Ficha

País

USA

Año

1989

Título original

Dead poets society

Duración

128min

Dirección

Peter Weir

Guión

Tom Schulman

Reparto

Robin Williams, Robert Sean Leonard, Ethan Hawke, Josh Charles, Gale Hansen

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Crítica de El club de los poetas muertos
Autor: bronte
Fecha: 13/05/2005.
Póster El club de los poetas muertos

El club de los poetas muertos

Digerido por bronte

Qué tiempos aquellos los del “carpe diem”. Corría el año 89 cuando todo el mundo aprendió la frasecita de marras sin necesidad de leer a Horacio. Aún me acuerdo del revuelo que esta película causó en adolescentes y no tan adolescentes. Y no era para menos. Tenía un buen envoltorio con tintes románticos y un subtexto potentísimo que, sin embargo, permanece ignoto para muchas de nuestras cabezas pensantes (hablo en términos nacionales).

Afrontar la crítica de una película como "El club de los poetas muertos", da para mucho. Podríamos empezar hablando, por ejemplo, de las interpretaciones; ¿es éste el mejor trabajo de Robin Williams? Uno de los mejores desde luego. Sin renunciar a autosubrayarse de manera visible en algunas escenas, en el papel del Profesor Keating, Williams, seguramente forzado por la dirección, compuso un papel contenido aunque lleno de pasión. No era para menos. Hablaremos luego de lo que realmente les decía el tal profesor a sus alumnos. Robert Sean Leonard, sin ser el heredero de Laurence Olivier, daba el pego como alumno sensible, y ciertamente es una pena que el chico pocas cosas más haya hecho en cine, aunque al parecer a él lo que le gusta es el teatro. En "El club de los poetas muertos" también se puede ver a Ethan Hawke cuando aún tenía algo entre la piel y los huesos, y contemplarle en esta película, puede dar lugar a horas de tertulia sobre lo muchísimo que ha espabilado en el aspecto actoral. Tras ellos, unos secundarios que son la el perejil de la salsa, en especial Josh Charles, tan enamorado, y Gale Hansen, como Nuwanda.

También se puede hablar de la puesta en escena, pormenorizadamente cuidada, no sólo en la reconstrucción de la época sino también en la labor de creación de ambientes. O de la dirección, de la que poco se puede decir siendo de un director más o menos incuestionado como Peter Weir, responsable de otros filmes más que notables como "El show de Truman" o "Master and comander" (éste último, una de las escasas películas de verdad que hemos visto en los últimos años). Aunque a veces se pone un poco pesado y críptico, lo cierto es que nunca se le podrá acusar de vaciedad argumental. Ciñéndonos al tema de los diálogos, obra de Tom Schulman, pocas películas habrá con las que los adolescentes se sientan tan identificados, lo que necesariamente le da un plus de credibilidad en cada frase y palabra. La estructura es sobresaliente: los ritmos y tempos están llevados magistralmente a través de los clímax y anticlímax, y cuando llegamos a algo tan potencialmente criticable (a nivel dramático y de coherencia) como la decisión de Neil, todos callamos e incluso algunos lloran.

¿Por qué gusta tanto esta película? Porque habla del dificil paso de la niñez a la madurez, porque refleja un mundo y unas situaciones que todos quisieran vivir, porque exprime el alma adolescente y le da sentido a cada una de sus preocupaciones e inquietudes. Porque habla de la iniciación al mundo del amor, de la elección de caminos, del aprendizaje, de la amistad, de la superación de miedos, de la traición, de la honestidad, de la lealtad, de Shakespeare, del progreso, del desafío, de la poesía, de la pasión, habla de la libertad... ¿Suficiente? Pero aún hay más. Corría el año 1989, y aún no se entiende bien cómo el estreno no provocó cierta polémica (al menos en círculos pseudointelectuales), porque, mis queridos lectores, pocas películas se encontrarán ustedes en sus vidas en las que se tribute un homenaje tan rendido a la filosofía liberal. ¿Sorprendidos? Ahora lo explico (grosso modo):

¿Por qué pasa todo lo que pasa en la película y de qué hablan los personajes en cada momento?; La piedra angular del liberalismo es la exaltación de la figura del individuo por encima del colectivo (perperdicularmente opuesto a ideologías como el fascismo o el comunismo), y de ahí la enconada defensa de los liberales de las libertades individuales. De este punto nace, por ejemplo, el hiper-individualismo norteamericano. Es por ello que todas las secuencias del Profesor Keating con sus alumnos están encaminadas a fomentar ese espíritu individual e individualizado, rasgo evidente durante todo el metraje. El mensaje fundamental es: aunque el mundo entero esté en desacuerdo se debe encontrar la propia esencia y ser leal a la misma.

Por otra parte, el liberalismo defiende la responsabilidad individual sobre la propia existencia (aun a riesgo de acabar perdiendo), y rechaza de pleno la tutela y el intervencionismo de instancias superiores en virtud de que éstas se atribuyan el conocimiento sobre lo que es bueno o lo que no es bueno para la comunidad (otra vez perpendicularmente opuesto a ideologías como el fascismo o el comunismo). Lo que a nivel político sería el estado, en esta película está sublimado en las figuras de los padres o del colegio, representados ambos como fuertemente represivos en aras del "bien ajeno" ("nosotros sabemos lo que te conviene"). Cuando estos entes intentan obligar al individuo a hacer lo que ellos consideran lo óptimo para él y para el colectivo, el resultado es la aniquilación del individuo. Recordemos el caso de Neil. El guionista podía haber elegido muchas otras salidas, sin embargo, opta por la más drástica para este personaje. Esa solución hace peligrar ostensiblemente el equilibrio del filme entero y casi lo empuja al abismo del melodrama, pero su justificación "subtextual" funciona de manera eficiente.

Hablando de esto, una de las más recurrentes críticas que se le ha hecho a la película es que anima a que todo individuo pueda hacer irreflexivamente lo que le venga en gana sin atender a razones. Nada más lejos de la realidad. Todo en el filme insiste en la necesidad de la formación del espíritu crítico y es por esto que el profesor Keating intenta hacer de sus alumnos individuos con la capacidad efectiva para discernir entre el bien y el mal. También es ésta la razón de que sea el mismo profesor Keating el que reprenda a Nuwanda cuando éste escoge el camino de la insensatez. Y es que los liberales (y no nos cabe duda de que Tom Schulman lo es), utilizan la definición negativa de libertad, que no consiste en hacer lo que a uno le parezca bien cuando le parece bien, sino el que no haya obstáculos para que uno pueda hacer lo que debe hacer. Y es también por ello, que el mismo Nuwanda, quien insiste en una utilización irreflexiva de la libertad, saldrá el peor parado de todo el conjunto. El profesor Keating, en un periplo de martirización, también acabará ahogado por el "sistema intervencionista". Afortunadamente, Todd recoge el testigo.

Por si queda alguna duda, la prueba del nueve. Los autores citados y venerados en el guión, Walt Whitman ("Oh, Capitán, mi capitán"), Thoreau ("extraer todo el meollo a la vida"), o Tennyson, son reconocidos defensores tanto del liberalismo político como del económico. Pilares del mismo, diría yo. Así que, una película que con una forma semiadolescente, trata de temas complejos y profundos, aspecto muy poco percibido en el mundo no anglosajón. Recomendada para todos aquellos a los que no les importe nadar contracorriente y recomendada a adolescentes en general, porque todos los adolescentes son potencialmente liberales, aunque luego tiren por otros derroteros.

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