Ficha

País

USA

Año

2004

Título original

Birth

Duración

100min

Dirección

Jonathan Glazer

Guión

Milo Addica, Jean-Claude Carrière, Jonathan Glazer

Reparto

Nicoles Kidman, Cameron Bright, Lauren Bacall, Anne Heche, Danny Huston

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Crítica de Reencarnación
Autor: malabesta
Fecha: 25/02/2005.
Póster Reencarnación

Reencarnación

Digerido por malabesta

“Reencarnación” es una película que no deja a nadie indiferente. A juzgar por los comentarios que a su respecto vertían mis compañeros de sala, el público se divide en dos grupos: los que la odian a muerte y a los que no les gustó.

Pero es que la cosa no es para menos. Jonathan Glazer, que a tantos sorprendió con su simpática "Sexy Beast", compone ahora una película tremendamente pretenciosa, sobre la posibilidad de vida después de la muerte. Anna, (Nicole Kidman), una mujer viuda a punto de contraer segundas nupcias con Joseph (Danny Huston) se encuentra con un niño (Cameron Bright) que afirma ser la reencarnación de su difunto marido, y que afirma seguir enamorado de ella. Si bien esto podría parecer interesante, no se dejen engañar. La película es un rosario de cabos sueltos, preguntas que no se hacen y comportamientos irreales. Ustedes imagínense que un buen día un crío con aspecto de militante del IRA se les aparece en la puerta de casa diciendo, por ejemplo, que es la reencarnación de su tía Felisa y que además es capaz de demostrarlo con un gran número de detalles, cifras y datos. Como mínimo es sorprendente. Pero en "Reencarnación" lo más que hacen es ofrecerle las sobras de la cena de ayer.

En general todos los personajes van dando bandazos por la trama, faltos de vida. Nicole Kidman se supone que bordea la frontera de la locura, pero su cara está ya tan tiesa que, además de parecer que se ha caído en la marmita de botox, es incapaz de mover un solo músculo. Ni Tom Berenger, oiga. Lo más que hace es dejar caer unos lagrimones que resbalan por sus mejillas como si estuviesen recubiertas de teflón. Cameron Bright, el crío, está en la película también bastante mal; claro que a el se le excusa porque tiene diez años y debe de ser el único del reparto que no se ha hecho la estética. Trasluce cierta impresión de preguntarse en qué maldito momento sus padres le dejaron meterse en tamaña nadería. Especialmente en las escenas de cama, que las hay oiga.

Sí; sé que a muchos les podrá parecer normal que una mujer en la frontera de los cuarenta y un chaval que aun debe de tener el pijama de los Teletubbies sientan atracción sexual y la manifiesten por palabra y obra (nada de omisión) es la cosa más normal del mundo, pero a mí, con la buena fe y la inocencia que me caracteriza, me sigue pareciendo irreal y bastante absurdo, por no decir rondando la delincuencia. Pero qué se puede esperar de los americanos y su mojigatería habitual, tan cohibidos ellos a la hora de producir películas sexualmente controvertidas, como bien nos dice la sabiduría popular.

Rodeando a esta pareja, están Lauren Bacall, madre de Nicole en la ficción (y con la que se rumorea que ha tenido algún que otro roce), en un papel tan corto como innecesario y Anne Heche, cuya carrera prometía hasta que topó con Harrison Ford, el gafe oficial de Hollywood, y miren ustedes dónde ha ido a parar.

La dirección de Glaze es tremendamente pretenciosa. En un afán por distinguir su producción de cualquier thriller al uso, la rellena de tiempos muertos absurdos que rompen el ya de por sí lento ritmo narrativo, además de abusar de manera alarmante de los primeros planos sostenidos. Tantos hay, que uno ya no sabe si está viendo una película o el video del banquete de la boda de unos amigos.

En fin, un aburrido producto destinado única y exclusivamente al gafapasterío y a los adoradores de la ininteligibilidad. Recomendada para curtidores.
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