Ficha

País

Corea del Sur

Año

2002

Título original

Gonggongui jeog

Duración

135min

Dirección

Woo-suk Kang

Guión

Woo-suk Kang

Reparto

Kyung-gu Sol, Sung-jae Lee, Shin-il Kang, Jeong-hak Kim

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Crítica de Public enemy
Autor: malabesta
Fecha: 07/03/2005.
Póster Public enemy

Public enemy

Digerido por malabesta

Es “Public enemy” una de esas producciones surcoreanas que cada vez llegan con más profusión a nuestros video-clubs y cines. Después de haberla visto entera, uno no puede dejar de preguntarse si, viendo que en su país de origen fue un gran éxito (con secuela de por medio y no me extrañaría que remake), será cosa de la diferencia de culturas, de la traducción o de qué, pero yo es que no entendí nada. Pero nada de nada. Ya antes de los créditos del principio está perdido uno.

Intentando resumir lo irresumible, la historia es la siguiente: un policía de homicidios un tanto lerdo (según parece lo han contratado por que fue medalla de plata de boxeo en algún campeonato de algún tipo), corrupto y bastante feo, tras esconder tres kilos de droga en su casa tienen a bien obsesionarse con atrapar a un asesino en serie, que a la sazón es un broker de éxito (así como una copia de "American Psycho"). Por supuesto, y teniendo en cuenta que el policía no sabe hacer la o con un canuto, no lo consigue, y termina con sus huesos en el departamento de tráfico. Ello no le impide continuar con la investigación, mientras cientos de personajes entran y salen de su vida de manera desconcertante. Su jefe le tiene cariño (vaya usted a saber por qué). Sus compañeros también. Tiene hijas. Hay unos prestamistas que aparecen de manera recurrente en toda la película, así como de fondo mientras los protas hacen otras cosas, pero que no pintan nada (a pesar de que van gritando en alto que son criminales). Por supuesto, los de asuntos internos lo están investigando, y por si fuera poco, su primer compañero se suicida cuando lo descubre. Y por si fuera poco, sospecho que todo está contado en clave de comedia.

En general, la cosa es un poco aburrida, más que nada porque no hay manera de seguir la historia. Pero si uno deja de intentarlo, puede llegar a encontrarle su gracia, pues tiene momentos muy surrealistas. Como por ejemplo poder ver al protagonista capturar a un delincuente (otro prestamista) y arrearle una paliza (en general lo arregla todo a base de yoyas) hasta que el pobre está dispuesto a confesar cualquier crimen; para probar que ha cometido un robo deciden (pues sus compañeros que pasaban por allí, textualmente, deciden intervenir) hacerle una foto con un destornillador en la mano, el arma del crimen. Supongo que en Corea se mondaran de la risa con estas cosas, pero aquí uno se queda descolocado.

Como toda buena película oriental, tiene sus peleas. Pero lejos de la artificiosidad general reinante, aquí todo se resuelve a bofetadas. Sí, como Bud Spencer. Igualitas. El protagonista debe de tener la mano con más callos que un pelotari, después de haber rodado la secuela. Por lo demás, es bastante malo. Kyung-go Sol, que así se llama la criatura, tiene vis cómica, pero en general parece que la usa cuando no debe. Sung-jae Lee, el asesino, es como la versión oriental de T-1000, y la verdad es que tiene unas escenas irrepetibles. Siendo de complexión más bien escurrida, aparece haciendo pesas en un gimnasio como si fuese el mismísimo Rocky, enseñando principalmente los huesos de las costillas, y así.

En fin, una película bastante evitable, recomendada sólo para los amantes del arroz tres delicias, los Pokemon y otras mezclas genuinamente orientales.

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