hacen interminables, máxime en un caso como este, tres horas y sin poder ver qué hora es y cuánto falta para salir. Pero ya que estamos, digamos algo del filme. Con el analfabetismo ramplón que nos asola, a estas alturas ya pocos saben que en la historia ha habido numerosos procesos de globalización seguidos por procesos de atomización. Pareciera que esta es la primera mundialización que vivimos, y sin embargo nada más lejos de la realidad. Una visión desapasionada de tales sucesos rápidamente deja entrever que los momentos de globalización, cuando las fronteras se abren, se intensifican los flujos de comunicación y se pone el acento en las características compartidas, son aquellos de máxime esplendor cultural y social. Por la contra, los procesos de atomización, cuando se vuelven a fijar fronteras, los pueblos se encierran en sí mismos, levantan barricadas alrededor de todo aquello que les diferencia del vecino y cierran sus puertas, en consecuencia inevitablemente acontece un período de decadencia cultural hasta que la globalización vuelve a hacer aparición. Eso para que se hagan una idea de lo que nos espera por aquí. Que luego no digan que no se avisó.

El caso es que Alejandro Magno es una de las primeras figuras de la historia con semejante clarividencia ante la necesidad de abrir flujos y fronteras y el beneficio de la síntesis de las culturas. Y esto ya sólo debería ser bastante para hacer su biografía sin tener que insistir tanto en su gusto por los efebos. En la película queda ello apuntado; su afán por crear un mundo en el que las diferencias raciales o culturales no existieran, en contraposición a sus lugartenientes que insisten en conceptos clasistas y etnocentristas una y otra vez. Sin embargo, la parte ideológica del macedonio queda difusa, mal explicada y sobre todo mal planteada. Para que se hagan una idea de lo pobre del retrato, se sobrevuela de pasada sobre su mítica capacidad de estratega, y las batallas son confusas y no hay manera de saber quién es quién ni qué está pasando en cada momento. Por si fuera poco, hay ciento y pico mil personajes que lo mismo da que da lo mismo que estuvieran o no, porque su caracterización psicológica es cero patatero, porque cada uno tiene una frase más o menos, y porque su participación importa poco o nada para el desarrollo de la historia. Supongo que están ahí, porque nadie se creería una corte con sólo un cortesano, pero créanme que poco más pintan.

Luego está la relación entre Olimpia y Alejandro, madre e hijo, que dejando de lado el pequeño detalle de que tienen la misma edad, es tópica y simple. Seguro que se podía haber escrito algo un poco más logrado e interesante que el típico conflicto amor-odio materno-filial, que siempre nos regala con un impagable intento de estrangulamiento del hijo hacia la madre. Más visto que el tebeo. Lamentable también la estructura de la película, con esa forma narrativa encomendada a Anthony Hopkins, y que hace que estemos oyendo su voz en off durante todo el metraje, contando con palabras lo que parece que el guionista y director fueron incapaces de contar con hechos. Hechos cuya épica y grandeza brilla por su ausencia, apareciendo todos los personajes minimizados, en especial el propio Alejandro Magno. Y es que aunque a mí me guste mucho Colin Farrell, lo cierto es que este papel le queda enorme. Claro que en su descargo hay que decir que a ver quién saca adelante un papel con unos diálogos tan pobres, y con una dirección tan delirante. Colin se desliza últimamente y de manera muy peligrosa por el peor histrionismo, abriendo mucho los ojos, y meneando todo aquello que no es cartilaginoso, y Oliver Stone no movió un sólo dedo para evitarlo.

El diseño de producción es también pobre, muy poco imaginativo, y a juzgar por esta película no había un sólo griego con dos ojos. Ahora que lo peor, con diferencia, la música. Ignoro si a solas la banda sonora resulta mejor, pero puedo asegurar que en combinación con las imágenes, la nueva obra de Vangelis recuerda sospechosamente a la música ambiental de un restaurante chino. Claro que bien pensado, teniendo en cuenta que la ingestión abusiva de Montecristos algunos estragos ha tenido que hacer en el cerebro del director, al final del metraje toca un poco las narices con un montaje hortera y chillón lleno de filtros a la manera "Asesinos natos", y la cosa una música mejor no se merecía. Una película ramplona, que minimiza la grandeza del personaje, que lo convierte en un piradillo con algo de locaza, pero que muy mal teñido, y que no es capaz de explicar ni la época, ni el contexto, ni nada que hubiera merecido la pena.

Recomendada para todos aquellos que se den cuenta de que en el país de los tuertos, Alejandro es el Rey. 

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