Ficha

País

USA, Francia

Año

2004

Título original

Assault on Precint 13

Duración

109min

Dirección

Jean-François Richet

Guión

James DeMonaco

Reparto

Laurence Fishburne, Ethan Hawke, Kim Coates, John Lequizamo, Gabriel Byrne, Ja Rule

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Crítica de Asalto al distrito 13
Autor: bronte
Fecha: 15/03/2005.
Póster Asalto al distrito 13

Asalto al distrito 13

Digerido por bronte

“Asalto al distrito 13” es el remake de "Asalto a la comisaría del distrito 13" de John Carpenter, rodada en 1976, que a la vez, es un remake de "Río Bravo", película de 1959 dirigida por Howard Hawks, que a su vez está inspirada en el asedio de Troya (no hay nada nuevo bajo el sol). Por si fuera poco, también hay reminiscencias de "La noche de los muertos vivientes", porque todos sabemos que si hay algo en el mundo que le gusta a los zombies, es fastidiar a un manojo de personas encerradas en una casa. En esta ocasión, el manojo se reparte entre policías y cacos, y los zombies llevan pasamontañas y armas de última tecnología.

Para decirlo más claro, el sargento Jake Roenick, aquí interpretado por un cada vez más enjuto Ethan Hawke, deberá capitanear un grupo de policías y criminales atrapados en la comisaría del distrito 13, con el único objetivo de sobrevivir a un ataque de unas fuerzas de élite que quieren matarlos a todos. El porqué de que quieran matarlos a todos, pues porque hay gente muy mala en el mundo. Y con ese dato debería bastar. La película no pasa de ser un entretenimiento dominical, pero está hecha con dignidad y oficio. Oficio sobre todo visible en el guión, que aunque basado estructuralmente en el de Carpenter, introduce bastantes cambios.

No negaré mi gusto por lo que los franceses llaman la "pièce bien faite", que son esas obras en las que sin grandes originalidades ni protuberancias, se aprecia un trabajo correcto. Esta película, en su faceta guión, corresponde a este género. Y es que, en una trama tan aparentemente simple como ésta, James DeMonaco, el guionista de este remake, dota a todo el conjunto de una profundidad mayor de la que se podía esperar. Por ejemplo, el protagonista tiene un pasado traumático que tendrá que superar en una situación que viene a ser una repetición de sus fantasmas; el protagonismo oscila entre el propio Roenick y Bishop (Fishburne), un criminal despiadado asesino de policías, lo cual establece un odio visceral entre ambos caracteres que sin embargo tendrán que entenderse para salir del embolado. De esta manera se plantea una tensión bastante amena en el filme; también hay una psicóloga cuya actitud se invertirá en el momento del asedio, de la misma manera que se invierte la de su paciente, el propio Roenick; hay una serie de personajes secundarios dibujados con acierto que hacen mucho más colorido el resultado final (y utilizo lo de colorido en sentido metafórico); por haber, hasta hay un chiste privado: uno de los policías se jubila ese mismo día.

Aparte de eso, existe una innegable capacidad para trufar la película de giros constantes y nuevos eventos que hacen que no decaiga la trama (aunque el final sea un tanto previsible). Y hasta hay un uso bastante abundante de la violencia, como hacía tiempo que no veíamos a no ser en las manifestaciones pacifistas. Tal es la cosa, que la película muestra muy poco respeto sobre las reglas implícitas de la agresividad en el cine. Y hasta a mí han conseguido medio sorprenderme, que no me esperaba tal cosa en un producto de esta calaña. Sobre todo cuando una ve con qué relativa naturalidad incluyen frases como: "Los griegos hablaban de Eros y Tánatos". Lo de Eros aun sonará al público patrio, por aquello de la pastelería erótica, pero lo de Tánatos, teniendo en cuenta que, como todos sabemos, cualquier español es n veces más culto que cualquier americano, a ver cuántos hay que lo pillan...

También tiene sus fallitos, producto de la actualización de la cosa. Y es que hoy en día es bastante difícil eso de bloquear móviles. O que todos los vecinos de un barrio sean sordos. O que la nieve sea anti-balas. Y sobre todo y con todo, carece de la tensión de la película original. En parte porque Ethan Hawke no da del todo la talla, que a estas alturas debe de andar por una 36, y en parte porque el director, Jean-François Richet, pues hace lo que puede. Entre lo que puede no se cuenta lo de erizar los vellos al público. Lawrence Fishburne eclipsa a todo el reparto sin mucha dificultad, y no sólo por su perímetro. Librándose ligeramente del fulgor de Fishburne, ahí está como un campeón Gabriel Byrne, sin embargo, demasiado instalado en el papel de impertérrito. También participa John Leguizamo, que debe de ser algo así como el Guadiana Latino (y que hace un papel estupendo en el que recae todo el humor irónico del filme), y el pertinaz rapero que no puede faltar, vive Dios, que esta vez se llama Ja Rule. Por último, nunca agradeceré demasiado al cine americano lo mucho que hace por elevar mi cultura general. Gracias a "Asalto al distrito 13" ya sé lo que es el fuego alterativo. Lamentablemente en el doblaje español lo resuelven con un explícito "Me pondré a tiro".

Recomendada para gente que busca experiencias nevadas y traumáticas en fin de año.

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