Ficha

País

USA, Alemania

Año

2004

Título original

Kinsey

Duración

118min

Dirección

Bill Condon

Guión

Bill Condon

Reparto

Liam Neeson, Laura Linney, Chris O'Donnell, PEter Sasgaard, Timothy Hutton, John Lithgow

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Crítica de Kinsey
Autor: bronte
Fecha: 02/03/2005.
Póster Kinsey

Kinsey

Digerido por bronte

Si hay algo que hace admirable a Estados Unidos es la tremenda variedad que compone su grupo humano. Mientras en Europa, hasta hace tres días, éramos todos más o menos los mismos, con una visión bastante parecida de la vida (salvo los de la boina, que esos no ven nada porque la boina les impide la visión), en Estados Unidos uno se puede encontrar de todo. Desde puritanos, en el sentido más ortodoxo de la palabra, hasta tántricos compulsivos. Es fascinante que no hayan tenido más que una guerra civil con tal popurrí. Por eso, en los años 50, mientras en el viejo continente pagábamos las consecuencias de nuestros entrañables fascismos, en USA se batían el cobre en una batalla que ha cambiado nuestro mundo.

Que hoy hablemos con tanta facilidad de homosexualidad, sado-masoquismo, tríos, fetichismo, etc., etc., es sobre todo gracias a que un científico llamado Alfred Kinsey fue capaz de hacerse (y responder) preguntas, que el mundo occidental en pleno, simplemente soslayaba. Como en Europa tendemos a tapar nuestros trapos sucios, parece que aquí nunca pasó nada, pero a mí me consta que a Oscar Wilde lo pusieron a hacer manualidades con la piedra por su afición a los mancebos, que fue el mismo Stalin el que estipuló cinco años de prisión para todos aquellos amantes de lo griego, y que en Francia la homosexualidad fue ilegal hasta 1982 (claro que en el país galo nadie va a hacer una película sobre ello). Así que por aquí también se cocían habas, aunque tan cómodo nos resulte pensar que "Europa siempre fue mejor". Sin embargo, Alfred Kinsey y el apoyo financiero y social que necesitó para desterrar una moral castrante, es un fruto genuinamente americano, por mucho que nos desagrade, y es probable que nunca le estemos lo suficientemente agradecidos. Sobre todo el cine español, porque... afrontémoslo abiertamente, ¿qué sería del cine español sin la revolución Kinsey?, ¿con qué llenarían esos metros y metros y metros de película?

Bill Condon, (que hay que subrayar que tiene guasa que el director del biopic sobre Kinsey se apellide Condon, aunque supongo que ya todo el mundo se lo habrá dicho), afronta así la vida de este innovador, de manera bastante comedida y pulcra. En la película se pueden ver imágenes explícitas de genitales, y no tan explícitas de masturbaciones, coitos y demás repertorio. Sin embargo, la cámara las retrata con el mismo afán científico y aséptico del biografíado. Con esto quiero decir que posiblemente, tan sólo especímenes hiperactivos como Humberto Janeiro hayan sentido deseo sexual con este filme. Ahora eso sí, incluso los más deshinibidos de la clase sentirán algo de pudor al ver la vida familiar del protagonista o el chiringuito tipo Sodoma y Gomorra que se montó en su grupo de trabajo. Porque con la cosa de la investigación, aquello era un despiporre. Todo por la ciencia...

Y ese es el punto más interesante de la película. La separación entre función biológica del sexo y la parte emocional. Kinsey estudió tan sólo la parte física, pero a cada paso se revela su componente emocional por mucho que a veces las personas intenten negarlo de manera absoluta. Este conflicto aparece reflejado acertadamente en la película a través de la relación del científico con su equipo y con su propia mujer. El director se centra entonces en "lo personal" y prefiere pasar de puntillas por la parte más social de la trama, dedicando escasas secuencias al rechazo que suscitó en sectores ultraconservadores o a la "persecución de brujas" que también a Kinsey le tocó sufrir, con el desquiciado argumento de relacionar sus estudios con el comunismo (cuando el comunismo registra la misma represión; que se lo pregunten a Reinaldo Arenas). También plasma escasamente la otra parte, la de todas esas personas que hicieron de sus libros auténticos bestsellers, toda esa América que entendió que un nuevo mundo nacía. Y sólo al final de la película entendemos lo que en la vida personal de cada sujeto occidental ha llegado a suponer el informe Kinsey.

Como personaje, aparece retratado de manera amable, y sólo alguna auto-mutilación suelta da alguna pista sobre su caracter algo perturbado-obsesivo-compulsivo. Los actores están en general bien, y aunque ninguno es de Oscar, Neeson se merecía más la nominación que su compañera, Laura Linney. Lo mejor de todo, sin lugar a dudas, el discreto encanto de Peter Sarsgaard. Las primeras escenas de la película, la presentación del científico y sus acólitos, son especialmente notables, pero pese a unos buenos diálogos, a partir de ahí el filme toma derroteros algo telefílmicos consistentes en hacer resúmenes de entrevistas, que se hacen repetitivos, convierten a la película en meramente descriptiva y que evitan que se vaya al meollo de la cuestión: qué representa individual y socialmente el sexo en nuestra sociedad. Me parece a mí que la gran mayoría de las personas tienen hoy una relación bastante sana con el mismo, y no será cuestión de seguir dando la matraca con los sectores residuales que siguen viviéndolo de manera medieval, aunque quede muy vistoso.

Sin embargo la segunda revolución aún queda pendiente. Volver a humanizar el sexo, después de que todos aquellos que malinterpretaron a Kinsey lo convirtieran en una función meramente animal. Una película discreta aunque efectiva, a la que sólo la importancia del tema hace apetecible. Recomendada para gente pensando en hacerse una chupa. Puntuacion