Ficha

País

USA

Año

1968

Título original

The shoes of the fisherman

Duración

162min

Dirección

Michael Anderson

Guión

James Kennaway, John Patrick

Reparto

Anthony Queen, Laurence Olivier, Oskar Werner, David Janssen

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Crítica de Las sandalias del pescador
Autor: bronte
Fecha: 17/04/2005.
Póster Las sandalias del pescador

Las sandalias del pescador

Digerido por bronte

El cónclave para la elección del sucesor de Juan Pablo II es un buen motivo para repasar una película que goza de cierta popularidad en la historia: "Las sandalias del pescador". Y no sólo por la temática, sino también por las similitudes que unen al Papa polaco de la realidad, y al Papa ruso de la ficción. Ambos son el primer Papa no italiano en cuatro siglos, el primer Papa de Europa del Este, y ambos sufren el horror del totalitarismo comunista. En el caso de Karol Wojtyla, además también vivió en primera persona el totalitarismo nazi, así que hizo el pleno. Porque si bien los nacional-socialistas se dedicaban a matar niños en los campos de concentración por pertenecer a una "raza inferior", hasta bien entrados los años 80 del pasado siglo, en los Gulags comunistas se seguían matando niños bajo el cargo de ser "enemigos del estado", que no se sabe qué es más psicótico.

Al anterior Papa, al margen de otras consideraciones, parece que hay que reconocerle el mérito en la aceleración de la caída del comunismo en el mundo, y de la misma manera, Kiril Lakota, el protagonista del filme que nos ocupa, pasa veinte años de su vida como prisionero en un Gulag, justamente por ser un "enemigo del estado". Tras su liberación y posterior traslado al Vaticano, acabará siendo Kiril I, por ser éste el nombre del primer santo que llevó el cristianismo a Rusia. La historia, basada en un libro de Morris West, planteaba en su momento la impensable posibilidad de que un cardenal no italiano subiera a la silla papal y que encima tuviera participación en la solución de la Guerra Fría, tal y como luego pasó con Karol Wojtyla. Así que por lo menos, tanto novela como película, tienen el mérito de haber sido ciertamente proféticas.

Además de ello, el filme constituye un interesante reportaje gráfico, casi documental, sobre el método que el Vaticano ha estipulado para elegir a los sucesores de Pedro. Y para apreciar el valor del fastuoso ritual no hace falta ser católico. Y más hoy en día, desaparecidas la silla gestatoria y la tiara, ambas visibles en este filme. La tiara era un tocado de metales y piedras preciosas que simbolizaba la autoridad del Papa en los tres reinos: el cielo, la tierra y el más allá. La silla gestatoria, por su parte, era el asiento en el que doce "sediarios" llevaban al Papa "en volandas", que si bien esto tenía un motivo simbólico, también era algo de pura comodidad, para que todo el mundo pudiera ver bien al Papa sin necesidad de desnucarse. Estos ritos, como ya digo, aún pueden ser vislumbrados en "Las sandalias del pescador".

También el mecanismo de la elección con su cosida y quema de votos, y sus posteriores fumata negra o fumata blanca, que ésta es la buena. Y en general, el filme también ofrece unas abundantes panorámicas, no sólo del Vaticano tanto por dentro como por fuera, sino también de Roma, una de las ciudades más hermosas del mundo. En la parte dramática, se suman en esta historia cuatro subtramas: la de Kiril Lakota y su vida en el Vaticano, la del Padre Telemond (que el apellido parece referirse a su perspectiva sobre el mundo), el conflicto conyugal del matrimonio Faber, y el conflicto mundial con China a punto de declararle la guerra a todo hijo de vecino (trama en la que se refleja acertadamente el victimismo propio de todas las dictaduras). En cuanto a ésta última, se percibe cómo difusa y mal explicada. No se entiende muy bien la génesis del conflicto, ni la mediación del Papa en todo aquello, ni mucho menos la solución que se le ocurre al bueno de Kiril, que se me antoja altisonante pero inútil. Seguramente habría mucha gente de acuerdo con que se desmantelara toda la riqueza del Vaticano para ser repartida entre los pobres del planeta. Pero por la misma regla de tres, y por reducción al absurdo, también se podrían desmantelar todos los museos del mundo y no creo yo que con eso se consiguiera mucho más que destruir el patrimonio artístico de la humanidad. No se trata de dar peces, sino de enseñar a pescar.

El argumento del matrimonio Faber con su marido adúltero, aún era posible en el año 68, pero a ningún guionista cuerdo se le ocurriría hoy en día dar a todo el conjunto un tufo tan machista y retrógrado. En todo caso, se aprecia como la subtrama más prescindible del filme, aunque propicie una de las mejores secuencias: aquella en la que Kiril I reza en hebreo ante la muerte de un judío (otra vez profético, pues fue Juan Pablo II el que por primera vez en la historia estableció relaciones entre judíos y cristianos). Todo lo referente al personaje del padre Telemond, parecerá lo más interesante a los espectadores con un toque de filósofos, pues sus secuencias están dedicadas a tratar, de manera sucinta, claro está, los grandes conflictos de la fe y del discernimiento entre el bien y el mal. Este personaje viene siendo así como un remedo del filósofo Teilhard de Chardin, uno de los personajes más interesantes del SXX, y que no se oirá nunca en la boca de ningún "gran hermano".

Por último, la propia trama de Kiril como Kiril I, resulta ciertamente atractiva, sobre todo por la humanidad con que el personaje está descrito en todas y en cada de una de sus frases y acciones, en medio de la soledad que supone un cargo de esa relevancia. No es ésta una película en la que se denuncie a la Iglesia Católica como culpable de todos los males del mundo, sino que se pretende dar una visión amable sobre la humanidad de sus integrantes. Y como humanos, también se equivocan, aunque todos los personajes estén movidos por los más altos ideales. Todos sabemos que no puede ser así, pero tampoco es difícil llegar a la conclusión de que tampoco puede ser de la otra manera, aunque esa versión dé más juego. Y traigo a colación una frase que viene muy al caso: "de todo hay en la viña del señor".

na película que merece la pena ser vista por su valor documental, por el optimismo y humanidad de su trama, y por las excelentes interpretaciones de sus principales actores entre los que destacan un entrañable Anthony Quinn, un retorcido Sir Laurence Olivier, un atormentado Oskar Werner, un irreconocible Vittorio De Sica, un aislado Sir John Gielgud y un redimido Leo Mckern. Recomendada para gente que sabe utilizar las tildes.

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