Ficha

País

Francia

Año

2004

Título original

Saint Ange

Duración

98min

Dirección

Pascal Laugier

Guión

Pascal Laugier

Reparto

Virginie Ledoyen , Lou Doillon, Catriona McColl, Dorina Lazar, Virginie Darmon

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Crítica de El internado
Autor: sensillo
Fecha: 08/06/2005.
Póster El internado

El internado

Digerido por sensillo

Ignoro qué recomendará el código deontológico de los críticos de cine acerca de la difícil situación en que me hallo tras ver “El internado”. Para dar mi opinión sobre la película en su justa medida tendría que entrar de lleno dentro de lo que nuestra legislación penal contempla como delitos contra el honor. Intentaré, por lo tanto, mostrarme lo más comedido posible y me limitaré a comentar que hubiera sufrido con más gusto un ataque de gastroenteritis aguda que me hubiera mantenido apartado de la película.

En un intento de ser magnánimo e intentar contraponer a tan negativa opinión alguna virtud de la película, no cabe decir otra cosa sino que ésta por lo menos es corta, y que si hacemos caso a Nietzsche cuando decía aquello de “todo lo que no nos mata nos hace más fuertes”, ahora debo de ser un Sansón. También podríamos mencionar su corrección técnica, pero realmente en este caso sería como alabar la comodidad de las butacas del cine.

“El internado” en cuestión es un viejo edificio aislado en medio de la nada, quizás como medida de precaución por si la orfandad pudiera ser contagiosa. Acude a trabajar allí una chica embarazada, que se dedicará a limpiar y mantener el centro contando con la única compañía de otra criada y de una huérfana medio loca ya entrada en años. Por supuesto, corren rumores de que la mansión está habitada por fantasmas y que alberga oscuros recuerdos de trágicos hechos acaecidos allí.

Tras este punto de partida tan original, el director y guionista Pascal Laugier decidió que no hacía falta discurrir más. La película se queda parada durante la mayor parte de su tramo inicial, y no es hasta la última media hora cuando empiezan a ocurrir cosas que parecen ser fruto de la improvisación, como si estuviéramos asistiendo a uno de esos cuentos de miedo de campamento para asustar a los más pequeños. Tropieza y se desdice un par de veces, y por fin acaba en un “chim-pón”. Hora de que los niños se vayan a la cama y algún caradura escape corriendo con la recaudación de la taquilla.

Es un ejercicio vacilante que no sabe si recurrir al susto de fanfarria, a la nota grave de piano que sugiere cuándo debería uno pasar miedo o a la niña siniestra que sugiere en susurros que la cosa va a ser como para cambiarse los dodotis. La película lo intenta de una u otra manera de manera muy inconstante, y a su paso va dejando olvidados retales deshilachados de los que nadie se vuelve a acordar.

Un lamentable trabajo que ilustra lo que sin duda pronto podrán hacer programas informáticos sencillos, mezclando guiones de varias películas pero sin capacidad de concebir un mensaje coherente y lógico. Como tantas otras veces ante tomaduras de pelo de este pelaje, no faltará quien la defienda con el irreductible argumento ad hominen: “Lo que pasa es que no la has entendido”. ¡Pues claro que no! Ni ganas. Me queda la sospecha de que bajo el galimatías subyace un mensaje subliminal capaz de reactivar las antiguas células durmientes del KGB. Por mi parte, se despertaron en mí las ganas de quemar los Campos Elíseos.

Recomendada a quienes les llena de pavor un señor con una linterna apuntándole a la barbilla. Puntuacion