Ficha

País

Francia, Japón

Año

2004

Título original

Exils

Duración

0min

Dirección

Tony Gatlif

Guión

Tony Gatlif

Reparto

Romain Duris , Lubna Azabal, Leyla Makhlouf, Habib Cheik, Zohuir Gazem

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Crítica de Exils
Autor: malabesta
Fecha: 10/05/2005.
Póster Exils

Exils

Digerido por malabesta

Pretenciosa película francesa que narra el viaje de un par de parisinos asentados y bohemios, de ascendencia argelina, en busca de sus raíces perdidas a Argelia; por el camino se encuentran con miles de argelinos a los que les sobran las raíces, y que van a París a ver si pueden conseguir algo de comida.

Zano (Romain Duris) y Naima (Lubna Azabal) están hartos de su decadente y pornográfica (se dedican a eso) vida y se lían la manta a la cabeza, creyendo que viajar a Argelia será lo que solucione su vacía existencia. Como todos estos viajes en los que tormentosos personajes buscan sus raíces, no se les ocurre coger un avión, sino que lo hacen a pie (y un poco en tren), supongo que por miedo a que estén sus raíces por ahí tiradas en una cuneta y no las vean. Esto los lleva a través de la península, de la que principalmente nos enseñan el sur, con sus argelinos trabajando como temporeros de la fruta. Como los protagonistas van de alternativos, nada de hacer noche en las fondas, sino que ellos tienen que dormir en chabolas o al raso. Que para eso conocen palabras como terrateniente, opresor y medioburgués. El caso es que del sur peninsular se montan de polizones en un barco que ellos creen que va a Argelia, pero de eso nada. Así que para llegar al país de sus ancestros han de cruzar su frontera de manera ilegal. No sufran, al final llegan a su destino.

Si bien la historia parece un poco breve, Tony Gatlif, guionista, director y músico, se ocupa de estirarla ad infinitum gracias a la sobreabundancia (o saturación) de música. Si los personajes no están en un tablao flamenco, con unos músicos callejeros beduinos o con la tuna, allí se ponen su discman de última generación para atronar al público con una especie de cacharreo étnico-electrónico que a cualquier persona normal le hace sangrar las orejas. Gracias a Dios las actuaciones más "espontáneas" se llevan mucho mejor, supongo que en gran parte porque Gatlif no ha metido mano en la partitura y no ha puesto a nadie a gritar cosas de fondo (que a juzgar por la película es lo que el entiende por música alternativa: una melodía cutre y trillada y un par de tíos berreando cualquier banalidad). Lo de "espontáneas" va entrecomillado porque aunque la película parece querer hacernos creer que son músicos que se han encontrado por ahí, a mí me da que nada de eso, porque en uno de los tablaos está bailando ese ídolo de la Dirección General de Tráfico que es Farruquito; o mucho ha decaído su carrera o no lo veo yo en un bar frecuentado por recogedores de naranja inmigrantes.

Como con tanta musiqueja la película ya tiene un ritmo narrativo muy rápido, Gatlif decide que para que la gente no se sature es necesario introducir cientos de planos de gente comiendo, la cuneta vista desde el tren, un nido de palomas y los protagonistas metiéndose el dedo en la nariz (todo con mucha música de fondo, no vaya a ser que alguien se ponga a pensar en la sala y se salga) que ahogan el poco interés de la historia. Por mí los protagonistas podrían haberse ido a buscar sus raíces a Torremolinos. Especialmente porque todas las posibilidades narrativas que presentan un actor y una actriz porno, liberales y amorales en un país como es Argelia, se pasan por encima, no vaya a ser: las mujeres con velo aparecen sólo unos segundos, y la protagonista, a pesar de que la obligan claramente a taparse la cabeza, en cuanto se cansa se quita el trapo y aquí no ha pasado nada.

En fin, evitable película muestra de las joyas que nacen de la excepción cultural. Sólo recomendada para el gafapasterío.

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