Ficha

País

Alemania

Año

2004

Título original

Fetten Jahre sind vorbei, Die

Duración

126min

Dirección

Hans Weingartner

Guión

Katharina Held, Hans Weingartner

Reparto

Daniel BrŘhl , Julia Jentsch, Stipe Erceg, Burghart Klaussner.

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Crítica de Los edukadores
Autor: malabesta
Fecha: 07/05/2005.
Póster Los edukadores

Los edukadores

Digerido por malabesta

“Los edukadores” es una película alemana que, ideológicamente, nació demasiado tarde. Y tras haberla visto, uno supone que también le debió de faltar oxígeno al nacer.

Narra las peripecias de dos amigos, Jan y Peter (Daniel Brühl y Stipe Erceg), que se dedican a asaltar casas de lujo para desordenar los muebles y dejar horribles notas como “Tenéis demasiado dinero” o “Vuestros días de opulencia están contados”, para así hacer pagar a esos malditos opresores haciendo temblar de miedo sus corazones cuando vayan al banco (y eso no me lo invento, lo dicen ellos). El caso es que la novia de Peter, Julia (Julia Jentsch) vive una vida bajo el yugo de un trabajo alienante al que se somete porque, un día mientras conducía por la autopista tuvo un accidente (mientras abría distraída la cartera) con el Mercedes de un opresor, destrozándolo y viéndose obligada a pagar una indemnización al accidentado, que muy cruel él la llevó a juicio. Habrase visto. Mientras Peter se pega unas vacaciones en Barcelona, Jan y Julia asaltan la casa del opresor, con los nefastos resultados de que éste los descubre y se ven obligados a secuestrarlo.

El esperpento comienza aquí, pues la siguiente mitad de la película básicamente transcurre entre largos discursos sobre la moral pequeño burguesa, la opresión social y cómo las drogas le roban la energía revolucionaria al proletariado (de nuevo cito textualmente). Lo propio de unos chavales muy concienciados, como son ellos. Al principio de la película los podemos ver protestando delante de una tienda de calzado deportivo porque las grandes marcas obligan a trabajar a los niños, que perfectamente podrían estar en casa muriéndose de hambre. Toda esta conciencia traspira por toda la película, y así uno de los protagonistas, tan rojo como es él, no tiene rubor en llevar una camiseta del ejército español. Será porque ahora nuestro ejército tiene mucho talante. Mientras tanto, Hardenberg (Burghart Klaussner) poco a poco comienza a caer en los ideales de los chavales y a recordar con cierto anhelo su pasado de hippie del 68, aunque su personaje está ahí para dar la respuesta negativa a los protagonistas, que son portadores de la gran verdad liberadora, y no le queda más remedio que seguir defendiendo su visión de la vida y de cómo el sistema engulle a todo lo que se le opone.

En fin. La cosa no sólo es de una ideología trasnochada y casi infantil, sino que además el guión extiende este infantilismo a toda su estructura. Los personajes están dibujados con lo mínimo, y son planos como el papel.
Los diálogos rozan el absurdo; para muestra: “-- El 68 fue un año salvaje. Yo por aquel entonces tenía el pelo rizado y largo, chaqueta de cuero y siempre iba con una gorra. Era un rebelde. –Eso debió de ser hace mucho tiempo, ¿no?”. La evolución de la trama es simple simplísima, y cualquiera que haya visto más de dos capítulos de “Los pitufos” la adivinará más o menos en media horita. La dirección es la esperada. Estilo directo, cámara al hombro y con ese aire de primera comunión que tienen todas estas películas, en las que en los enormes planos secuencia la cámara temblorosa siempre llega a la acción un segundo después de que ésta haya empezado.
Los actores no dan mucho de sí, no se sabe si porque no pueden más o porque están fatalmente dirigidos sobre unos personajes fatalmente delineados. El caso es que el único que se salva ligeramente es Daniel Brühl, quién sabe si porque su papel es el que requiere más cámara o porque se parece mucho al chaval de “Cuéntame”.

En fin, una película anacrónica que sólo gustará a los que sigan viviendo en el 68. En 1868.

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