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Autor: sensillo
Fecha: 2005-07-05.
La Guerra de los Mundos
Digerido por sensillo E.T. regresa a la Tierra para ajustar cuentas en esta película de Spielberg, un tanto atípica en alguno de sus aspectos. Un ejemplo más de la versatilidad que ofrece la fantasía y la ciencia-ficción para plantear cuestiones de la naturaleza más terrenal, aunque no me voy a detener en las lecturas metafóricas bastante obvias que se pueden extraer de la actualizada versión de “La Guerra de los Mundos”. Tan sólo una advertencia a los que permanecen sentados, enfurruñados, ante la bandera de las barras y estrellas, y es que es posible que vean herida su sensibilidad al encontrarse cómo en la película es el ejército el último bastión contra la barbarie, y no un grupo de quietistas y gente tocando los bongos.
Spielberg logra una película personal en la que los continuos homenajes a la obra original y al cine de marcianos de los años 50 en general no se convierten, como tantas otras veces, en un acto de saqueo. Además de terminar la película con la pareja protagonista de la versión de Byron Haskin, son muchas las referencias que nos evocan estos filmes del pasado. Sin ir más lejos, el tono solemne y literario con que el narrador abre y cierra la película. El cine actual tiende a un tono más coloquial y menos elevado, y ya casi nadie se hubiera asustado si hubieran hecho con el texto de Wells lo mismo que el hip-hop con el Quijote.
“La Guerra de los Mundos” es, que nadie lo dude, una película con unos efectos especiales puestos a disposición del espectáculo. Ahora bien, quien acuda al cine con la única pretensión de asombrarse viendo aparatosas escenas de destrucción, explosiones y coches volando, seguramente saldrán defraudados. Y no porque no se vayan a encontrar con todo eso, sino porque escenas no conforman el pilar central de la película, sino que son unos recursos más, explotados con gran maestría.
Es una película terrible, que no dejará indiferente salvo a quienes se encuentren ya anestesiados por los telediarios. Si por algo resulta atípica dentro de la filmografía de Spielberg es por las características de su héroe. El rol de Tom Cruise en esta película carece de la elegancia y el glamour habituales de las películas de Spielberg, sino que es un personaje absolutamente vulgar al que unas circunstancias extremas lo convierten en un héroe. Si bien el héroe de “La lista de Schlinder” responde a un patrón similar, siendo en principio un personaje de ética discutible que ante el horror nazi saca lo más elevado de sí mismo, en ningún momento adquiere ese matiz de vulgaridad. “La Guerra de los Mundos” no deja de ser un homenaje al pueblo llano, y un retrato de la humanidad, que en los momentos de terror es capaz tanto de lo mejor como de lo peor.
Sí que encontramos reconocible al Spielberg que defiende la familia como motor e inspiración de tantas cosas buenas, aunque en este caso se trate de la familia más desestructurada jamás vista en sus filmes.
Tampoco es mala ocasión para ver la obra de un narrador sobradamente talentoso, capaz de hacer trabajar los pequeños detalles en el desarrollo de la historia, sin necesidad de recurrir a pesadas explicaciones. Una razón más para ver la película sería la banda sonora de John Williams, particularmente inspirado para recrear el ambiente de angustia requerido.
No debería cerrar el artículo sin oponerme a las muchas críticas que ha despertado el final de la película. Cualquier otro final, sin ninguna duda, no sólo hubiera traicionado el sentido del libro de H.G. Wells, sino todo el significado de la propia película. Es la única resolución coherente, pero además desde un punto de vista dramático es un desahogo totalmente sano.
Recomendada para fabricantes de videocámaras, únicos utensilios electromagnéticos que no sucumben ante los pérfidos marcianos.
