Ficha

País

USA

Año

2004

Título original

Blade: Trinity

Duración

113min

Dirección

David S. Goyer

Guión

David S. Goyer

Reparto

Wesley Snipes, Kris Kristofferson, Jessica Biel, Ryan Reynolds, Dominic Purcell

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Crítica de Blade: Trinity
Autor: malabesta
Fecha: 09/03/2005.
Póster Blade: Trinity

Blade: Trinity

Digerido por malabesta

Vuelve Blade a nuestras pantallas. Y lo hace como él sabe hacerlo: repitiendo la fórmula. Patadas, vampiros, tiros y gafas de sol. Por supuesto, el que entre a ver esta película esperando profundas reflexiones sobre nuestra sociedad, sus valores, la vida, el universo y todo lo demás, mejor que vaya a ver "Demonlover". Tendrá lo que se merece.

"Blade: Trinity " sólo tiene un objetivo: entretener. Y no es baladí. En general lo consigue. No se vayan a creer tampoco que es una maravilla. El trabajo de David S. Goyer como guionista, labor en la que está curtido, no va mucho más allá de la linealidad absoluta: Blade mata vampiros. Los vampiros le hacen una mala jugada a Blade. Blade encuentra a unos aliados, con los que al principio no se lleva bien. Los aliados saben que los vampiros traman algo. Blade y sus aliados, ya amigos, van a pegarle a los vampiros para así acabar con ellos y su malvado plan, que por término medio tiende a incluir el resucitar a algún ser legendario para que luego se pegue con Blade, hasta que éste se pone sus gafas de sol y arreando. Como verán, sorprendente.

Como director deja bastante que desear. Abusa de la cámara lenta en esos momentos en lo que es menos necesaria: cuando sus personajes van caminando por la calle. Supongo que la idea es que nos demos cuenta de los guapos que son. Pero el caso es que a la cuarta vez uno ya va estando hartito. Luego, cuando hay que rodar peleas, todo lo contrario. Venga a rodar a lo loco, no vaya a ser que nos demos cuenta de que alguno de sus actores pelea con la habilidad de un padre capuchino. Y con este gracioso comentario, me refiero a Ryan Reynolds: es el gracioso de la película. Gracioso como un esguince, concretamente. Además de sus fallidos chistes, aporta sus seis abdominales y una de las peleas más lamentables del cine reciente. Es perfectamente posible apreciar como sus puños se quedan como a medio metro de su rival, mientras éste se retuerce de dolor, suponemos que por la presión del aire que desplaza la mano de Ryan. En la época de lo digital, en la que casi hasta Sean Connery pelea, esto es lamentable. La otra partenaire de Blade es Jessica Biel, que bueno, haciéndolo mucho mejor, pues tampoco es que sea una maravilla. Suya es la más descarada escena de publicidad "encubierta" de los últimos tiempos. Luego tenemos a Wesley Snipes, que básicamente hace lo de siempre. No porque no dé para más, que alguna vez ha demostrado que puede actuar bien, sino porque en general Blade es un personaje que requiere las dotes interpretativas de un erizo de mar.

Reaparece Kris Kristofferson, que no estaba muerto, estaba de parranda. Y el villano está encarnado por Dominic Purcell. Qué se puede decir de Dominic. Sus mayores logros vitales son haber sido compañero de clase de Hugh Jackman y que le tocó la lotería. No miento. A mayores de eso, es un tipo enorme; tan grande que no en toda la película no se puede abrochar una sola camisa. También ayuda el hecho de que lleve ahí una especie de colgajos así como una mezcla entre M. A. Barracus y De La Cuadra Salcedo.

La película en sí aporta ciertas satisfacciones al público. Dejando de lado el hecho de que si uno no le pide demasiado, entretiene honradamente, y es cierto que tiene ciertos momentos estéticos (los efectos digitales de la muerte de los vampiros están muy logrados, y no cansan; teniendo en cuenta que deben morir al menos unos diez o doce millones, es un mérito). Pero hay otros que alegran de una manera un poco malsana. Por fin podemos ver como un héroe le da su merecido a unos artistas callejeros de tres al cuarto, de éstos que tocan el bongo y andan por ahí en monociclos. Uno no se quedaba así de bien desde "El día de la bestia".

En fin, una película de usar y tirar, recomendada para todos los que no crean en el hombre del saco. Absténganse teólogos y religiosos, por mucho que el título llame a engaño.

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