Ficha

País

Francia, Alemania, Rumanía

Año

2002

Título original

Amen

Duración

132min

Dirección

Costa-Gavras

Guión

Costa-Gavras, Jean-Claude Grumberg

Reparto

Ulrich Tukur, Mathieu Kassovitz, Ulrich Mühe, Michel Duchaussoy

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Crítica de Amén
Autor: bronte
Fecha: 26/04/2005.
Póster Amén

Amén

Digerido por bronte

También hay buenas películas europeas. Sí (aunque ésta cuente con un poquito de ayuda americana). Una de ellas es "Amén", de Costa-Gavras, un director bastante especializado en la siembra de interrogantes, allí donde la mayoría sólo saben encofrar panfletarismo. En esta ocasión, el griego toca el tema de la diplomacia europea en el caso del holocausto judío por parte de los nazis. Y si bien se denuncia la desidia de los aliados europeos con respecto a la "solución total" (destruir los campos de concentración nunca fue una prioridad), no olvidemos que el Vaticano también es otro estado europeo. Y como tal actúa en esta película, y no como el centro de ética mundial que a sí mismo se atribuye.

"Amén" toma como punto de partida un personaje real: Kurt Gerstein, un brillante científico alemán, que al mismo tiempo que perfecciona la química para poder asesinar a los judíos, denuncia ese mismo genocidio a la Iglesia Católica para que ésta haga algo (arriesgando su vida y la de su familia). Lamentablemente, como todos sabemos, el Vaticano reaccionó en esta ocasión asegurando su propia supervivencia más que la de los seres humanos. No hay que olvidar que Pío XII bendijo los cañones del eje. En su angustiosa carrera porque alguien haga algo, Gerstein cuenta con la ayuda de un sacerdote (personaje ficcional), que acabará dando todo lo que tiene para detener el horror. Y aquí insisto en la diferencia entre un director serio y un director panfletario. Si bien es verdad que el Vaticano sale muy mal parado en este filme, retratado opulosamente en todas sus urdimbres diplomáticas (tan alejadas de lo que de verdad interesaba), también es cierto que la película otorga una importancia central a todos aquellos seglares y religiosos (que no fueron pocos), que se opusieron al holocausto. Además de los casos archiconocidos, bueno es traer a la memoria al Pastor Martin Niemöller, autor del famoso "Poema sobre la indiferencia"(que tantas veces se le atribuye a Brecht muy injustamente), y a quien tanto recuerda el sacerdote de este filme.

La película se inicia con un paralelismo excelente: cuando se inicia la política eutanásica nazi, consistente en eliminar toda aquella vida que no cumpliera con unos requisitos mínimos de dignidad (aria) (esto es, deficientes y enfermos psiquiátricos), es la oposición social, espoleada por las parroquias católicas y protestantes la que consigue parar el asesinato selectivo. Cuando el asesinato se dirige a los judíos, ninguna confesión genera la misma resistencia. Si el Vaticano hubiera llamado a la acción a los católicos del mundo, quizás algo se hubiera podido evitar. Y aquí se presenta una de las interrogantes de la historia: ¿Sabían o no sabían los alemanes lo que estaba pasando? ¿De haberlo sabido hubieran intentado pararlo? Porque parece bastante difícil ver cómo todos los judíos de tu barrio desaparecen y no sospechar nada. Lo único cierto, es que eso sólo se detuvo cuando por fin vinieron los americanos a pararlo. Pero eso no quita que también haya que rendir homenaje a todos aquellos que individualmente se opusieron a la masacre. Y esto es en cierta manera esta película.

Costa-Gavras no necesita recurrir a la abundante y escalofriante iconografía clásica para retratar el genocidio. No hay cuerpos famélicos en este filme, ni tampoco montañas de cadáveres amontonados. Tan sólo una metáfora tan potente como bella en su horror: los numerosos trenes que cruzan la película constantemente, con sus puertas cerradas a la ida, y sus vagones vacíos a la vuelta. Suficiente para imaginar cuánta gente al día era deportada a los campos de concentración, mientras los diplomáticos dejaban pasar el tiempo en sus fastuosos despachos.

La película presenta muchas interrogantes morales adornadas con posibilismos y resistencias varias. Y una vez más nos recuerda a los europeos lo mucho que aún tenemos que purgar por nuestra historia reciente. Cuenta "Amén" con interpretaciones magníficas como la de Ulrich Tukur, el ario religioso que sabe que los judíos "también son hijos de Dios", Mathieu Kassovitz, interpretando lo que todos nos imaginamos cuando pensamos en un cristiano, y un actor que yo aprecio sinceramente, Marcel Iures, como el Papa Pío XII. Un filme muy recomendado para gente equilibrada que gusta de poner las cosas en su sitio.

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