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Autor: sensillo
Fecha: 06/05/2005.
El reino de los cielos
Digerido por sensillo Estoy seguro de que ni a moros ni a cristianos las cruzadas se les pudieron hacer tan largas. Habrían desistido antes de la conclusión y hoy Jerusalén sería de confesión mayoritariamente budista. Que nadie se lleve a engaño esperando encontrar en “El reino de los cielos” una película de aventuras. Es un alegato antibelicista tan bienintencionado como simplón, y en el que, como ya viene siendo habitual en Ridley Scott, un desmesurado envoltorio consigue ahogar su contenido.
Y es precisamente en la gestión de tanta desmesura donde mejor se aprecia la mano de un realizador que bien pudiera haber desempeñado labores de logística en la construcción de las grandes pirámides. Algunos se pensarán que no es difícil cuando se dispone de un presupuesto generoso, pero no hay más que echarle un vistazo a los últimos trabajos de Carpenter para darse cuenta de que su dificultad tiene que tener, aunque sólo sea para surtir de bocadillos a tanta gente.
Una vez que se escarba en esta lujosa recreación de las cruzadas que nos sirve Scott con tanto lujo como ausencia de rigor, apenas encontramos nada capaz de emocionar en sus dos horas y media de duración. Grandes pausas sin nada que contar y la acción sustituida, sobre todo en el tramo final, por interminables batallas campales que, para colmo, ya nos suenan conocidas. Incluso Légolas sigue encaramado a la misma torre. Los más aficionados a los efectos digitales reencontrarán en esto último lo mejor de la película.
Lejanos quedan ya los tiempos en los que la edad media cinematográfica se caracterizaba por leotardos y demás accesorios, en impoluto estado por venir directamente de la tienda de disfraces para la fiesta del colegio. La edad media en el cine ahora tiene dientes amarillos y mugre bajo las uñas. Y al inocente e ingenuo dibujo que se hacía antes de la caballería se le contrapone ahora una visión mucho más cínica. Los guerreros de “El reino de los cielos” son los de “Gladiator” y, sobre todo, los de “Black Hawk derribado”. Incluso en esta última también nos volvemos a encontrar a Légolas, por cierto. En este caso el mensaje antibelicista es bastante obvio, después de haber sido señalado como acérrimo militarista tras “La teniente O’Neil”. Defensa del idealismo pero alertando del peligro de los fanatismos de cualquier condición. No se podrá quejar de que le haya faltado tiempo para su exposición.
Personajes bidimensionales que dejan poca ocasión de lucimiento a sus intérpretes. Al malo le bastará con frotarse las manos y hacer cosas de malo. A Orlando Bloom, por otra parte, le pegan pelos en la cara para hacerlo más macho. El trabajo de Edward Norton, tras el doblaje, lo podría haber hecho yo o incluso Steven Seagal, oculto como está todo el rato tras una máscara.
Oportunidad perdida en la que se desaprovecha un escenario realmente interesante y no suficientemente explotado, por culpa de un guión pesado que remolonea en exceso a la hora de contar cosas. Las estanterías de las bibliotecas están llenas de historias parecidas a ésta pero infinitamente mas entretenidas. A Ridley Scott no creo que nadie deba explicarle a estas alturas nada sobre factura visual, pero desde hace mucho parece haber perdido el tino que tenia en cuanto a narración.
Recomendada a quienes contratarían al Equipo A para proteger la Tierra Santa.
