Ficha

País

España

Año

2004

Título original

7:35 de la mañana

Duración

9min

Dirección

Nacho Vigalondo

Guión

Nacho Vigalondo

Reparto

Nacho Vigalondo, Marta Bleneguer, Borja Corbeaga, Javier Reguilón

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Crítica de 7:35 de la mañana
Autor: bronte
Fecha: 24/02/2005.
Póster 7:35 de la mañana

7:35 de la mañana

Digerido por bronte

Lo primero que llama la atención de "7:35 de la mañana" es que a esa hora las calles estén puestas. Una se alegra de que el cine sea cine, y de que tanta gente a esa hora en una cafetería no sea más que el producto de una mente calenturienta como la del artista multimedia Nacho Vigalondo. Esto de artista multimedia siempre queda muy bien. Y en este caso, parece que con más razón.

Como este corto es bastante corto, tan sólo ocho minutos de duración, todo lo que se pueda decir por poco que sea, será prácticamente el guión íntegro. Así que echemos mano de los circunloquios. En "7:35 de la mañana", Nacho Vigalondo se apunta a la moda española por el musical, que parece que ahora empezamos a redescubrirlo, después de pasarnos lustros despreciándolo. Y además canta, aunque con cierta falta de resuello, las cosas como son. Y baila.


ero no son las habilidades físicas de los "cómicos" lo mejor de esta historia, pese a cumplir todos ellos con creces. Desde aquí damos gracias a los Dioses porque en un producto español se perciba cierto oficio y originalidad. Porque la estructura no es sólo original, sino que revela un evidente conocimiento los resortes narrativos, que Vigalondo retuerce con gracia sin igual, consiguiendo que su corto de ocho minutos tenga dos puntos de giro, que no sólo son dos puntos de giro, sino que en cada uno de ello cambia el tono y el género de la película. Y además de eso, es capaz de contestar satisfactoriamente a la pregunta "¿por qué en los musicales la gente de pronto se pone a cantar y a bailar?".

Satisfactoriamente desde un punto de vista racional, claro está. Porque pese a su originalidad, Nacho Vigalondo es hijo de su tiempo y con las mismas se siente en la necesidad de abrirle las tripas a las convenciones narrativas aunque ello a veces suponga acabar con la magia. Quizás a esto se refiera Daniel Wallace en su novela "Big Fish". Sin embargo, no hay que preocuparse.

La propuesta de este guionista/director/cantante/bailarín es lo suficientemente sólida como para que por encima de la deconstrucción, exista una historia/ficción perfectamente construida. Y eso es más de lo que muchos podrán decir.

Con unidad de acción, tiempo y lugar (qué contento estaría Aristóteles), aparte de un ritmo y montaje más que convincentes, Vigalondo hace pasar al espectador por una serie de estados emocionales con el subtexto (no todos ellos agradables, más bien al contrario), mientras el texto es apoyado durante todo el corto con una canción bastante alegre y de rima castiza que consigue el efecto de aumentar la tensión narrativa. Y todo acompañado por una coreografía que cumple a la perfección las exigencias del guión.

Sólo una tacha en este meritorio corto. El plano del suelo y la mirada inteligente del camarero es un apunte ciertamente enfático, pues el ambiente general llegaba para hacer entender que algo está pasando. Y además así se adelanta cierta información rompiendo demasiado pronto la gracia de la primera parte. Ahora bien, sólo felicitaciones para un corto que empieza como empieza y logra acabar como acaba con una lógica interna aplastante (y tan sólo en ocho minutos) que raramente se ve en los productos audiovisuales de estos pagos. Y sin necesidad de copiar a los americanos.

Para acabar, añadir que aunque no se llevara el Oscar al mejor corto, categoría por el que estuvo nominado en 2005, podemos desquitarnos diciendo que fue el ganador moral. Porque lo realmente importante de todo este tinglado, es que consigue sorprender, y en un mundo de descreídos como éste, eso vale un potosí.

Recomendada para todos aquellos que no pueden acabar de creerse que el cine español sólo sea lo que parece.

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