Ficha

País

UK

Año

2003

Título original

Code 46

Duración

92min

Dirección

Michael Winterbotton

Guión

Frank Cottrell Boyce

Reparto

Tim Robbins, Togo Igawa, Nabil Elouhabi, Samantha Morton

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Crítica de Código 46
Autor: bronte
Fecha: 20/04/2005.
Póster Código 46

Código 46

Digerido por bronte

Es curioso cómo cambian las cosas. Antes Dios sabía todo de todos y cada uno de nosotros, pero tenía el buen gusto de dejarnos aquello que se daba en llamar el "libre albedrío". Ahora, gracias al desentrañamiento del genoma, parece que todos vamos a poder saberlo todo de todos. Lamentablemente, los humanos no tienen la manga tan ancha como Dios. Este tema viene siendo recurrente en la ciencia-ficción en los últimos años: avanzada ingeniería genética que impide a los hombres ejercer su voluntad, y que acaba conformando un mundo de alfas y betas, bajo un dominio totalitario.

"Código 46" no es muy original en el planteamiento de la trama. Ya hemos visto numerosas películas que abordan los mismos temas, desde luego de manera mucho más imaginativa y con un debate filosófico mucho más potente. Sin embargo, no parece que sea este el tema central del filme, sino tan sólo el decorado de fondo de una historia de amor desgraciado. Aún así, hay que reconocer cierto ingenio a la hora de plantear gadgets varios, que no me extrañaría nada que ya existieran como prototipos. La cosa va tan rápido, que cuando una se despierta por la mañana, se levanta cada día en un mundo nuevo. Esto ha conseguido hacer en cierta manera el director, Michael Winterbottom, retratando ciudades contemporáneas que aparecen presentadas de una manera futurista con la sola ayuda de la fotografía y la elección de encuadre.

Y es que este británico huye de los convencionalismos como de la peste. Todas sus películas tienen un deje "alternativo", que a veces le sale más o menos bien, y que otras veces, pues no tanto, no nos engañemos. En este caso, colabora con un guionista que frecuenta, llamado Frank Cottrell Boyce, y de quien se puede apuntar que fue columnista televisivo de una publicación llamada "Living Marxism", que debe de ser algo así como "El carlismo hoy". Entre los dos, recrean una historia en la que el código 46 funciona como catalizador. En un mundo en el que la mitad de los niños son fruto de fecundaciones in-vitro procedentes de "camadas" de clones, algo habrá que hacer para evitar el incesto. Antes, en el mundo occidental, eso se arreglaba antropológicamente con aquello de casarse virgen y ser fiel en el matrimonio. Pero con tanto avance científico, no es extraño que códigos de ese tipo empiecen a aparecer. No es ésta la primera película que lo apunta.

Por encima de todo esto, una narración que aborda la idea de un amor breve e imposible, a través de numerosos juegos visuales. Y mucha imagen contemplativa donde se aprovecha para meter la banda sonora, que en este caso me parece lo peor de todo el conjunto. No porque las canciones no sean buenas, que eso será muy discutible, sino sobre todo por la omnipresencia de la música como elemento principal sin serlo. Lo cual, sin lugar a dudas, empieza a conformarse como una auténtica epidemia digna de la tienda en casa, o en el cine, en este caso. El guión, afortunadamente, hace gala de un gran diseño de personajes, no únicamente a nivel psicológico, sino también en tanto en cuanto a sus circunstancias. La profesión de Tim Robbins en "Código 46" propicia no sólo buenos diálogos, sino también buenas situaciones a nivel dramático. Con todo, aburrirá a los que prefieren un cine más movido.

El tal Robbins hace un trabajo discreto y efectivo, sobre todo al lado de Samantha Morton, que no se quita el traje de precog, y a la que le gusta más interpretar en registro "colocamiento", que a un tonto una tiza. Aún así, todo encaja en el planteamiento del director, que le ha querido dar al filme un aspecto un tanto ficticio, artificial y melancólico. Dato curioso: en la versión original, se habla inglés con numerosas influencias de otros idiomas, sobre todo del español. Por eso en la película nadie dice "Sorry", sino un dulce "Lo siento". Película recomedada para gente que sabe contar por lo menos hasta 50.

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