Ficha

País

Japón

Año

2004

Título original

Steamboy

Duración

126min

Dirección

Katsuhiro Otomo

Guión

Katsuhiro Otomo, Sadayuki Murai

Reparto

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Crítica de Steamboy
Autor: sensillo
Fecha: 18/04/2005.
Póster Steamboy

Steamboy

Digerido por sensillo

Tras una larga espera, por fin llega a las pantallas el último trabajo del creador de “Akira”. A diferencia de ésta, anuncio con alegría con trompetas que para ver “Steamboy” no se hace necesario leer previamente complicados ensayos, ni consumir drogas alteradoras de la consciencia, ni tan siquiera acudir a un templo budista en busca de iluminación. “Steamboy” se entiende a la primera.

Como me veo capaz de escribir un breve resumen del argumento, aprovecharé la ocasión. “Steamboy” está ambientada en el Londres del siglo XIX, concretamente durante la celebración de la primera exposición mundial. Por aquel entonces para ser inventor bastaba con tener lápiz, papel y una llave inglesa, y a ello es a lo que se dedica el protagonista, siguiendo el ejemplo de su padre y de su abuelo. Las cosas se complican cuando estalla una guerra entre una gran compañía y el gobierno británico, disputándose el control de la peligrosísima tecnología del vapor y todo su aterrador potencial destructivo.

Otomo regresa al antimilitarismo de alguno de sus capítulos de “Memories”, sazonado con una reflexión sobre los peligros de la ciencia , ese instrumento del demonio que del mismo modo que permite matar con mayor eficiencia, también facilita la producción de películas de animación como ésta. Tampoco abandona la ciencia ficción, aunque ahora con ese toque victoriano tan oportuno este año en el que se recuerda el centenario de la muerte de Julio Verne.

“Steamboy” arranca a todo gas, y a los pocos minutos podemos ser testigos de una trepidante persecución muy bien planificada. Lamentablemente, a partir de ahí empieza a perder fuelle y la película empieza a decaer de manera inexorable. Por una parte, los diálogos se transforman en aburridos y poco naturales discursos; por otra parte, las escenas de destrucción masiva se dilatan más de lo que sería deseable. Forma parte ya de los vicios de Otomo el estirar las situaciones un par de pasos más allá de la frontera del aburrimiento.

No obstante, el espectáculo visual es realmente fascinante, no sólo en su aspecto más creativo, desbordando imaginación y pequeños detalles, sino también en el apartado técnico. Resulta reconfortante saber que, al menos en Japón, por el momento no vamos a perder el cine de animación en dos dimensiones. El trazo de los personajes es muy sencillo, pero el universo de válvulas, turbinas y engranajes, mucho más detallista, parece cobrar vida en cada fotograma como si fuese un personaje más.

Si bien “Steamboy” merece la pena por algunos detalles que entran por los ojos, no llega a alcanzar la fantasía de los productos que nos llegan de Ghibli, los cuales además de tener un envoltorio menos pretencioso y ser más cálidos, se hacen menos de rogar.

Recomendada a objetores de conciencia de la tecnología. Puntuacion