Ficha

País

USA, Canadá

Año

2002

Título original

American Psycho

Duración

102min

Dirección

Ridley Scott

Guión

Dan O'Bannon

Reparto

Christian Bale, Josh Lucas, Justin Theroux, Bill Sage, Chloë Sevigny, Resee Whiterspoon

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Crítica de American Psycho
Autor: sensillo
Fecha: 13/01/2005.
Póster American Psycho

American Psycho

Digerido por sensillo

Los narradores de Hollywood han encontrado en el personaje del psicópata el hombre del saco de los huevos de oro. Y es que, están Drácula y el Hombre Lobo de capa caída mientras el psicópata gana muchos enteros en la bolsa de espantos. Antaño era al revés, mientras al psicópata se le podía hacer un exorcismo que lo dejaba en la gloria bendita, la problemática del conde Drácula era mucho más difícil de abordar hasta que inventaron el ajo y la estaca, pero sobre todo cuando la gente dejo de creer en esas cosas.

El psicópata ahora causa fascinación y terror porque, descartada la hipótesis de la posesión infernal, no conseguimos comprender ese horror. También porque, a pesar de que siempre existieron, ahora parecen ser un siniestro reflejo de la pérdida de entusiasmo por unos valores que padecemos en la moderna sociedad occidental. Sobre esta idea discurre “American Psycho”.

La historia nos traslada a Nueva York de los años 80, y más concretamente al mundo de los yuppies, de la cocaína y de la música pop de aquel entonces, y que en la película ocupa una parte no pequeña del escenario. Un joven triunfador cuenta en primera persona cómo pierde el control y el sentido de la realidad, culminando en un baño de sangre. El nihilismo del protagonista se mimetiza de tal manera con su entorno, que sus crímenes no llegan a tener ni eco ni sentido.

Lo más sobresaliente de la película es la interpretación de Christian Bale, totalmente entregado a su papel, quien si adelgazó tan peligrosamente para hacer una peliculilla española, no dudo que haya asesinado media docena de figurantes para meterse más en el pellejo del protagonista. Por lo demás, una factura superior a la de los telefilmes de sobremesa pero sin audaces experimentos que la hagan ser recordada, ni para lo bueno ni para lo malo.

Consigue algunos momentos desasosegantes, pero que actúan aisladamente sin conseguir trenzarlos entre sí.

No estamos ante una película de suspense como lo pudieran ser “Mujer blanca soltera busca...” o “La mano que mece la cuna”, sino más bien una crítica bastante áspera a una sociedad deshumanizada que fomenta una competitividad insana. Argumentalmente tiene una doble lectura, que no quiero desvelar, para encender apasionadas discusiones de bar con puñetazos sobre la mesa. Creo que la película es lo suficiente e inteligentemente ambigua al respecto como para que ambas explicaciones sean plausibles, con sus pequeñas trampitas. Yo me inclino por una solución mixta, pero eso son ya gustos de cada cual.

Se deja ver, aunque hay momentos en que se distrae un poco.

Recomendada a quienes soñaban con acabar a hachazos con los años 80.

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