Ficha

País

USA

Año

1997

Título original

The Devil's Advocate

Duración

144min

Dirección

Taylor Hackford

Guión

Andrew Neiderman, Jonathan Lemkin

Reparto

Keanu Reeves, Al Pacino, Charlize Theron, Jeffrey Jones, Judith Ivey

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Crítica de Pactar con el diablo
Autor: bronte
Fecha: 04/07/2005.
Póster Pactar con el diablo

Pactar con el diablo

Digerido por bronte

El hecho de que la nefasta película de Rebecca De Mornay y Don Johnson, "Guilty as a sin", se quedara con el título español de "El abogado del diablo", causó que "The devil's advocate" tuviera que conformarse con el nefasto "Pactar con el diablo", quitándole toda la gracia que tiene el título original con respecto a la película. No cabe duda de que el apocalipsis vendrá de la mano de los traductores del mundo del cine. Desde aquí lanzo la idea de que alguien escriba "El traductor del diablo" o "El traductor satánico" en su defecto.

Como indica su título (el bueno), esta película trata de un abogado que trabaja para el Diablo. Aunque el inocente no lo sabe, claro. Pero ahí está la gracia de la cuestión. Según el filme todos los abogados trabajan para el Diablo, porque con sus tretas, artimañas y vilezas con respecto a la ley, prostituyen los conceptos de verdad y justicia más de lo que sería de buen tono. Afortunadamente la narración se queda en el terreno metafórico, y en vez de aprovechar y encajarnos una película de corte social sobre los trapicheos de los leguleyos, prefiere embarcarse en un thriller sobrenatural en el que la maldad no necesita de azufre y explosiones para ser palpable. Está ahí y todos podemos verla todos los días.

Kevin Lomax, un aquí guapísimo Keanu Reeves, es un abogado de provincias que jamás ha perdido un caso. Su ratio llama la atención a un importante bufete de abogados de Nueva York que rápidamente lo contrata para que libre de la cárcel a los más indeseables delincuentes. Lomax se traslada a la gran manzana acompañado de su esposa, Charlize Theron, y pronto empieza la carrera por el dinero y por el poder. Todo bajo la atenta mirada de Al Pacino, el dueño del bufete. Pero, y ahí está el intríngulis, todas las decisiones (incorrectas y/o inmorales) tomadas por Kevin Lomax son absolutamente voluntarias. Nadie le obliga a hacer lo que hace. Porque, parte inexcusable de la doctrina cristiana es la del "libre albedrío", y qué grandes historias ha dado toda la disquisición al respecto.

El Diablo sólo pone los alicientes instintivos que colman al humano, pero las decisiones finales son siempre del hombre/mujer. Por supuesto, la vida de Kevin Lomax perderá totalmente el rumbo, y tal desbarajuste acabará cobrándose su víctima inocente. Pero nunca hay que perder la fe en el libre albedrío. Utilizarlo sabiamente es lo que diferencia al hombre del animal, como bien aprendió Segismundo. En toda esta historia de juicios, asesinatos, lujo, sofisticación, poder, súcubos e íncubos, un personaje brilla con luz propia sobre todos los demás. El de John Milton, también conocido como Satán. Decir que Al Pacino es uno de los mejores actores del SXX no es decir nada nuevo. Pero ciertamente que su Luzbel es uno de los más diabólicos, simpáticos y ácidos de la historia del cine.

Pacino, ayudado por una excelente caracterización, casi imperceptible, compone un personaje amable y simpático, en el que sin embargo, siempre subyace algo inquietante y terrorífico. Ese gesto casi compulsivo de humedecerse los labios con la lengua esquiva, recuerda a una especie de reptil indeseable. Ahora bien, todo su "savoir faire" es multiplicado gracias a la resultona historia, y sobre todo gracias a los magníficos diálogos. Magníficos no sólo por su contenido, sino asimismo por la ironía con la que todos están planteados. Párrafos como "He alimentado cada sensación que el hombre ha deseado tener. He cuidado de que tuviera todo lo que quería y nunca le he juzgado. ¿Por qué? Porque nunca le he rechazado a pesar de todas sus imperfecciones. Soy un admirador del hombre. Soy un humanista. Posiblemente el último humanista.", justifican una película.

En la dirección nos encontramos al mejor Taylor Hackford. No al somnífero de "Ray", sino al director que conseguía que todos estuviéramos del lado de "Dolores Clayborne". Sin pretender colarnos una película naturalista, controla con mano sabia todos los efectos monstruosos que quedan como un mínimo apunte en un filme en el que lo más terrorífico es lo real y cotidiano. Los actores en su conjunto responden con profesionalidad y efectividad. Y por si fuera poco, qué final...

Recomendada para gente con tendencia a llevar la contraria con fundamento.

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