Ficha

País

Argentina

Año

2004

Título original

No sos vos, soy yo

Duración

105min

Dirección

Juan Tarauto

Guión

Juan Tarauto

Reparto

Diego Peretti , Soledad Villamil, Cecilia Dopazo, Marcos Mundstock, Luis Brandoni

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Crítica de No sos vos, soy yo
Autor: bronte
Fecha: 27/05/2005.
Póster No sos vos, soy yo

No sos vos, soy yo

Digerido por bronte

¿Qué tiene el cine argentino que siempre es tan humano? Aunque se pongan estadounidenses (americanos, ya me entienden), aunque el ritmo de la película recuerde a tantas otras más norteñas, con sus videoclips incorporados, siempre hay un poso de tristeza y melancolía que hace que uno pueda reconocer la denominación de origen rápidamente y no sólo por el acento y por palabras como laburo o mina. En el caso de "No sos vos, soy yo" (delicioso voseo el del título), nos encontramos con una historia tipo "Caída y Auge de Javier". Caída y auge de Javier, pero con la que también se sentirán identificados María, Juan, Óscar y Carolina.

Javier es un médico argentino a punto de trasladarse a Estados Unidos. Allí le espera su mujer, María, con la que lleva dos años de relación, aunque sólo una semana de matrimonio, y quien se ha adelantado para ir buscándose la vida en el país de las oportunidades. Con un pie en el avión, María le llama al móvil para comunicarle que se ha enamorado de otro, y que le pueden ir dando por dónde amargan los pepinos, básicamente. Soy de la opinión de que este tipo de comportamiento vil y abyecto es identificable tanto en hombres como en mujeres, por lo que el proceso de martirización que vive a partir de ese momento Javier, también será reconocido por hombres y por mujeres.

Discurriendo siempre por los caminos de la comedia amable, "No sos vos, soy yo" (inefable frasecita para el abandono), nos cuenta toda la odisea de angustia, dolor, tristeza, añoranza y finalmente, superación que toca después de una ruptura amorosa. Un mensaje tan evidente y directo, que de puro obvio, no hay que darle más vueltas. Y sinceramente, creo que consigue un buen tono de comedia, sin dejar de ser en ningún momento crudamente realista. Las horas de obsesión, la barrila a los amigos, el juego de la adivinación del futuro (¿volverá? ¿no volverá?), la sensación de soledad, la idea de que el mundo entero conspira contra uno... Un sinfín de inolvidables sensaciones que no pillarán de sorpresa al espectador mayor de doce años. Y elementos muy sutiles como el hecho de que todas las mujeres empiecen a parecerse sospechosamente a María...

Como "hecho diferencial" la presencia de un psicoanalista, que ya sabemos que en el único lugar del mundo dónde hay más psicoanalistas por metro cuadrado que en Argentina, es en las películas de Woody Allen, e interpretado por Marcos Mundstock. La voz de este buen hombre resultará a todos conocida por ser uno de los integrantes de "Les Luthiers", teniendo que reconocerle que también aquí hace un trabajo excepcional. Claro que el protagonista de la película, de un físico tan difícil como el trance por el que le toca pasar, Diego Peretti, también realiza un trabajo excepcional sobre el que descansa masivamente la película sin mayores problemas. Las dos compañías femeninas, cuyos personajes no cumplen más que el papel de referencia externa que marca la evolución de Javier, están interpretados por Soledad Villamil, quien encarna convincentemente a la mala de la película, y por Cecilia Dopazo, que es la buena. Cecilia Dopazo es además productora, guionista, y responsable del casting, y quizás es en la labor de actuación donde menos lucida ha quedado. Mientras el resto de sus compañeros hacen gala de una naturalidad abrumadora (especialidad del cine hispanoamericano), es Cecilia la que menos ha entendido que no hay que poner muecas para resultar gracioso o entrañable.

La película ofrece algunas risas, algunos momentos de puchero disimulado, y algunos diálogos notables. Con todo lo que más me ha gustado ha sido la manera en que el título "No sos vos, soy yo" cambia de significado del principio al final de la película. De ser una frase letal se convierte en una frase exaltadora del renacimiento. Un recurso ingenioso que compensa lo cansino de algunas partes y lo oscuro de la fotografía en general. En un plano más etéreo, sólo desear que algún día las películas hispanoamericanas reflejen el continente que pueden y merecen llegar a ser. Cuando eso ocurra, no echaremos de menos las sempiternas paredes desconchadas.

Recomendada para gente que haya superado una ruptura amorosa, o que esté a punto de hacerlo.

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