Ficha

País

USA

Año

2005

Título original

xXx2: State of the Union

Duración

101min

Dirección

Lee Tamahori

Guión

Rich Wilkes, Simon Kinberg

Reparto

Ice Cube , Samuel L. Jackson, Willem Dafoe, Scott Speedman, Peter Strauss

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Crítica de xXx 2: Estado de Emergencia
Autor: sensillo
Fecha: 29/04/2005.
Póster xXx 2: Estado de Emergencia

xXx 2: Estado de Emergencia

Digerido por sensillo

Es posible que algún monje franciscano se vea capaz de poner la otra mejilla. Incluso habrá quien le encuentre virtudes, del mismo modo que mentes enfermas cargadas de cinismo justifican los más horrendos hechos de la historia. A mí, sin embargo, no me queda más remedio que advertir de que “xXx2: Estado de emergencia” es una colosal castaña.

Repite la misma idea que la película original protagonizada por Vin Diesel, que no deja de ser una copia a su vez de “Los doce del patíbulo”. En este caso no son doce, sino tan sólo un indeseable a cuyo paso incluso los maleantes cambian de acera. Precisamente por eso, es el tipo de persona en quien los buenos confían para que les enseñe a los malos de verdad lo que vale un peine. Una vez más, el rapero Ice Cube pospone las clases de interpretación que tanta falta le hacen para interpretar a un convicto que tiene que evitar un golpe de estado. En el otro lado, Willen Dafoe es el malvado secretario de estado que intenta evitar con escaso talante que el presidente de los Estados Unidos plagie el proyecto de la alianza de las civilizaciones que tanto sudor y tanto esfuerzo le costó pensar a ZP.

Si el guión no estuviese firmado, cualquiera se podría pensar que se trata de un caso de explotación infantil en el que unos desaprensivos han puesto a escribir a un preadolescente con el cerebro entumecido por los efluvios de pegamento o barniz, quien se ha limitado a escribir lo que recordaba vagamente de un videojuego. James Bond se removería en su tumba, pero sin agitarse, al ver arrancarle toda su elegancia a la figura del agente secreto cinematográfico y meterlo dentro de la piel de Ice Cube y su particular porte y prestancia.

La película es estúpida hasta tal punto que dudo que algún responsable la haya visto antes de autorizar su distribución. Uno ya sabe lo que va a ver y no debería ser demasiado escrupuloso con las razones que llevan de una persecución a una explosión y de allí a un tiroteo. Uno va a ver persecuciones, explosiones y tiroteos y se compromete a ser cómplice en todo lo demás. Sin embargo, el guión de Simon Kinberg abusa en todo momento de la credulidad del espectador. Se puede creer en Papá Noel sin tener chimenea y contra toda evidencia porque es bonito. Cosa muy distinta es que te intenten hacer creer que los regalos aparecen en casa, y te callas y no preguntas o te pego cuatro tortas. Pues en esta película las cosas pasan así. No te las cuentan: simplemente pasan.

Lo peor de todo es que incluso gran parte de las escenas de acción siguen esa filosofía. La ausencia de narración se mantiene incluso a la escala más pequeña, convirtiendo las peleas en una colección de tortazos en vez de una sucesión con sentido. La sensación es de que la película no se sabe a donde va, impidiendo en el espectador el natural reflejo de huir en sentido contrario.

Glorificación del macarra de barrio, del hip-hop y del erotismo con coches tuneados. El cine de músculos y testosterona no parece encontrar relevo generacional. ¿Quizás The Rock?

Recomendada a quienes se saltan el texto en los videojuegos y se los acaban con trucos. Puntuacion