Ficha

País

Japón

Año

1992

Título original

Kurenai no buta

Duración

94min

Dirección

Hayao Mizazaki

Guión

Cindy Davis Hewitt, Donald H. Hewitt, Hayao Mizazaki

Reparto

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Crítica de Porco Rosso
Autor: bronte
Fecha: 24/04/2005.
Póster Porco Rosso

Porco Rosso

Digerido por bronte

La diferencia entre una sociedad exánime y una sociedad viva, es que mientras que la primera se empeña en mantener y reivindicar el acervo cultural sin ningún tipo de evolución, como si eso fuera el maná, rechazando de pleno el mestizaje y la amalgama, las sociedades vivas utilizan continuamente su legado como plataforma para buscar y crear nuevas formas. Nuevas formas con gran capacidad de réplica además, por lo que tienen de empatía real con las sociedades que las sustentan. De ahí, que la cultura realmente innovadora en el siglo XX haya sido la norteamericana, capaz de crear microcosmos, formas narrativas y perspectivas de gran éxito y totalmente desconocidas previamente en el mundo occidental, y de ahí que probablemente a partir de ahora los asiáticos empiecen a darnos sopas con hondas. Seguir negando la evidencia no la hará desaparecer.

En lo que respecta al cine, los europeos no han sido capaces de crear nada que se acerque ni de lejos a lo genuino y estilizado de géneros (que tan pronto han conectado con el público mundial) como el western, el musical, el wuxia o el anime. Y hablando de éste último, si hay un autor que lo ha elevado a la categoría de obra de arte, ese es, sin lugar a dudas, Hayao Miyazaki. No me pararé hoy en su obra maestra, y en mi humilde opinión, una de las mejores películas de la historia: "El viaje de Chihiro", sino del filme que le dio a conocer primeramente por estos parajes: "Porco Rosso", y cuyo antetítulo, si esto fuera un periódico bien podría ser "Miyazaki se nos pone occidental".

"Porco Rosso" sitúa su acción el Mar Adriático en los últimos años 20 del SXX. Planteada inicialmente como una historia alegre, el estallido de la guerra de Yugoslavia, con la decepcionante reacción de las potencias europeas, hizo que Miyazaki le diera un tono mucho más oscuro. Por ello, un antiguo héroe italiano de guerra, aparece convertido en un cerdo. En las versiones occidentales, esta transformación es achacada a un maleficio, pero al parecer en la versión japonesa es el propio Marco Pagott (auténtico nombre del personaje), el que decide convertirse en un cerdo desencantado por la mezquindad de los hombres. Para los occidentales el cerdo tiene unas connotaciones fundamentalmente sucias, sin embargo, en la cultura japonesa, uno se transforma en cerdo cuando su vida pierde interés. La figura del cerdo es además una de las constantes de Hayao Miyazaki; no sólo lo ha utilizado como personaje en varias películas, sino que uno de sus estudios se llamó "Butaya" (Casa de cerdo), y él mismo se ha retratado en ocasiones como el rosado animal.

Como si la historia no fuera lo suficientemente occidental, Miyazaki utiliza aquí varios clichés y recursos netamente occidentales. Por ejemplo, "Porco Rosso", retrotrae rápidamente a la figura de Rick Blaine, como el mercenario que ha dejado de creer en todo y que ha desarrollado una actitud fundamentalmente sarcástica ante el mundo de los hombres. También utiliza el topos del amor platónico e imposible, algo mucho más habitual en nuestra cultura que en la oriental. Las espectaculares escenas de los vuelos, tan habituales en Miyazaki, automáticamente nos recuerdan al mejor cine bélico americano, y la última secuencia de la lucha a puñetazos, parece un claro homenaje a "El hombre tranquilo". Con todo, el filme mantiene ese "realismo maravilloso" tan japonés que hace que fenómenos totalmente irreales sean el motor de la historia y sean asumidos por todos los personajes como aceptables.

La historia del caza-recompensas, haciendo tirabuzones con su hidroavión, luchando contra los piratas del aire, rivalizando con un guapo americano, más dejando su avión en manos de una ingeniera de 17 años, da para mucha diversión. Todos estos elementos conforman una película "para niños", en la que los contenidos son perfectamente tolerados, en la que ningún personaje es realmente malvado, en la que no falta la comedia y el gag, y en la que, sin embargo, es perceptible una melancolía omnipresente que casi es la marca de la casa. El momento histórico de fondo, con el auge del fascismo ("es mejor ser un cerdo que un fascista"), la presencia velada de la muerte como consecuencia de las guerras, y un fatalismo revestido de satén, no impiden la presencia de secuencias de una belleza incuestionable, como la de la "vía láctea" formada por hidroaviones o todas aquellas en las que aparece Gina, un personaje brillante y dibujado con un trazo finísimo. Como toda película, cuyos dibujos, totalmente hechos a mano, son hermosísimos, y cuya animación depara grandes y emocionantes momentos.

Al metraje le acompaña la música de Joe Hisaishi, también autor de la talentosísima banda sonora de "El viaje de Chihiro", y cuyas melodías para este filme recogen lo mejor de su estilo. Hayao Miyazaki sigue dotando al cine infantil (que no lo es tanto) de la sensibilidad y sutileza que ha perdido en Occidente. Recomendada para gente que quiere seguir soñando con el cine.

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